Educación
02 de marzo de 2026
IA y formación profesional
Entre eficiencia, dependencia y responsabilidad

La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa tecnológica para integrarse, de forma concreta, en prácticas educativas y organizacionales, transformando la manera en que los profesionales se forman, aprenden y actúan. Según un informe del Digital Education Council, publicado en 2025, el 88% de las instituciones investigadas utilizaron la IA de forma mínima o moderada en los procesos de enseñanza, y el 75%, para la elaboración de material didáctico.
La aplicabilidad de la inteligencia artificial ya se refleja de forma concreta en el entorno organizacional. Datos de la McKinsey Global Survey on the State of AI 2025 indican que el 88% de las organizaciones utilizan IA regularmente en al menos una función de negocio, abarcando actividades como automatización, optimización de procesos y soporte a la toma de decisiones, evidenciando que la tecnología dejó de ser experimental y pasó a integrar prácticas operacionales. Sin embargo, es crucial analizar cómo esta misma tecnología puede impactar negativamente la formación de los futuros profesionales de TI.
La IA es una herramienta con un inmenso potencial para ayudar a estudiantes y profesores en el proceso de aprendizaje. Las plataformas de aprendizaje adaptativo, los tutores virtuales y los asistentes inteligentes facilitan el acceso al conocimiento y personalizan el ritmo de aprendizaje. Por otro lado, estudios recientes indican que el uso recurrent de herramientas de IA generativa puede reducir el compromiso cognitivo en actividades complejas.
La investigación presentada en la CHI 2025 por Lee y colaboradores, basada en una encuesta a 319 profesionales y 936 ejemplos reales de uso de IA en el trabajo, muestra que niveles más altos de confianza en los sistemas están estadísticamente asociados con menor esfuerzo cognitivo y menor activación del pensamiento crítico.
Los autores también observaron un cambio en el papel del profesional, que pasa de la ejecución a la simple supervisión de respuestas automatizadas, aumentando el riesgo de dependencia tecnológica y el debilitamiento de la capacidad de resolución independiente de problemas a lo largo del tiempo.
Una de las principales preocupaciones se refiere al riesgo de superficialidad en el aprendizaje asociado al uso recurrente de herramientas de IA generativa. Fan, L.; Deng, K.; Liu llevaron a cabo, en 2025, un estudio con 148 estudiantes de ingeniería de China que mostró que, aunque el 88,52% de los participantes informaron un aumento de la eficiencia de estudio, casi la mitad afirmó que su rendimiento académico se mantuvo prácticamente inalterado.
Los autores observan que la sensación de productividad generada por la automatización de tareas puede enmascarar lagunas en la comprensión conceptual, creando una percepción de aprendizaje disociada de la adquisición efectiva de conocimiento.
Además, parte de los estudiantes reportó reducción de la autonomía cognitiva, indicando que la dependencia de respuestas automatizadas puede llevar a la negligencia de etapas fundamentales del proceso formativo y limitar el desarrollo del razonamiento lógico y de la resolución independiente de problemas. Esto puede culminar en una generación de profesionales altamente dependientes de la tecnología y con fragilidades técnicas preocupantes.
Otro punto delicado se refiere al impacto de la IA en el compromiso y la motivación de los estudiantes. Una revisión sistemática publicada en 2025 en la revista Computers and Education: Artificial Intelligence, realizada por Heung y Chiu, con un metaanálisis que involucró 17 estudios empíricos y 1.735 participantes, mostró que, si bien las actividades mediadas por ChatGPT presentan un aumento promedio en los niveles generales de compromiso, los efectos cognitivos son inconsistentes, especialmente en tareas que requieren comprensión profunda, escritura y programación.
Los autores destacan que parte de los estudiantes tiende a recurrir al sistema para concluir actividades de forma más rápida, lo que puede reducir la implicación en procesos cognitivos complejos. Además, el estudio identifica prácticas recurrentes de copiar y pegar códigos o respuestas generadas por la IA, asociadas a comportamientos de dependencia y a la disminución de la participación activa en tareas desafiantes, indicando riesgos de aprendizaje superficial cuando no hay mediación pedagógica adecuada. Esto no solo perjudica el aprendizaje individual, sino que también debilita el mercado, que necesita profesionales innovadores, curiosos y preparados para resolver problemas inéditos.
