Artículo

Gestión Escolar

30 de septiembre de 2026

El Coordinador Pedagógico en la Enseñanza Media: Posibilidades y Desafíos

El Coordinador Pedagógico en la Enseñanza Media: Posibilidades y Desafíos

Déborah Christina de Mendonça Oliveira; Victor Hugo Luna Peres

DOI: 10.22167/2675-6528-202602829

Artículo derivado del Trabajo de Conclusión de Curso (TCC), con contenido basado en el trabajo original del alumno y adaptado al formato editorial de la Revista E&S con el apoyo de la herramienta ResumeAI, solución de inteligencia artificial desarrollada por el Instituto Pecege para síntesis y organización textual.

Resumen

Se analizó la función del coordinador pedagógico en la enseñanza secundaria de escuelas públicas del Distrito Federal, centrándose en sus atribuciones, formación, construcción de la identidad profesional y desafíos. El estudio partió de la constatación de que, a pesar de su importancia estratégica, la actuación del coordinador enfrenta desafíos por la indefinición de sus atribuciones y por la práctica de sus funciones. Se objetivó analizar las atribuciones del coordinador pedagógico e identificar los desafíos en la construcción de su identidad profesional y en la definición de sus tareas. La investigación adoptó enfoques cualitativo y cuantitativo, combinando análisis bibliométrico de la producción científica en lengua portuguesa (1996-2025), examen de documentos legales y normativos, e interpretación crítica de la experiencia profesional. Los resultados indicaron que la coordinación pedagógica sigue siendo una función estratégica, pero está atravesada por la indefinición de atribuciones, la superposición de tareas, la fragilidad formativa, las tensiones entre control y autonomía, y las dificultades para consolidar una identidad profesional nítida. La literatura revisada reconoció la formación continua de profesores como eje central de la función, pero evidenció la distancia entre el papel previsto y la práctica efectiva. Se concluyó que el fortalecimiento de la coordinación pedagógica en la enseñanza secundaria exige reorganización institucional del trabajo, políticas de formación específica, mayor claridad normativa y valoración del coordinador como articulador del proyecto pedagógico y del desarrollo docente.

Palabras clave: Coordinador pedagógico; Enseñanza media; Formación docente; Identidad.

1. Introducción

En el contexto de la organización escolar, el coordinador pedagógico (CP) asume una posición estratégica en la articulación de las prácticas educativas, actuando como mediador entre profesores, estudiantes y equipo directivo. Su actuación es fundamental para la cualificación de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Cuando este trabajo encuentra intencionalidad y reconocimiento, la escuela gana dirección pedagógica, el profesor deja de trabajar de forma aislada y el estudiante pasa a ser visto en su trayectoria concreta. Sin embargo, la coordinación corre el riesgo de ser reducida a un espacio de mediación improvisada de conflictos, cumplimiento de rutinas administrativas y respuesta a urgencias que se renuevan diariamente, escenario comúnmente observado en el cotidiano escolar.

En la escuela secundaria, la discusión sobre el papel del coordinador pedagógico adquiere contornos particulares, dada la complejidad de la etapa. Esta fase se caracteriza por múltiples desafíos, como la heterogeneidad de los grupos, las presiones por el rendimiento, las redefiniciones curriculares, las dificultades históricas de permanencia de los estudiantes, los dilemas de la juventud contemporánea y la creciente exigencia sobre los profesionales de la escuela. En este escenario, el coordinador pedagógico es llamado a acompañar prácticas docentes, estimular procesos de reflexión, articular el proyecto político-pedagógico (PPP), mediar relaciones, fortalecer la cultura de planificación y sostener, con el equipo, una lectura crítica de la realidad escolar.

A pesar de la importancia estratégica del coordinador pedagógico en la gestión escolar, su actuación aún enfrenta desafíos derivados de la indefinición de sus atribuciones profesionales y de la práctica de sus funciones. La legislación vigente, como la Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional (Brasil, 1996), no presenta una definición clara sobre el cargo, delegando a las redes de enseñanza la responsabilidad de estructurar esta función. En el Distrito Federal, la elección del coordinador pedagógico se basa en una ordenanza publicada anualmente en el Diario Oficial, que contempla criterios profesionales, mientras que las atribuciones están definidas en el Reglamento Escolar de la Red Pública de Enseñanza del Distrito Federal (Distrito Federal, 2015).

