Educación
Innovación
10 de septiembre de 2025
Revisionismo historiográfico y formación docente: el riesgo de la distorsión ideológica
Las leyes de memoria asumen un papel pedagógico y social al fomentar un entendimiento más fiel de la formación histórica y cultural de Brasil

Revisar el pasado es condición de la propia ciencia histórica. La historia no es un monumento cristalizado, sino un campo en constante reelaboración, que se reabre a medida que nuevas fuentes emergen, nuevos métodos se consolidan y nuevas preguntas se plantean. El revisionismo, cuando se lleva a cabo bajo parámetros científicos, cumple un papel epistemológico esencial: garantiza que la memoria colectiva no se degrade en dogma, sino que se mantenga en diálogo con el presente.
Es fundamental, sin embargo, distinguir el revisionismo de la negación. Revisar significa reevaluar evidencias, confrontar hipótesis y proponer nuevas interpretaciones con base en datos verificables. Negar, por el contrario, es rechazar hechos consolidados por motivación ideológica, como en el caso de quien relativiza la esclavitud, los genocidios o las dictaduras. El primer movimiento es indispensable para el avance del conocimiento; el segundo, un mal servicio social.
La historicidad del saber nos recuerda que los archivos se abren, las tecnologías se perfeccionan y nuevos marcos teóricos iluminan dimensiones antes invisibles. Avances como el análisis de ADN, la arqueología digital o el big data permiten reconstruir trayectorias humanas con una precisión sin precedentes.
Las herramientas de Business Intelligence (BI), ya comunes en la gestión pública, también se han difundido en la educación y se utilizan ampliamente para seguir la asistencia escolar, el rendimiento en evaluaciones regulares y el cumplimiento de metas curriculares. Estos sistemas ayudan a identificar cuellos de botella y a orientar políticas públicas, pero no sustituyen la dimensión afectiva y relacional de la práctica educativa. La enseñanza va más allá de las métricas: depende de la escucha, del vínculo y de la sensibilidad que solo la interacción humana proporciona.
Este punto es central, porque el currículo escolar tiende a adoptar un sesgo utilitarista, orientado a resultados pragmáticos y medibles. El sociólogo Pierre Bourdieu ya recordaba que, en este movimiento, se reproducen violencias simbólicas.
Ivor Goodson, educador británico, refuerza esta perspectiva al mostrar que el currículo es siempre una construcción social y política, moldeada por disputas de poder y por la selección intencional de memorias. Así, el uso de herramientas digitales como el BI, aunque útiles para gestionar sistemas educacionales, necesita ser visto en su dimensión crítica, pues indicadores y métricas también participan de esta disputa sobre qué debe o no ser enseñado.
Incluso bajo la lógica de la eficiencia, el revisionismo historiográfico se muestra estratégico: corrige distorsiones, mejora la comprensión institucional y ofrece subsidios para la formulación de políticas sociales orientadas a la construcción de comunidades equilibradas y seguras.
Desde el punto de vista pedagógico, la legitimidad del revisionismo se manifiesta en ejemplos decisivos: la economía romana, interpretada por Moses Finley como esencialmente estancada, está siendo reevaluada por autores como Walter Scheidel, Peter Temin y Neville Morley, que la describen como compleja e integrada; la narrativa heroica del “descubrimiento de América” está siendo deconstruida en favor de relatos que evidencian protagonismos indígenas y la violencia colonial; la esclavitud es revisitada con nuevas lecturas que incorporan dimensiones culturales y subjetivas antes desatendidas.

