Guardería
Educación
Primera Infancia
02 de junio de 2023
La guardería como un espacio más allá del cuidado: el impacto del desarrollo en la primera infancia
DOI: 10.22167/2675-6528-20230036
E&S 2023,4: e20230036
Roberta de Deus Carvalhal
Sabiendo que la primera infancia constituye un período para el desarrollo de diversas habilidades y que el niño es un sujeto activo en su desarrollo desde el inicio de la vida, se considera que las buenas prácticas son capaces de conquistar y motivar a las familias y a toda la comunidad escolar en lo que se refiere a iniciativas para conseguir alianzas que articulen y construyan una red de apoyo, buscando la participación de los involucrados en la flexibilización de las acciones. En general, la guardería y el preescolar se diferencian por características básicas, siendo una de ellas la edad, ya que, en el preescolar, los niños son atendidos de los cuatro a los seis años, y, en las guarderías, de cero a tres años[1]. Otra diferencia está relacionada con el hecho de que la guardería acoge a niños muy pequeños, atendiendo en horario completo, a diferencia del preescolar, que generalmente atiende a tiempo parcial.
La guardería es, a menudo, la institución en la que los niños tienen el primer contacto con el mundo de la educación formal, siendo vista como un establecimiento orientado al asistencialismo por muchas familias que necesitan trabajar y no pueden dejar a sus hijos solos en casa, ya que estos necesitan cuidados. Por lo tanto, se considera que hay una inversión del papel real de esta institución de educación para la sociedad.
La gestión escolar de la guardería se enfrenta a esta realidad y la percibe como un problema que puede llevarla a no alcanzar sus objetivos pedagógicos, ya que esta idea hace que la guardería no sea vista como una institución de enseñanza y desarrollo de ciudadanos. Así, para superar esta barrera, el gestor debe pensar en su papel como un liderazgo para toda la comunidad afectada por sus acciones, dentro y fuera de las escuelas. Desde la perspectiva de la gestión democrática en la educación, es imprescindible la participación de la familia, de los educandos, de los profesores, de los empleados y de las entidades representativas de la comunidad en la que se ubican las escuelas[2]. De esta forma, se considera que involucrar a todos estos actores en la problematización de la situación podrá llevar a la concienciación de la verdadera función de esta entidad educadora.
La guardería proporciona un ambiente acogedor, donde se estimula el aprendizaje y la convivencia con los semejantes. Una parte de la sociedad la señala como una acción importantísima ante la condición de los niños como sujetos de derechos, preparándolos para el inicio del aprendizaje y la convivencia social; por otra parte de la población, sin embargo, la guardería es considerada solo un lugar donde se pueden dejar a los niños pequeños para su cuidado, no viéndola como un ambiente de aprendizaje. En este sentido, la sociedad tiene dificultades para ver la guardería como un ambiente de inicio del aprendizaje, lo que hace que la relación entre la población y las escuelas sea incluso conflictiva en algunas situaciones[3].
Con base en estos argumentos, el objetivo del presente trabajo fue investigar cómo la frecuencia en la guardería durante la primera infancia puede contribuir al desarrollo integral de los niños de cero a seis años, al perfeccionamiento de sus habilidades y capacidades fundamentales, además de verificar la relevancia de posturas interaccionistas por parte de la gestión, buscando la colaboración con las familias.
El desarrollo de ciertas habilidades es necesario para la autonomía de los individuos; algunas de estas habilidades se relacionan con las funciones ejecutivas y comprenden la capacidad de este individuo de reflexionar antes de actuar, trabajando mentalmente diferentes ideas, solucionando desafíos, reconsiderando opiniones y evitando distracciones. Las llamadas funciones ejecutivas, citadas anteriormente, se componen de tres dimensiones consideradas fundamentales, siendo estas la memoria de trabajo, el control inhibitorio y la flexibilidad cognitiva —habilidades que actúan de forma conjunta y no pueden ser disociadas. Durante la primera infancia ocurre el desarrollo de áreas cerebrales que favorecen la adquisición de las habilidades relacionadas con las funciones ejecutivas. Este maduramiento ocurre en función de experiencias vividas en interacciones sociales, que se vuelven determinantes para el desarrollo posterior[4].
Según el Comité Científico del Núcleo Ciencia Pela Infância[4], hay que destacar la influencia de variables ambientales y el hecho de que cada uno se desarrolla a su propio ritmo. Las situaciones vividas por los niños pueden afectar positiva o negativamente el desarrollo de las funciones ejecutivas, es decir, el control consciente de los pensamientos, acciones y emociones no ocurre de forma independiente del contexto en el que el niño está inmerso. Establecer vínculos positivos entre niños y adultos cuidadores, en la familia o en la escuela, colabora para el desarrollo saludable del niño. Las interacciones sociales satisfactorias deben incluir incentivo y orientación a lo largo del proceso de adquisición de autonomía por parte de los niños.