La literatura sobre el tema, a ejemplo de Placco y Almeida (2019), señala que el coordinador pedagógico frecuentemente asume un papel multifuncional, siendo visto como un “todopoderoso” dentro de la escuela. La falta de claridad en las directrices que regulan esta función contribuye a una sobrecarga de tareas y dificultades en la delimitación de su campo de actuación. Esta indefinición genera impactos directos en la efectividad de la gestión pedagógica y en el propio desarrollo profesional de los coordinadores. Además, la identidad profesional del coordinador pedagógico es un proceso continuo, influenciado por el reconocimiento del papel social ejercido (Nóvoa, 1995), y la ausencia de atribuciones claramente delimitadas dificulta la consolidación de una identidad sólida.

Es en este contexto que se formula la problemática de la investigación: ¿cómo comprender la función del coordinador pedagógico en la enseñanza media de las escuelas públicas del Distrito Federal, considerando el desajuste entre sus atribuciones formales y la práctica cotidiana, las dificultades de constitución de su identidad profesional y las lagunas de formación inicial y continuada? Esta cuestión emerge del enfrentamiento entre la normatividad, la producción científica y la experiencia concreta acumulada en el cotidiano escolar.

La justificación académica de este estudio reside en el hecho de que, si bien existe un crecimiento en la producción sobre coordinación pedagógica, el relevamiento bibliométrico indica dispersión temática, poca consolidación de redes de investigación y concentración más reciente de las publicaciones. Esto sugiere que el campo aún está en proceso de maduración, especialmente cuando se observan recortes específicos, como la enseñanza secundaria pública del Distrito Federal. Desde el punto de vista práctico, discutir la coordinación pedagógica significa discutir condiciones de mejora del trabajo docente, de la cultura de planificación, de la formación en servicio y, en última instancia, de la calidad de la experiencia escolar de los estudiantes. Ante este escenario, este trabajo tiene como objetivo analizar la función del coordinador pedagógico en la enseñanza secundaria de las escuelas públicas del Distrito Federal, investigando los desafíos enfrentados, la identidad profesional de este agente educativo, su formación inicial y continuada y sus atribuciones.

2. Material y Métodos

La investigación de la función del coordinador pedagógico en la enseñanza media de las escuelas públicas del Distrito Federal adoptó un enfoque metodológico mixto, combinando elementos cualitativos y cuantitativos. Esta elección tuvo como objetivo proporcionar una comprensión integral del objeto de estudio, considerando las múltiples facetas de la actuación del coordinador.

El primer procedimiento consistió en un análisis bibliométrico de la producción científica en lengua portuguesa, publicado entre 1996 y 2025. El levantamiento se realizó en el buscador Google Académico, utilizándose tres descriptores: “coordinadora pedagógica”, “coordinación pedagógica” y “coordinador pedagógico”. La inclusión del término femenino consideró la predominancia de mujeres en la función (Campos y Aragão, 2016).

Para la construcción del corpus, se incluyeron artículos de periódicos, capítulos de colecciones y trabajos publicados en actas de eventos. Se excluyeron disertaciones, tesis, TCCs, producciones con fuga al tema o enlaces no disponibles. La búsqueda de los descriptores “coordinación pedagógica” y “coordinador pedagógico” se limitó a las primeras 25 y 30 páginas del buscador, respectivamente, debido a la disminución de la relevancia de los resultados.

Tras la identificación inicial, se seleccionaron 30 trabajos para lectura en profundidad, priorizando aquellos con mayor número de citas. Para cada texto, se elaboraron fichas de lectura con título, autor, tipo de publicación, resumen de las ideas principales y análisis de los macrotemas.

El análisis bibliométrico tuvo como objetivo identificar tendencias, lagunas, comunidades académicas y redes de investigadores sobre la coordinación pedagógica (Chueke y Amatucci, 2015). Los datos recopilados se organizaron en hojas de cálculo, que contenían información sobre autores, títulos, años y vehículos de publicación, palabras clave, aspectos metodológicos, lugares de publicación, Qualis y número de citas.

