08 de abril de 2026
Regulación y desafíos del mercado plant-based en Brasil
Carolina Moran Berto; Matheus Luís Docema
Resumen elaborado por la herramienta ResumeAI, una solución de inteligencia artificial desarrollada por el Instituto Pecege orientada a la síntesis y redacción.
El escenario contemporáneo de la industria alimentaria en Brasil y en el mundo presenta una transformación continua, impulsada por nuevos perfiles de consumo que buscan alternativas a las proteínas de origen animal. Este movimiento, aunque no sigue una trayectoria lineal, revela un aumento notable en la oferta de productos desarrollados para satisfacer diversas demandas, desde motivaciones éticas hasta preocupaciones por la salud pública y la sostenibilidad ambiental (Ferrari, 2022). Históricamente, la primera generación de productos dirigidos al público que no consume carne fue fundamental para suplir las necesidades básicas de vegetarianos y veganos. Sin embargo, se observa que el actual motor de innovación y crecimiento de este sector es el público flexitariano. Estos individuos, que optan por reducir el consumo de proteínas animales sin eliminarlas totalmente de la dieta, impulsan la evolución de la calidad sensorial de los alimentos análogos. Al mantener el consumo de productos de origen animal, los flexitarianos presentan un alto nivel de exigencia en cuanto al sabor, aroma y textura de las alternativas vegetales, buscando experiencias que imiten fielmente los productos convencionales (Broad, 2020).
La comprensión de este mercado exige la distinción clara entre los movimientos que lo sustentan. El veganismo se configura como una postura ética y política que busca, en la medida de lo posible y practicable, la exclusión de todas las formas de explotación y crueldad contra los animales, abarcando no solo la alimentación, sino también la vestimenta y otras esferas del consumo. Por su parte, el vegetarianismo se enfoca en la exclusión de productos de origen animal estrictamente en el ámbito alimentario. En contrapartida, los flexitarianos recurren con frecuencia a las alternativas de origen vegetal, conocidas como productos plant-based, como una forma de equilibrar la dieta (Sociedade Vegetariana Brasileira, 2003). Dichos productos se definen como análogos a los de origen animal, siendo formulados a partir de ingredientes vegetales que buscan imitar las propiedades organolépticas de carnes, mariscos, leche, huevos y lácteos. Para que esta sustitución sea considerada eficaz por el mercado, es imperativo el uso de materias primas que ofrezcan propiedades nutricionales, funcionales y sensoriales comparables a las de los productos tradicionales (ANVISA, 2022).
El desarrollo de estos alimentos implica procesos tecnológicos sofisticados e innovadores. El objetivo es elevar el contenido proteico y mejorar las características funcionales de los ingredientes vegetales, haciéndolos aptos para la formulación de análogos complejos (Evangelista, 2022). Entre las técnicas empleadas, la texturización destaca como un proceso crucial, ya que confiere a los alimentos una estructura fibrosa y una masticabilidad similares a las de la carne animal. Esta etapa es determinante para acercar la experiencia de consumo a la que proporcionan los productos tradicionales, garantizando la aceptación sensorial por parte de un público cada vez más exigente (Pires et al., 2006). La innovación en el sector busca, primordialmente, ampliar las fuentes de proteína disponibles a nivel mundial, contribuyendo a la seguridad alimentaria a través de alternativas que generen un menor impacto ambiental. Este crecimiento se sustenta en una tríada de factores: la búsqueda de dietas más saludables, la concienciación sobre los límites planetarios y las cuestiones éticas ligadas al bienestar animal (Sha y Xiong, 2020).
A pesar del avance tecnológico y la expansión comercial, la industria de productos plant-based en Brasil enfrenta un cuello de botella significativo en el ámbito regulatorio (GFI Brasil, 2020). Hasta el momento, el ordenamiento jurídico brasileño carece de una legislación específica que discipline de forma exclusiva esta categoría de productos. Aunque estos alimentos están sometidos a las normas generales de vigilancia sanitaria, etiquetado y buenas prácticas de fabricación establecidas por la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria, la ausencia de parámetros claros sobre la denominación de venta, la composición mínima y la equivalencia nutricional genera un estado de inseguridad jurídica. Para los fabricantes, la falta de directrices normativas dificulta la planificación industrial y la innovación; para los consumidores, la brecha resulta en asimetría de información, pudiendo llevar a equívocos sobre la naturaleza real y los beneficios de los productos adquiridos (ANVISA, 2022).
