22 de maio de 2026
Viabilidad Económica de la Sucesión Soya-Maíz en la Altillanura Colombiana: Un Estudio de Caso
Jerson Zuñiga Aguirre; Risely Ferraz Almeida
Resumen elaborado por la herramienta ResumeAI, una solución de inteligencia artificial desarrollada por el Instituto Pecege orientada a la síntesis y redacción.
El objetivo de esta investigación fue evaluar la viabilidad económica de la implementación de un sistema de sucesión de cultivos de soya y maíz en un sistema productivo en Puerto Gaitán, Meta, en la altillanura colombiana. El análisis determinó la rentabilidad del modelo bajo diferentes condiciones de mercado y productividad, detallando costos, ingresos e indicadores financieros. La altillanura es una de las últimas fronteras agrícolas de Colombia, con potencial para expandir la producción de granos y reducir la dependencia de importaciones. Actualmente, Colombia importa volúmenes significativos de maíz amarillo, maíz blanco, soya en grano, torta de soya y aceite de soya, productos esenciales para la seguridad alimentaria y la cadena de alimentación animal (FENALCE, 2023). Esta dependencia externa genera salida de divisas y expone al país a la volatilidad de los mercados internacionales.
La altillanura, que abarca los departamentos de Meta, Vichada, Casanare y Guaviare, se proyecta como la futura despensa agrícola de la nación, debido a su topografía plana, baja densidad poblacional y disponibilidad de tierras subutilizadas (AGROSAVIA, 2023). Históricamente, la región fue dominada por la ganadería extensiva de baja productividad, limitando su desarrollo agroindustrial (FORERO et al., 2015). La transición hacia sistemas agrícolas tecnificados, como la rotación de cultivos, es una estrategia para dinamizar la economía regional y optimizar el uso del suelo. La sucesión soya-maíz permite dos cosechas anuales y ofrece beneficios agronómicos, como la mejora de la estructura del suelo, la reducción de plagas y enfermedades, y la optimización del uso de fertilizantes por la fijación biológica de nitrógeno de la soya.
A pesar del potencial, la expansión agrícola en la altillanura enfrenta desafíos estructurales. La baja fertilidad natural de los suelos, con acidez y deficiencia de nutrientes, exige altas inversiones iniciales para su corrección, lo que puede limitar la adopción por parte de pequeños y medianos productores. La infraestructura de acceso, almacenamiento y comercialización es incipiente, y el acceso a crédito rural y asistencia técnica especializada son cuellos de botella para la consolidación de sistemas productivos eficientes (FORERO et al., 2015). Investigaciones del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT, 2021) y de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (AGROSAVIA, 2025) han validado tecnologías como la siembra directa, el uso de variedades adaptadas y la agricultura de precisión como herramientas para superar estas limitaciones y garantizar la sostenibilidad productiva.
La transformación productiva de la altillanura, migrando de modelos ganaderos a sistemas agrícolas diversificados, es fundamental para la seguridad alimentaria y la economía nacional (FENALCE, 2024). La implementación de sistemas de rotación soya-maíz surge como un modelo prometedor, capaz de generar mayor rentabilidad por área y promover beneficios ambientales y económicos. Este estudio analiza los costos y beneficios financieros de este sistema, ofreciendo una base de datos para la toma de decisiones por parte de productores, inversionistas y formuladores de políticas públicas. El análisis de escenarios de productividad y precios evalúa la sensibilidad del proyecto a las fluctuaciones del mercado, proporcionando una visión de los riesgos y oportunidades.
El crecimiento de la producción de soya en la región ya demuestra resultados, con un aumento de 48.750 toneladas en 2018 a más de 198.000 toneladas en 2024, lo que contribuyó a una reducción del 29,4% en las importaciones de grano de soya en el mismo período (PRORINOQUIA, 2024). Para el maíz, aunque el potencial es claro, la consolidación de la producción aún requiere el fortalecimiento de modelos técnicos y políticas de incentivo. La evaluación económica presentada busca cuantificar el potencial de rentabilidad de la sucesión de los dos cultivos, consolidando el argumento de que la altillanura puede desempeñar un papel estratégico en la reducción de la dependencia externa y en el fortalecimiento del agronegocio colombiano.
Este trabajo es una investigación aplicada, cuantitativa y descriptiva, bajo el enfoque de estudio de caso. El foco fue un sistema de sucesión soya-maíz en una propiedad en Puerto Gaitán, Meta, localidad representativa de la altillanura. La región posee un clima cálido y húmedo, con una temperatura promedio de 26,9 °C y una precipitación de 2.400 mm/año, concentrada entre marzo y noviembre, lo que viabiliza dos cosechas anuales. La metodología de viabilidad económica implicó la proyección de costos e ingresos con base en datos de mercado, información técnica y consultas a proveedores. Las fuentes de datos secundarios incluyeron publicaciones de FENALCE, estudios de AGROSAVIA y del CIAT, y estadísticas del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural (MINAGRICULTURA, 2023).