El segundo procedimiento metodológico fue el análisis documental, que compuso la dimensión cualitativa de la investigación. Se examinaron documentos legales y normativos que regulan la función del coordinador pedagógico, con foco en la Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional (Brasil, 1996) y en el Reglamento Escolar de la Red Pública de Enseñanza del Distrito Federal (Distrito Federal, 2015). La lectura de estos documentos tuvo como objetivo confrontar las atribuciones y expectativas formalmente prescritas para la función con la práctica efectivamente observada en el cotidiano escolar, estableciendo un parámetro objetivo para la discusión del distanciamiento entre el plan normativo y el ejecutado.

El tercer procedimiento cualitativo consistió en la elaboración de un relato de experiencia, concebido como dispositivo interpretativo. Este relato se fundamentó en la vivencia profesional de la propia autora como coordinadora pedagógica en escuelas públicas de enseñanza media del Distrito Federal, en el período de 2007 a 2014. La producción del relato siguió los presupuestos de Mussi et al. (2021), quienes lo definen como una reflexión crítica sobre una realidad vivida.

La experiencia profesional de la autora se utilizó como material para la reflexión crítica sobre situaciones concretas, buscando comprender la realización de la coordinación pedagógica en la escuela real. La vivencia se dialogó constantemente con la literatura consultada y con los datos bibliométricos, evitando el impresionismo o la generalización de la experiencia singular.

Para la organización y sistematización de la información, se utilizó el apoyo de herramientas de inteligencia artificial. Estas herramientas se emplearon estrictamente para estructurar los datos, sin ninguna interferencia en la producción o en el análisis interpretativo. En relación con los cuidados éticos, la investigación, por encuadrarse en los ítems VI y VII del párrafo único del Artículo 1º de la Resolución CNS nº 510 de abril de 2016, fue dispensada de registro y análisis por el sistema CEP/CONEP.

La metodología adoptada, al integrar bibliometría, análisis documental y relato de experiencia, buscó preservar la complejidad del objeto de estudio. Las limitaciones incluyeron la concentración del levantamiento bibliométrico en publicaciones en lengua portuguesa y formatos específicos, la no exhaustividad de todas las normativas sobre la función en el Distrito Federal en el análisis documental, y el recorte temporal e institucional específico del relato de experiencia. Estas delimitaciones sitúan el alcance de los resultados para la comprensión de la función.

3. Resultados y Discusión

El análisis y la discusión de los resultados presentados en esta sección constituyen el núcleo interpretativo del estudio, articulando los hallazgos de la investigación con el marco teórico y el contexto empírico investigado. Inicialmente, se detallan los resultados del análisis bibliométrico, que permitieron mapear las principales tendencias de la producción científica sobre la coordinación pedagógica, identificar autores de referencia y evidenciar lagunas en el campo. Estos datos dialogan directamente con el análisis documental, posibilitando comprender en qué medida las atribuciones legalmente previstas se concretan en la práctica escolar, especialmente en la enseñanza media pública del Distrito Federal.

A continuación, la discusión incorpora el relato de experiencia de la autora, un elemento fundamental para la comprensión de las dinámicas reales de la vida escolar cotidiana. Esta articulación entre teoría, legislación y práctica permite evidenciar tensiones recurrentes, como la multifuncionalidad del coordinador pedagógico, la sobrecarga de demandas y la indefinición de su campo de actuación. La combinación de estos enfoques metodológicos ofrece una visión abarcadora y multifacética de la complejidad de la función del coordinador pedagógico, conforme a lo propuesto en los objetivos de la investigación.

Panorama de la producción científica

Los datos obtenidos a través del análisis bibliométrico indican que el campo de estudio sobre coordinación pedagógica aún presenta características de desarrollo incipiente, con baja consolidación teórica y fragmentación en la producción científica. La diferencia entre los descriptores utilizados es reveladora: “coordinadora pedagógica” arrojó 61 resultados, “coordinación pedagógica” presentó 728 resultados y “coordinador pedagógico” obtuvo 1.280 resultados. Este dato sugiere que la producción científica se organiza más fuertemente en torno a la figura profesional del coordinador pedagógico que propiamente al fenómeno institucional de la coordinación en sí.