El mismo principio se aplica a otros campos de la historia, en los que revisiones fundamentadas amplían la comprensión y acercan la investigación a las múltiples experiencias sociales que constituyen el pasado. En todos estos casos, no se trata de inventar, sino de actualizar la comprensión a la luz de las evidencias.
Límites interpretativos
Revisar la historia brasileña implica también reevaluar narrativas consolidadas. El Instituto Histórico y Geográfico Brasileño (IHGB), creado en 1838, desempeñó un papel relevante en la construcción de una identidad nacional, pero investigaciones recientes han demostrado que su enfoque privilegió ciertos referentes culturales en detrimento de otros. Estudios como los de Isadora Maleval (2020) y Luís Roberto Manhani (2023) analizaron actas y discursos del IHGB en el siglo XIX, evidenciando tanto su valor político de cohesión como sus límites interpretativos en relación con las poblaciones negras e indígenas.
En el campo de los estudios de género, trabajos como el clásico “Mujeres sin historia”, de Maria Odila Dias (1983), y las investigaciones más recientes de Maria da Glória de Oliveira han demostrado cómo la producción intelectual femenina fue históricamente poco reconocida.
En este debate, la contribución conceptual de Kimberlé Crenshaw (2002) es útil: los llamados efectos interseccionales describen situaciones en las que diferentes marcadores sociales —como género, raza y clase— actúan de forma combinada, generando patrones específicos de exclusión que no pueden explicarse de forma aislada. Esta formulación teórica ha sido incorporada por la historiografía para ofrecer marcos analíticos más consistentes, sobre todo en el estudio de las experiencias de mujeres negras e indígenas.
Frente a esses exemplos, o revisionismo científico não elimina a tradición existente, mas a complementa, permitindo uma comprensión amplia da formação da sociedade brasileira. Nesse horizonte, leis de memória como a nº 10.639/2003 e a nº 11.645/2008 assumem papel pedagógico e social inestimável.
La primera hizo obligatorio el estudio de la historia y la cultura afrobrasileña y africana, corrigiendo siglos de negligencia. La segunda amplió el alcance al incluir la historia y la cultura indígenas, reconociendo que sin la perspectiva de los pueblos originarios no hay una comprensión realista de Brasil.
Su importancia crece aún más por haber alterado la Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional (ley nº 9.394/1996), insertando permanentemente en el núcleo del sistema educacional la exigencia de un entendimiento más fiel de la formación histórica y cultural de Brasil. Estas leyes ejemplifican un proceso continuo que debe mantenerse, bajo riesgo de, inadvertidamente, perder de vista quiénes somos como sociedad.
Un ejemplo expresivo de este movimiento es la obra “La tierra de los 1000 pueblos”, del escritor indígena tapuia Kaká Werá Jecupé. Al narrar la historia de Brasil desde la óptica de los pueblos originarios, el autor rompe con el sesgo eurocéntrico y reinserta en la memoria nacional la pluralidad de culturas que siempre existió en este territorio.
Tu propuesta revela que Brasil nunca fue homogéneo: es, de hecho, la tierra de más de mil pueblos, cada uno con sus cosmologías, lenguas y tradiciones, que, al entrelazarse históricamente con africanos, europeos, asiáticos y árabes, conforman la identidad de un único pueblo, múltiple en su esencia e inseparable en su totalidad.
Relatos docentes

Cada profesor, en su formación inicial o continuada, ejerce un “revisionismo histórico” cotidiano. Ivor Goodson recuerda que las narrativas docentes tienen un papel central en la configuración del currículo real — aquel que se efectúa en el aula, más allá de las prescripciones oficiales. Es en ese espacio narrativo donde los educadores pueden acoger nuevas perspectivas historiográficas y transformar la escuela en un lugar de memoria activa.
Esta apertura es propia de la naturaleza docente y se conecta directamente con los principios de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI), expresados en el Estatuto de Igualdad Racial, ley federal nº 12.288/2010. Estudiar estos principios y aplicarlos con seriedad es una tarea urgente para regenerar fisuras en el tejido social.
Las orientaciones pedagógicas de la Secretaría Municipal de Educación de São Paulo, expresadas en el “Currículo da Cidade”, ejemplifican el punto de vista que debe ser adoptado por el educador: “Todavía hay muchos equívocos. Hay hechos sobre los indígenas que nunca se han enseñado de forma honesta. Muy recientemente es que estamos conquistando espacio para poder contar la historia a partir de nuestra óptica y bajo una visión de mundo particular. No se puede pensar que nuestra historia sigue el mismo recorrido de la historia occidental. Y este es otro nudo que necesita ser desatado” (São Paulo (SP) – Secretaria Municipal de Educação – Coordenadoria Pedagógica, 2023, p. 16).
Y no se trata de una misión exclusiva de los profesores de historia, lengua portuguesa o artes. El contenido multiétnico y multicultural puede —y debe— atravesar todas las áreas del conocimiento: en biología, por el estudio de la genética, que explica las características biofísicas de los individuos; en matemáticas, por la lógica de juegos ancestrales como la mancala; en geografía, por la riqueza y diversidad del continente africano y de la mata atlántica; en ciencias agrarias, por los procesos sostenibles de las coivaras y de los green gardens indígenas.
Hay una abundancia de ejemplos que pueden inspirar planes de clase creativos e inclusivos. Lo que falta, a menudo, es solo información o iniciativa. El revisionismo científico es, por lo tanto, un ejercicio de conciencia histórica desapegado de sesgos y comprometido con el esclarecimiento colectivo. Y es precisamente en la educación donde encuentra espacio para realizarse de forma rigurosa, preparando a la sociedad para lidiar con sus cuestiones, sean cuales sean.
Las leyes de memoria no se apoyan en opiniones, sino en debates públicos largos y representativos, en los cuales se escuchan diferentes sectores de la sociedad. Se fundamentan en evidencias científicas, como los nuevos referentes historiográficos y la arqueología documental, y fueron aprobadas como normas constitucionales.
Una vez regulamentadas por el MEC, pasaron a orientar la actualización de los currículos, ofreciendo base a las prácticas educativas. Este es el punto de encuentro entre ley y práctica: compete a la gestión escolar y al cuerpo docente transformar tales normas en práctica viva, haciendo de la sala de clase un espacio para el ejercicio crítico de la memoria y la reconstrucción de la trayectoria histórica de un pueblo, capaz de reconocer y acoger su diversidad — un deber que sobrepasa la ley y pertenece al campo de la educación auténtica, aquella que va más allá de contenidos y reglas para buscar la formación integral, crítica y ética de cada estudiante.
Quién publicó esta columna
Roberto Munhoz