En la primera infancia es necesario dar a los niños la oportunidad de usar y mejorar el funcionamiento ejecutivo, de manera que puedan controlar sus reacciones y emociones involucradas en la planificación y la realización de tareas. A los adultos les corresponde la función de incentivar el uso de las funciones ejecutivas por parte de los niños, hasta que estos puedan hacerlo de forma automática. Las relaciones de confianza y los entornos favorables son extremadamente necesarios, ya que su ausencia puede comprometer el desarrollo de estas habilidades. Exponer a los niños a situaciones estresantes puede afectar la dinámica de los circuitos cerebrales, perjudicando no solo la adquisición de habilidades de funcionamiento ejecutivo, sino también el uso de capacidades ya construidas[4].
Ambientes familiares y escolares que favorezcan el desarrollo y el aprendizaje de las habilidades también son necesarios, ya que la condición socioemocional del niño está marcada por la calidad de sus relaciones. La creación de vínculos e interacciones sociales, además de proporcionar un ambiente seguro, posibilita la adquisición de las funciones ejecutivas de forma gradual. La necesidad de ofrecer tales condiciones ambientales favorables se reafirma en el estudio que lleva el nombre de “Conectando el cerebro al resto del cuerpo: el desarrollo en la primera infancia y la salud a lo largo de la vida están profundamente interconectados”. Este estudio trata de la relevancia que el acceso a recursos esenciales y relaciones puede tener en la construcción de desarrollos positivos, puesto que adversidades pueden interrumpir sistemas biológicos responsables de la salud y el bienestar, principalmente en casos de vulnerabilidad social[5].
Los eventos que ocurren durante la primera infancia pueden generar efectos sustanciales, a corto o largo plazo, en factores como el aprendizaje, el comportamiento y la salud física o mental. Los factores estresantes externos, como las adversidades excesivas persistentes durante la vida temprana, pueden sobrecargar los sistemas biológicos, lo que lleva a consecuencias que afectan incluso el desarrollo físico del niño, ya que el cuerpo, al prepararse para desviar de las amenazas del entorno en el que vive, puede terminar “desviando” también la energía del crecimiento y el desarrollo saludable[6].
Los entornos que promueven la salud en la primera infancia sientan una base sólida, pero la implementación de estrategias prácticas en cualquier momento puede reducir los riesgos. Apoyar relaciones receptivas e interacciones confiables reduce los problemas. Las políticas y los programas que disminuyen las cargas económicas y psicosociales sobre las familias y, en consecuencia, reducen su fuente de estrés, mejoran la capacidad del adulto para brindar cuidados receptivos, facilitando el desarrollo saludable del niño. Invertir en los primeros años de vida puede resultar en éxito para los niños, tanto en salud como en aprendizaje. La lucha contra la pobreza, el racismo, la violencia, la inestabilidad de la vivienda y la inseguridad alimentaria ayudan a superar las barreras establecidas y promueven una base para el rendimiento educativo y para la salud mental y física a lo largo de la vida[5].
De acuerdo con Castilho et al.[7], algunos aspectos considerados centrales necesitan formar parte de la institución guardería para hacer efectivo el compromiso de promover el desarrollo integral de los niños. La guardería amplía las relaciones y el acceso a nuevas culturas, además de promover la equidad a través del ofrecimiento de protección, seguridad y cuidado físico a los niños y acogida a las familias. En la guardería, los niños amplían su desarrollo al tener la oportunidad de jugar e interactuar con otros niños, adultos, seres vivos y objetos.
Los niños necesitan protagonizar las acciones viviendo experiencias, tomando decisiones y eligiendo. Es esencial, por lo tanto, proporcionar acceso a bienes culturales, alimentación adecuada y oportunidades de aprendizaje a través de la asistencia de los niños a las guarderías, especialmente teniendo en cuenta que, en algunos casos, estos elementos no están disponibles para ellos debido a una posible vulnerabilidad social. Es notoria la colaboración y la importancia que la institución guardería representa en la vida de los niños que asisten a ella; se destaca además el potencial que este espacio tiene de crear experiencias positivas para estos niños, siempre que atienda a las peculiaridades de cada niño, convirtiéndolos en protagonistas del proceso pedagógico.
Algunos factores pueden hacer que algunos profesionales tengan mayor resistencia a percibir la importancia del trabajo en las guarderías. Para Castilho et al.[7], desde el punto de vista profesional, los factores que pueden causar resistencia y limitar el trabajo están ligados a la formación inicial y continuada de los profesionales involucrados. Esto ocurre por la no obligatoriedad de especialización específica en educación infantil, por la falta de valoración del profesional, por la superlotação de las salas, entre otros factores.