En el mercado de trabajo, la expansión de la IA ya produce efectos concretos sobre la organización de las actividades profesionales. Volviendo al McKinsey Global Survey – The State of AI 2025, el estudio mostró reducciones de costo, especialmente reportadas en áreas como ingeniería de software, manufactura y tecnología de la información.
Además, señaló que el 32% de los encuestados esperaban una reducción en el tamaño de la fuerza laboral de sus organizaciones al año siguiente, como consecuencia de la IA. Estos datos sugieren que la automatización tiende a sustituir tareas rutinarias y repetitivas, además de reconfigurar el perfil de las competencias demandadas.
Surge, así, una paradoja formativa: mientras la tecnología exige mayor sofisticación técnica y capacidad de adaptación, parte de las actividades tradicionales del área pasa a ser absorbida por sistemas automatizados. Además, la dimensión ética y la responsabilidad social asociadas al desarrollo tecnológico no pueden ser secundarizadas en la formación profesional.
Riesgos
La Recomendación sobre la Ética de la Inteligencia Artificial, adoptada por la Unesco en 2021, destaca que los sistemas de IA implican riesgos relacionados con el sesgo algorítmico, la discriminación, la protección de datos y amplios impactos sociales, lo que exige una gobernanza responsable y una supervisión humana cualificada.
En este contexto, la formación en tecnología no puede restringirse al dominio instrumental de las herramientas, sino que debe incorporar una reflexión crítica sobre las consecuencias sociales, jurídicas y morales de la aplicación de estos sistemas. El riesgo es formar profesionales técnicamente aptos, pero desconectados de la reflexión ética, lo que puede resultar en soluciones problemáticas e incluso peligrosas para la sociedad.
Otro desafío se refiere a la desigualdad estructural en el acceso a las tecnologías digitales. Según datos publicados por la Unión Internacional de Telecomunicaciones en 2025, aunque el 74% de la población mundial está conectada, alrededor de 2.200 millones de personas permanecen offline, concentradas mayoritariamente en países de ingresos bajos y medios. Mientras que las naciones de altos ingresos se acercan a la universalización del acceso, solo el 23% de la población de los países de bajos ingresos utiliza internet.
Además, persiste una diferencia significativa entre áreas urbanas y rurales, con el 85% de los habitantes urbanos conectados, frente al 58% de la población rural. Así, la expansión de la IA tiende a beneficiar desigualmente a diferentes grupos sociales, manteniendo a estudiantes y futuros profesionales sin acceso regular a conectividad, dispositivos y herramientas digitales, y reforzando las desigualdades regionales.
Finalmente, la creciente confianza en sistemas de IA puede influir en la forma en que los profesionales manejan situaciones complejas e imprevistas. En un estudio presentado en la CHI 2025 sobre el uso de IA generativa en actividades cognitivas, Lee y colaboradores demostraron que la delegación recurrente de decisiones al sistema se asocia con una reducción del esfuerzo analítico y la transferencia del rol humano de la ejecución a la supervisión. Los autores advierten que este patrón puede debilitar la resolución independiente de problemas con el tiempo.
En contextos profesionales, este proceso tiende a reducir la exposición a desafíos abiertos, lo que puede contribuir a limitaciones en la improvisación, la autonomía y la capacidad de adaptación, competencias esenciales ante escenarios de crisis y la imprevisibilidad tecnológica. Por lo tanto, aunque la IA represente una aliada relevante, es fundamental que educadores, estudiantes y profesionales estén atentos a sus límites y riesgos. La formación contemporánea debe buscar el equilibrio entre el uso de la inteligencia artificial como herramienta y el fortalecimiento de las competenciashumanas esenciales, como pensamiento crítico, autonomía, creatividad y responsabilidad ética. El futuro de las tecnologías depende directamente de la calidad de esta formación humana. Cuando se utiliza solo como atajo, la IA puede debilitar la base del aprendizaje y de la innovación; cuando se integra de forma consciente y crítica, puede ampliarcapacidades humanas y contribuir a un desarrollo más justo, sostenible y socialmente responsable.
Quién publicó esta columna
Maurício Acconcia Dias