Esta deficiencia normativa abre espacio para confusiones sobre la identidad de los alimentos, especialmente en lo que respecta al uso de términos tradicionalmente vinculados a productos de origen animal. Además, la difusión de alegaciones de salubridad o sostenibilidad sin criterios estandarizados puede inducir al consumidor al error (Silva, 2025). Ante la urgencia de organizar este mercado, se hace necesaria la construcción de un marco regulatorio robusto. Dicha estructura debe asegurar la seguridad de los alimentos, promover la competencia leal entre los diferentes actores de la cadena productiva y resguardar el derecho fundamental del consumidor a la información clara, precisa y adecuada. El escenario actual exige un análisis profundo que conecte el crecimiento del sector con los obstáculos regulatorios y la percepción real de quienes consumen estos productos en el territorio nacional.
El análisis del panorama regulatorio, tecnológico y de mercado de los alimentos análogos de origen vegetal en Brasil se realizó mediante un estudio de naturaleza exploratoria y descriptiva. El procedimiento metodológico se fundamentó en una revisión bibliográfica y documental exhaustiva, con el objetivo de identificar las brechas normativas y los esfuerzos institucionales en curso. El alcance del análisis documental se centró en la ausencia de normas definitivas y consolidadas, evaluando los riesgos de competencia desleal y la asimetría informativa. La investigación incluyó el seguimiento de propuestas de marcos regulatorios y consultas públicas que buscan disciplinar el segmento, permitiendo una comprensión técnica de los requisitos de identidad y calidad que están siendo gestados por los organismos competentes.
Complementariamente a la fase documental, se llevó a cabo una investigación de carácter cualitativo para trazar el perfil y la percepción de un grupo de consumidores brasileños. El instrumento de recolección de datos consistió en un cuestionario estructurado con 19 preguntas, predominantemente de opción múltiple, aplicado a través de una plataforma digital entre el 16 y el 21 de septiembre de 2025. La muestra contó con la participación voluntaria de 53 individuos, que respondieron de forma anónima, garantizando la espontaneidad de los relatos. El objetivo de esta etapa fue obtener percepciones directas sobre la aceptación de los análogos vegetales y la comprensión de las nomenclaturas utilizadas en el punto de venta. De acuerdo con las directrices éticas vigentes, la investigación se realizó con la inclusión del Término de Consentimiento Libre e Informado, asegurando que todos los participantes estuvieran al tanto del carácter académico y voluntario de la colaboración.
La recolección de datos se organizó en ejes temáticos específicos. El primer eje abordó el perfil demográfico y socioeconómico, recopilando información sobre rango de edad, género, nivel educativo, ingresos mensuales y ubicación geográfica. El segundo eje se centró en el consumo de productos de origen vegetal, investigando el comportamiento alimentario, la frecuencia de ingesta de proteínas y los factores motivadores de la compra, como salud y ética. El tercer eje exploró hábitos y percepciones, evaluando el papel de los productos plant-based en la dieta cotidiana. El cuarto eje trató de la comunicación y nomenclatura, midiendo el grado de entendimiento de los consumidores sobre las etiquetas y la terminología del mercado. Finalmente, el quinto eje analizó el precio y la disposición de compra, verificando el límite financiero que los consumidores establecen para la adquisición de estas alternativas en comparación con los productos de origen animal. Los datos obtenidos sirvieron de base para una discusión densa sobre los desafíos que impiden la adopción masiva de estas proteínas en el mercado nacional.
El mercado de productos plant-based en Brasil, aunque no es un fenómeno reciente, ha pasado por una transición significativa de nicho a un intento de escala industrial. Inicialmente, la oferta era restringida y basada casi exclusivamente en soja, con características sensoriales que poco agradaban al paladar medio. Con la evolución de las exigencias de los consumidores, que pasaron a demandar productos más alineados a la sostenibilidad y al bienestar animal, la industria intensificó las inversiones en investigación y desarrollo. Entre los años 2019 y 2025, el sector registró hitos importantes, como el surgimiento de startups enfocadas en innovación alimentaria y la aceleración de la agenda ambiental en el pospandemia. Este movimiento refleja un cambio estructural, con grandes empresas diversificando portafolios para incluir carnes, lácteos y huevos de origen vegetal, buscando atender las directrices nutricionales globales y los compromisos de descarbonización asumidos para las próximas décadas.