Para evaluar la sensibilidad del proyecto, se estructuraron tres escenarios productivos: pesimista, realista y optimista, aplicados a los precios de venta y a la productividad (ton/ha) para la soya y el maíz. Los valores de referencia se calcularon a partir del promedio de series históricas de FENALCE; el escenario realista corresponde al promedio, el pesimista al promedio menos una desviación estándar, y el optimista al promedio más una desviación estándar. Este enfoque estadístico proyecta un espectro de posibles resultados financieros. La estructura de costos se descompuso en costos fijos operativos (consultoría, arrendamiento), costos indirectos fijos (CIF) y costos variables (insumos, operaciones). El CIF, estimado en 9 millones de pesos por hectárea, corresponde a la amortización de la inversión inicial en la adecuación de suelos (cal, fósforo, potasio), amortizada en 10 años y distribuida equitativamente entre los dos cultivos.
Los aspectos tributarios consideraron la exención de IVA para insumos agrícolas y la tasa del 35% de impuesto sobre la renta sobre la utilidad neta. El análisis financiero utilizó cuatro indicadores: Valor Presente Neto (VPN), que mide el valor generado por encima del costo de oportunidad; Tasa Interna de Retorno (TIR), que representa la rentabilidad porcentual; Índice de Rentabilidad (IR), que indica el retorno por unidad invertida; y el Período de Recuperación de la Inversión (Payback). Para el cálculo del VPN, IR y Payback Descontado, se utilizó una Tasa Mínima de Atractividad (TMA) del 10%, reflejando el costo de oportunidad del capital para proyectos agrícolas en la región. La metodología buscó crear un modelo replicable para propiedades con características similares en la altillanura, sirviendo como herramienta de planificación. La combinación de datos históricos, información técnica (AGROSAVIA, 2023; CIAT, 2021) y cotizaciones de mercado garantizó proyecciones realistas para la región de Puerto Gaitán.
El análisis de los costos de producción revela diferencias estructurales entre los cultivos. Para la soya, el costo variable total por hectárea fue de $4.391.293, compuesto por $1.439.500 en operaciones y $2.951.793 en insumos. En los insumos, los fertilizantes representan el mayor gasto ($1.364.877), seguidos por los defensivos ($1.181.252) y las semillas ($405.663). El maíz presenta un costo variable mayor, totalizando $5.650.007 por hectárea. Sus costos operativos son de $975.000, pero los gastos en insumos son más elevados, destacándose los fertilizantes ($2.422.237) y las semillas ($1.384.000). El cultivo de maíz en la altillanura demanda una inversión en insumos aproximadamente un 36% superior a la de la soya, lo que es consistente con estudios que destacan su mayor exigencia nutricional (AGROSAVIA, 2023; FENALCE, 2024).
Con los costos fijos e indirectos, el costo de producción total por hectárea para la soya alcanza los $5.440.384, y para el maíz, los $6.699.098. Esta diferencia de más de 1,25 millones de pesos por hectárea implica que la soya es más resiliente a precios desfavorables, mientras que la rentabilidad del maíz depende de altos rendimientos y precios de mercado favorables. La rotación ofrece un beneficio sinérgico: la soya, como leguminosa, contribuye a la fijación biológica de nitrógeno, pudiendo reducir la necesidad de fertilizantes nitrogenados para el maíz subsiguiente, optimizando la estructura de costos del sistema (CIAT, 2021).
La proyección de ingresos por hectárea muestra que el maíz, a pesar de sus costos más altos, tiene un potencial de ingresos brutos superior debido a mayores rendimientos. En el escenario realista, la soya genera un ingreso de $5.907.575 por hectárea, mientras que el maíz alcanza los $9.191.253. En el escenario optimista, la soya genera hasta $7.831.487 y el maíz puede alcanzar los $12.978.483. En el escenario pesimista, los ingresos de la soya ($4.231.883) se sitúan por debajo del costo total de producción, mientras que los del maíz ($6.055.711) se aproximan al punto de equilibrio. El análisis demuestra que, aunque la soya ofrece estabilidad de costos, el maíz es el principal motor de ingresos del sistema, especialmente en años con buenas condiciones climáticas y de mercado.