De acuerdo con la Fundación Maria Cecilia Souto Vidigal (FMCSV)[8], es necesario pensar en políticas públicas y modelos de atención que tengan sentido para las familias. La primera infancia es señalada por la ciencia como una “ventana de oportunidades”, ya que, en esta fase, el aprendizaje de habilidades y el desarrollo de aptitudes y competencias ocurren con mayor facilidad; por ello, se hace aún más necesario reforzar la articulación entre familia y escuela, respetando los diferentes roles.
La institución debe promover la concienciación de todos los involucrados en el proceso de desarrollo del niño. Cuestiones básicas, como la propia rutina, también deben ser consideradas, ayudándoles a comprenderse como parte de aquel ambiente. Su implementación debe ser colaborativa, visando facilitar la adaptación del niño a la guardería. El desarrollo de programas capaces de aproximar a las familias a la guardería permite una mayor comprensión de la rutina y del funcionamiento del lugar, haciendo que la interacción entre las partes y el conocimiento mutuo beneficien al propio niño. El diálogo debe ser constante, considerando las necesidades particulares de cada niño y comprendiendo su inserción en un contexto familiar diferente. Pensar en soluciones que beneficien a un mayor número de personas es responsabilidad del gestor. Lück[9] afirma que no es posible una gestión sin liderazgo y participación conjunta. En la misma línea, la autora reafirma que la gestión escolar implica un equipo directivo cuyas tomas de decisiones deben ser articuladas colectivamente, visando cambios educacionales positivos[10].
Corresponde al director mantener mecanismos de interacción con las familias atendidas, estableciendo alianzas por el mejor interés del niño y aumentando, así, el nivel de conocimiento de la familia sobre la guardería y viceversa. Invertir en comunicación mejora la percepción de todos los involucrados sobre las ventajas y desventajas de la guardería, con reflejos en la calidad de la atención. Es de suma importancia que los responsables de la guardería sepan cómo las familias concilian sus actividades diarias con el cuidado y la educación de los niños.
En la publicación “Caminhos e aprendizados para iniciativas focadas na primeira infância”[11], el ejercicio de la escucha activa y empática y la participación de un miembro más de la familia en el intercambio de información promueven el compromiso y fortalecen los vínculos entre las partes, creando una relación sólida. La iniciativa también posibilita más formas de contacto. Es necesario que la gestión sea flexible, adaptándose a las demandas de su público y haciendo uso de la creatividad[11].
La comunicación puede mantenerse a través de medios como llamadas telefónicas, mensajes de texto, notas en la mochila y carteles. Se pueden y deben proponer acciones y eventos presenciales, siempre que no compitan con otras agendas, lo que perjudica la participación de los responsables. Es necesario entender y respetar cada contexto familiar, programando las actividades de la guardería de acuerdo con la disponibilidad de las familias. Los relevantes servicios prestados a la sociedad por las instituciones de educación infantil, preescolares y guarderías demandan una gestión escolar dinámica y de fácil relación con la comunidad[12].
La falta de flexibilidad por parte de la dirección en relación con la postura de los responsables puede limitar la percepción de la importancia del trabajo de las guarderías, especialmente en un momento en que la tecnología acerca tanto a las personas. Buscar entender los motivos por los cuales el responsable no se involucra o dejó de involucrarse en el proceso, con el objetivo de adaptarse a las demandas del público, puede servir de solución a tal problemática.
Para solucionar el problema expuesto en esta investigación, se sugiere que las instituciones, a través de la figura del gestor, promuevan la integración y la interacción de la comunidad con la escuela. Además, se deben presentar propuestas de interés de la sociedad a través de reuniones, formaciones de consejos de padres o grupos de acompañamiento, tratando diversos contenidos del cotidiano y del contexto educacional. El objetivo es que, después de establecida la debida aproximación, estos grupos de acompañamiento escolar puedan utilizar las herramientas tecnológicas de comunicación existentes, como las redes y medios sociales, con el fin de aumentar la interactividad y solucionar posibles problemas en conjunto con la gestión de la institución de enseñanza.
Basándose en la metodología de análisis documental, el presente trabajo se basó en el desafío de buscar respuestas a interrogantes referentes a la importancia de la primera infancia en el proceso de aprendizaje y al modo en que el equipo directivo podría actuar en el proceso de concienciación e involucramiento de todos los que formen parte del proceso. Con el fin de alcanzar la excelencia en el desarrollo, involucrando a todos los actores, se comprendió la necesidad del compromiso de los directivos escolares, quienes deben dar espacio para que las familias logren asimilar el propósito de las guarderías, contribuyendo así a la permanencia de los niños en este entorno. Las guarderías favorecen la convivencia social y realizan un trabajo de carácter educativo, además de garantizar a los niños asistencia, alimentación, salud y seguridad. De esta forma, revelar a las familias las dinámicas que forman parte de este contexto viabiliza la confianza y proporciona armonía en la relación entre la comunidad y la institución, al resaltar su objetivo común, que es el aprendizaje de los pequeños seres en formación.