Estudios indican que la producción de carne vegetal análoga genera impactos ambientales considerablemente menores que la producción de carne bovina, porcina o de pollo (GFI Brasil, 2022). Sin embargo, la participación de estos productos en las ventas globales aún es modesta en comparación con la proteína animal convencional. En 2023, mientras el volumen total de ventas de carne convencional alcanzó aproximadamente 410 millones de toneladas, la carne vegetal representó solo 656 mil toneladas a nivel global. Este crecimiento moderado va acompañado de elevados costos operativos, que abarcan desde la infraestructura fabril especializada hasta canales de distribución y logística complejos. A menudo, estos costos no son totalmente absorbidos por la cadena, lo que mantiene los precios finales elevados y exige aportes constantes de capital para el mantenimiento de las operaciones (Euromonitor, 2023).
A pesar de los desafíos estructurales, las proyecciones para el sector son optimistas, sugiriendo que las proteínas alternativas pueden representar entre el 11% y el 21% del mercado global de carnes hasta el año 2035 (Boston Consulting Group, 2021). En Brasil, la consolidación de este mercado depende de la superación de barreras relacionadas con el precio, la calidad sensorial y, principalmente, el nivel de información disponible para el consumidor. La investigación cualitativa realizada con 53 participantes reveló que el mercado plant-based interactúa de forma compleja con las disparidades socioeconómicas del país. Los resultados demostraron que el 60% de los encuestados son de sexo femenino, y la mayoría (53%) se sitúa en la franja de edad entre 31 y 40 años. Este dato sugiere que las mujeres pueden estar a la vanguardia de la búsqueda de dietas percibidas como más éticas y saludables, posiblemente debido al papel histórico que desempeñan en la gestión de la salud familiar y en las elecciones alimentarias del hogar.
La concentración geográfica de los consumidores también es un factor relevante, con el 81% de los participantes residiendo en la Región Sudeste. Históricamente, esta región concentra los mayores índices de desarrollo humano y el acceso facilitado a centros de innovación y distribución, lo que hace que el consumo de productos especializados sea un fenómeno predominantemente urbano y regionalizado. Además, el nivel de escolaridad de la muestra fue excepcionalmente alto, con el 62% poseyendo posgrado y el 25% con educación superior completa. Este perfil educacional se correlaciona directamente con la capacidad de internalizar temas complejos, como nutrición preventiva y ética animal, que aparecen como los principales impulsores de compra. Para este grupo, las cuestiones ambientales y éticas dejan de ser solo conceptos abstractos y pasan a orientar elecciones de estilo de vida.
Socialmente, la investigación desmitificó la idea de que el mercado es sostenido solo por veganos o vegetarianos estrictos, ya que solo el 8% de los participantes se identificaron con estos grupos. Sorprendentemente, el 79% de los encuestados ya experimentaron algún producto vegetal que simula alimentos de origen animal. La hamburguesa vegetal se consolidó como el artículo más consumido, siendo citado por el 74% de los participantes. Este dato refuerza la característica del producto como un artículo de conveniencia y de fácil inserción en la dieta, facilitando la experimentación por parte de aquellos que consumen proteína animal diariamente (85%) o algunas veces por semana (13%). El patrón de consumo identificado es, por lo tanto, de experimentación ocasional y no de sustitución integral.
En cuanto a la nomenclatura, el 51% de los participantes manifestaron preferencia por el término “Hamburguesa vegetal”, rechazando denominaciones más técnicas o restrictivas. Esto indica una búsqueda de claridad y de una identidad de producto que se integre al lenguaje cotidiano. Aunque el 62% afirman que la nomenclatura influye en la decisión de compra, el 81% declararon que nunca adquirieron un producto vegetal por error, creyendo que era de origen animal. Este resultado sugiere que, a pesar de la falta de estandarización oficial en las etiquetas, el consumidor actual está atento a la información presente en los envases y es capaz de distinguir las categorías en el punto de venta.
La cuestión financiera, sin embargo, sigue siendo el punto central de resistencia. Incluso en una muestra donde el 60% de los participantes tienen ingresos superiores a cinco salarios mínimos, la disposición a pagar más por un producto vegetal es baja. Solo el 15% de los encuestados aceptaría pagar un sobreprecio en relación con la proteína animal convencional, mientras que el 21% afirmó categóricamente que no compraría una hamburguesa vegetal independientemente del precio. Este escenario indica que el producto aún no ha convencido a la mayoría de la población a justificar el costo adicional, siendo percibido como de valor intrínseco desproporcional al precio de mercado. Para que ocurra una penetración real en la matriz alimentaria brasileña, el producto necesita ser competitivo en precio, superando la barrera de la experimentación de conveniencia para convertirse en un hábito regular.