La evaluación consolidada de la viabilidad económica confirma la sensibilidad del proyecto a los escenarios. En el escenario pesimista, el proyecto es inviable, con un Valor Presente Neto (VPN) negativo de –$24,3 millones, una Tasa Interna de Retorno (TIR) negativa o por debajo de la TMA del 10%, y un período de recuperación superior a 20 años. Este resultado subraya el alto riesgo asociado a la agricultura en regiones de frontera; la combinación de bajos precios y productividad puede llevar a pérdidas financieras.
En contraste, el escenario realista demuestra la viabilidad del sistema. Con un VPN positivo de aproximadamente $2,8 millones, una TIR del 16,88% (superior a la TMA), un período de recuperación de 4,7 años y un Índice de Rentabilidad (IR) de 1,31, el proyecto es rentable bajo condiciones promedio de mercado. Estos indicadores, aunque positivos, sugieren márgenes ajustados, indicando la importancia de una gestión eficiente de costos y de la búsqueda de optimizaciones de productividad para garantizar la sostenibilidad del negocio, como defiende Gitman (2010).
El escenario optimista revela el alto potencial de rentabilidad de la sucesión soya-maíz. En este contexto, el VPN supera los $25,6 millones, la TIR alcanza el 62,12%, la inversión se recupera en 1,6 años (Payback) y el IR llega a 3,85, indicando que por cada peso invertido, el proyecto retorna $3,85 en valor presente. Estos resultados consolidan el modelo como una inversión atractiva cuando las condiciones de precio y productividad son favorables. El análisis comparativo de los escenarios valida la viabilidad del sistema y cuantifica los riesgos y las recompensas, proporcionando una base para la planificación estratégica.
El análisis conjunto de los indicadores financieros y agronómicos evidencia que la sucesión soya-maíz es una estrategia prometedora para el desarrollo agrícola sostenible de la altillanura colombiana. Los resultados financieros demuestran que, aunque el sistema es inviable en condiciones adversas, se vuelve rentable en los escenarios realista y optimista. La combinación de un cultivo de menor costo y mayor resiliencia (soya) con uno de mayor potencial de ingresos (maíz) crea un equilibrio que puede mitigar riesgos y maximizar retornos, alineándose con estrategias de diversificación recomendadas para entornos de alta volatilidad (HEINECK et al., 2008).
Además de la viabilidad financiera, el sistema de rotación ofrece ventajas agronómicas para la sostenibilidad a largo plazo. La inclusión de la soya mejora la fertilidad del suelo a través de la fijación biológica de nitrógeno, reduciendo la dependencia de fertilizantes sintéticos y los costos de producción del maíz subsiguiente. Esta práctica aumenta la eficiencia en el uso de recursos y contribuye a la salud del ecosistema agrícola, un punto destacado por instituciones como AGROSAVIA (2025).
Se concluye que se alcanzó el objetivo: se demostró que la implementación del sistema de sucesión soya-maíz en la altillanura colombiana es económicamente viable bajo condiciones de mercado realistas y optimistas, constituyéndose como una alternativa estratégica para transformar la región en una potencia agrícola. El éxito y la escalabilidad de este modelo, sin embargo, dependen de la superación de cuellos de botella estructurales, exigiendo la articulación de políticas públicas que promuevan el acceso a crédito, asistencia técnica especializada y el desarrollo de infraestructura de almacenamiento y comercialización, garantizando así la sostenibilidad económica y ambiental del agronegocio en la frontera agrícola del país.
Referencias:
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FORERO, J. E. et al. La viabilidad de la agricultura familiar en la altillanura colombiana. IEI – Instituto de Estudios Interculturales, 2015. Disponible en: https://ieidesarrolloruralinvestigacion. files. wordpress. com/2015/07/forero-et-al-2015-la-viabilidad-de-la-agricultura-familiar-en-la-altillanura. pdf. Consultado el: 25 de mar. de 2025.
GITMAN, L. J. Principios de Administración Financiera. 12.ª ed. São Paulo: Pearson Addison Wesley, 2010. Consultado el: 25 de mar. de 2025.
HEINECK, L. F. M. et al. Evaluación económica de proyectos inmobiliarios residenciales: un análisis comparativo. En: Encuentro Nacional de Ingeniería de Producción, Río de Janeiro, 2008. Consultado el: 25 de mar. de 2025.
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RUTAS DEL CONFLICTO. Conflicto en la altillanura: Una violencia heredada. Disponible en: https://rutasdelconflicto. com/especiales/conflicto-continua/altillanura/index. html. Consultado el: 8 de ago. de 2025.
SCIELO COLOMBIA. Artículos científicos sobre agricultura tropical y rotación de cultivos. disponible en: https://www. scielo. org. co. Consultado el: 25 de mar. de 2025.
Resumen ejecutivo derivado de un Trabajo de Conclusión de Curso de Especialización en Agronegócios del MBA USP/Esalq.
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