Se concluye que una gestión de excelencia es capaz de actuar con claridad y objetividad, haciendo uso de tecnologías de información y comunicación con las familias. Debe, además, mediar las interacciones y aclarar la relevancia del período que los niños pasan en la institución, reforzando la importancia de los estímulos y los aprendizajes —dando fin, por lo tanto, al estigma del pasado que veía la guardería solo como un lugar de asistencialismo y cuidado.
Los primeros pasos para una gestión de calidad pueden partir de simples acciones, como la construcción de una red de apoyo que involucre, de forma colaborativa, a personas que conozcan al público objetivo —como agentes comunitarios o personas de referencia en la región—, ayudando así a crear confianza y credibilidad. Tener flexibilidad para adaptarse a las demandas también es un factor relevante, además de la creación de una cultura de evaluación constante en la que no haya miedo a deconstruirse, reconstruirse y trabajar en busca de perfeccionamiento, evitando, de esta forma, la creación de una estructura rígida.
Referencias
[1] Kappel M.D.B.; Carvalho M.C.; Kramer S. Perfil das crianças de 0 a 6 anos que freqüentam creches, pré-escolas e escolas: uma análise dos resultados da Pesquisa sobre Padrões de Vida/IBGE. Revista Brasileira de Educação. 2001; 16: 35-47.
[2] Rocha J.M.; Hammes L.J. Gestão e democracia em uma escola pública. Revista Brasileira de Política e Administração da Educação. 2018; 34(2): 635-652.
[3] Didonet V. Creche: a que veio… para onde vai… Revista Em Aberto. 2001; 18(73): 11-28. Disponível em: <http://rbep.inep.gov.br/ojs3/index.php/emaberto/article/view/3033/2768>.
[4] Comitê Científico do Núcleo Ciência Pela Infância (CCNCPI). Funções executivas e desenvolvimento infantil: habilidades necessárias para a autonomia: estudo III. São Paulo (SP): Fundação Maria Cecilia Souto Vidigal (FMCSV). 2016. Disponível em: <https://ncpi.org.br/wp-content/uploads/2018/08/Funcoes_executivas.pdf>.
[5] Center on the Developing Child at Harvard University. Conectando o cérebro ao restante do corpo: o desenvolvimento na primeira infância e a saúde ao longo da vida estão profundamente interligados. 2017. Disponível em: <https://ncpi.org.br/wp-content/uploads/2021/04/wp15_health_PORT.pdf>.
[6] Montessori M. Mente absorvente. Nilopolis (RJ): Editora Nordica. 1987.
[7] Castilho P.C.; Gil M.O.G.; Ogando L.D. Estudo VIII: Educação infantil de qualidade. São Paulo (SP): Núcleo Ciência Pela Infância. 2021. Disponível em: <https://ncpi.org.br/wp-content/uploads/2021/10/wp8_ed-infantil.pdf>.
[8] Fundação Maria Cecília Souto Vidigal (FMCSV). Primeiríssima infância: creche: necessidades e interesses de famílias e crianças. Sandra Mara Costa (Ed). São Paulo (SP): FMCSV. 2017. Disponível em: <https://ncpi.org.br/wp-content/uploads/2020/04/Primeir%C3%ADssima-Inf%C3%A2ncia-Creche.pdf>.
[9] Lück H. Dimensões de gestão escolar e suas competências. 2ed. Curitiba (PR): Positivo. 2009.
[10] Lück H. Liderança em gestão escolar. 7ed. Petrópolis (RJ): Vozes. 2011.
[11] Núcleo Ciência pela Infância (NCPI); ilab Primeira Infância. Caminhos e aprendizados para iniciativas focadas na primeira infância. 2021. Disponível em: <https://ncpi.org.br/wp-content/uploads/2021/06/Caminhos-e-aprendizadospara-iniciativas-focadas-na-primeira-infancia.pdf>.
[12] Lück H.; Keith S.; Girlin, R.; Freitas K.S. A escola participativa: o trabalho do gestor escolar. Rio de Janeiro (RJ): DP&A Editora. 2002.
Como citar
Carvalhal R.D. A creche como um espaço além do cuidado: o impacto do desenvolvimento na primeira infância. Revista E&S. 2023; 4: e20230036.
Sobre os autores
Roberta de Deus Carvalhal, Licenciada em Ciências Biológicas, Especialista em Gestão Escolar, São Vicente, SP, Brasil.
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