En el ámbito regulatorio, Brasil avanza para suplir la brecha existente. La ANVISA incluyó la regulación de los productos plant-based en su Agenda Regulatoria para el bienio 2024-2025 (ANVISA, 2023). Paralelamente, el Ministerio de Agricultura y Ganadería, a través del Departamento de Inspección de Productos de Origen Vegetal, avanzó en la formulación de un marco propio, materializado en la Ordenanza 831 de 2023. Esta propuesta establece criterios rigurosos para identidad, calidad y etiquetado, fijando requisitos mínimos que incluyen la obligatoriedad de uso de ingredientes autorizados y la conformidad con estándares microbiológicos vigentes. La norma tiene como objetivo evitar que los productos presenten olores extraños o características incompatibles con la finalidad de venta, además de definir reglas para la nomenclatura.
A nivel internacional, el debate regulatorio es intenso. En Francia, en 2020, se intentó restringir el uso de términos como “carne” o “leche” para productos vegetales, pero la medida fue impugnada y, en 2023, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea decidió que los Estados miembros no pueden imponer restricciones adicionales a las normas de etiquetado ya establecidas por el bloque. Así, Francia revocó sus restricciones, alineándose a la directriz europea que permite el uso de términos consagrados siempre que vayan acompañados de una indicación clara del origen vegetal. En Estados Unidos, la Food and Drug Administration permite el uso de estos términos, exigiendo solo que la indicación de origen vegetal se destaque para no inducir al consumidor al error (Diaz, 2024). El Codex Alimentarius, referencia internacional, aún no tiene directrices específicas, lo que mantiene el escenario global en constante evolución.
La ausencia de una norma definitiva en Brasil genera tres problemas fundamentales: asimetría de información, inseguridad jurídica y competencia desleal. La asimetría ocurre cuando el consumidor no tiene acceso a datos claros sobre equivalencia nutricional, pudiendo ser inducido por alegaciones genéricas de salubridad sin respaldo técnico (Silva, 2025). La inseguridad jurídica afecta la fiscalización, ya que la falta de directrices uniformes dificulta la actuación coordinada de los órganos de vigilancia sanitaria. Además, el surgimiento de legislaciones estatales autónomas puede fragmentar el mercado nacional, imponiendo costos logísticos y barreras operativas para empresas que actúan en diversos estados.
La competencia desleal se agrava por una estructura tributaria desigual. Mientras los análogos vegetales son gravados por cargas elevadas de ICMS, PIS y Cofins, muchos productos de origen animal se benefician de subsidios o regímenes fiscales más favorables. Esta disparidad impacta el precio final y limita la competitividad de las alternativas vegetales. Otro desafío cultural relevante es la centralidad de la carne en la dieta brasileña, donde el alimento no representa solo nutrición, sino estatus social e identidad. Para el consumidor medio, retirar la carne del plato exige repensar completamente las prácticas alimentarias, lo que genera resistencia al cambio (GFI Brasil, 2019). Además, la asociación frecuente de productos plant-based con alimentos ultraprocesados genera preocupaciones sobre la real salubridad de estas alternativas, demandando total transparencia en las formulaciones.
Se concluye que el objetivo fue alcanzado, ya que el análisis detallado demostró que el mercado de productos plant-based en Brasil atraviesa una fase de expansión técnica, pero aún tropieza con barreras estructurales, regulatorias y culturales profundas. La ausencia de una legislación específica compromete la estandarización y la seguridad jurídica, favoreciendo la asimetría de información y la competencia desleal, especialmente ante una carga tributaria que desfavorece los análogos vegetales en comparación con la proteína animal. La investigación cualitativa confirmó que, aunque el interés por alternativas éticas y sostenibles es creciente, el consumo permanece concentrado en estratos de alta renta y escolaridad, siendo limitado por el precio elevado y por la fuerte tradición cultural del consumo de carne en el país. El fortalecimiento del sector depende, por lo tanto, de la implementación urgente de un marco regulatorio robusto, de incentivos fiscales que promuevan la equidad competitiva y de inversiones continuas en innovación tecnológica para mejorar la calidad sensorial y reducir los costos de producción, garantizando que estos productos dejen de ser artículos de experimentación ocasional para convertirse en opciones accesibles y seguras en la matriz alimentaria brasileña.
Referencias Bibliográficas:
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Pires, C.V.; Oliveira, M.G.D.A.; Rosa, J.C.; Costa, N.M.B. 2006. Qualidade nutricional e escore químico de aminoácidos de diferentes fontes protéicas. Food Science and Technology 26: 179-187.
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The Good Food Institute Brasil. 2022. Estudio Regulatorio sobre Proteínas Alternativas en Brasil – Proteínas Vegetales. 115p.
Resumen ejecutivo del Trabajo de Conclusión de Curso de la Especialización en Agronegocios del MBA USP/Esalq
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