A partir de los datos recopilados, no se observan muchas redes consolidadas de autores sobre el tema, ya que la mayoría de los trabajos aparecen de forma aislada. Algunos autores, como Placco, Souza, Almeida, Fernandes y Bruno, se repiten con cierta constancia, indicando la existencia de redes de investigación y colaboración, especialmente los trabajos de Placco, Almeida y Souza, desarrollados casi siempre en asociación, con una gran concentración de publicaciones entre los años 2001 y 2016. Esta dispersión apunta a la ausencia de colaboración recurrente entre los investigadores, grupos o laboratorios, evidenciando un predominio de producciones vinculadas a investigaciones individuales, como TCCs, disertaciones, tesis o informes de experiencia.

En relación con las metodologías adoptadas en la producción científica, las más frecuentes fueron la revisión bibliográfica, el relato de experiencia y la investigación cualitativa con uso de entrevistas y cuestionarios semiestructurados. Se observa, por lo tanto, un énfasis en los enfoques teóricos de carácter bibliográfico y en estudios de naturaleza descriptiva. Esta predominancia metodológica refleja la fase de consolidación del campo, donde la descripción y la revisión de literatura son etapas iniciales importantes para la construcción de un cuerpo de conocimiento más robusto.

La distribución de las publicaciones a lo largo del período considerado (1996-2025) reveló una mayor concentración de estudios en los años 2013 a 2024. Este período coincide con el fortalecimiento de políticas públicas orientadas a la gestión escolar, la valoración de la carrera docente y el incentivo de la formación continua. Este crecimiento reciente puede interpretarse como un indicativo de que el tema está ganando visibilidad, posiblemente debido a la ampliación del debate sobre formación continua, gestión escolar y trabajo colectivo docente.

Por otro lado, la reciente concentración de publicaciones también revela que, durante mucho tiempo, la coordinación pedagógica no ocupó un lugar central en la agenda de la investigación educativa, a pesar de su importancia práctica dentro de las escuelas. Específicamente para el descriptor “coordinadora pedagógica”, de los 10 resultados aprovechados, el 50% se refieren a estudios de los años 2022 y 2023. Para “coordinación pedagógica”, de los 39 resultados aprovechados, 30 fueron publicados entre 2016 y 2024, representando alrededor del 77% del total. Ya para “coordinador pedagógico”, el 64% de los estudios fueron publicados entre 2016 y 2025, confirmando la tendencia de crecimiento reciente.

Los números de trabajos científicos publicados entre 1996 y 2015 revelan que la función del coordinador pedagógico, a pesar de estar prevista en la LDB (Brasil, 1996), fue poco estudiada y comprendida en ese período inicial. Esta laguna de investigación anterior a 2013-2016 sugiere que la academia tardó en reconocer la relevancia y la complejidad de la función, lo que impactó la construcción de un cuerpo teórico más consolidado para fundamentar las prácticas y políticas educacionales.

En cuanto al lugar de publicación, la mayoría de los trabajos provienen de instituciones públicas, con una fuerte concentración de producción en las regiones Sur y Sudeste, más particularmente en el estado de São Paulo. Para el descriptor “coordinadora pedagógica”, São Paulo representa el 60% de las publicaciones, seguido por Pernambuco, Bahía, Santa Catarina y Rio Grande do Sul, cada uno con el 10%. Para “coordinación pedagógica”, São Paulo concentra el 36,8%, seguido por Paraná (15,8%) y Distrito Federal (10,5%). Para “coordinador pedagógico”, São Paulo representa el 33,3%, con Rio Grande do Sul (15%) y Paraná (10%) también con participaciones significativas.

Esta concentración geográfica, especialmente en São Paulo, demuestra que este estado constituye un polo activo de investigación sobre el tema. Sin embargo, esta predominancia también se refleja en las temáticas abordadas, ya que muchos estudios se centran en la realidad del estado de São Paulo, lo que, aunque valioso, no siempre explora las especificidades de otros contextos. Así, permanece una brecha importante en lo que respecta al recorte de la enseñanza secundaria y al contexto del Distrito Federal, justificando la relevancia del presente estudio.

En cuanto al tipo de publicación, la mayor parte de la producción científica sobre el tema se encuentra en artículos de revistas del área de educación. Para “coordinadora pedagógica”, el 70% son artículos de revista y el 30% son capítulos de libro. Para “coordinación pedagógica”, el 82,1% son artículos de revista, el 10,3% capítulos de libro y el 7,7% actas de congreso. Para “coordinador pedagógico”, el 85% son artículos de revista, el 10% capítulos de libro y el 5% actas de congreso. Estos datos refuerzan la importancia de las revistas científicas como principal vehículo de difusión del conocimiento en el campo.

Ante este panorama, se evidencia que la producción científica sobre la coordinación pedagógica, aunque en expansión en las últimas décadas, aún carece de mayor consolidación teórica, articulación entre investigadores y diversificación de enfoques metodológicos. La predominancia de estudios descriptivos, la dispersión de los autores y la concentración geográfica de las investigaciones indican la necesidad de avances en el campo, especialmente en el fortalecimiento de redes colaborativas y en la ampliación de investigaciones que contemplen diferentes contextos educativos. Se vuelve fundamental invertir en investigaciones que profundicen la comprensión de la coordinación pedagógica como fenómeno institucional, superando la centralidad exclusiva en la figura del profesional, así como ampliando los recortes empíricos, de modo a incluir etapas de enseñanza y realidades aún poco exploradas.

Temas abordados

El análisis de los 30 textos seleccionados para la lectura permitió identificar un conjunto consistente de macrotemas que estructuran el campo de estudio sobre la coordinación pedagógica en el contexto de la educación básica en Brasil. A partir de un enfoque temático, fue posible mapear patrones de recurrencia en la producción analizada. Se observó que la literatura converge hacia una visión del coordinador pedagógico como articulador del trabajo pedagógico, formador de profesores y mediador de procesos educativos, pero constantemente tensionado por la sobrecarga, la burocratización, la fragilidad identitaria, las reformas gerencialistas y la insuficiencia de condiciones materiales y formativas.

De esta forma, la literatura describe la coordinación no solo como una función administrativa, sino como una función eminentemente pedagógica y formativa, cuya efectividad depende de condiciones políticas, históricas, institucionales y culturales. Los macrotemas más recurrentes y sus frecuencias en los 30 textos analizados fueron: formación docente y desarrollo profesional (28 textos, 93,3%); trabajo colectivo, colaboración y diálogo (24 textos, 80,0%); condiciones de trabajo, sobrecarga y burocratización (24 textos, 80,0%); reflexión sobre la práctica / acción-reflexión-acción (22 textos, 73,3%); cambio, emancipación, autonomía y transformación (22 textos, 73,3%); identidad profesional del coordinador (18 textos, 60,0%); planificación pedagógica, Proyecto Político Pedagógico (PPP) y organización del trabajo (18 textos, 60,0%); políticas públicas, legislación, gerencialismo y control (16 textos, 53,3%); base teórica y formación específica (Didáctica/Pedagogía) (13 textos, 43,3%); y mediación institucional y relaciones escolares (familia, comunidad, autoridad, grupo) (11 textos, 36,7%).

En la muestra considerada, el dato más fuerte es la centralidad de la formación continua de los profesores, presente en prácticamente la totalidad de los textos analizados (93,3%). La coordinación pedagógica es reiteradamente definida como una función esencialmente formativa, cuya principal responsabilidad consiste en promover el desarrollo profesional docente. Esta concepción rompe con perspectivas tradicionales que asocian al coordinador con funciones meramente administrativas o de supervisión, como un agente responsable de la implementación de las políticas educativas definidas por órganos superiores. Por el contrario, los estudios indican que la escuela es comprendida como un espacio privilegiado de formación en servicio, en el cual la práctica docente se constituye como objeto de análisis, reflexión y cambio.

En este sentido, la coordinación pedagógica asume un papel estratégico al promover momentos de estudio y reflexión colectiva, no solo en espacios formativos tradicionales, como cursos, conferencias y talleres, sino en todos los momentos de intercambio y discusión presentes en el cotidiano escolar, incluyendo reuniones pedagógicas, consejos de clase y conversaciones en la sala de profesores. Souza (2001) destaca que estos espacios de formación tienen como objetivos articular teoría y práctica, fomentar la construcción de saberes profesionales contextualizados y contribuir a la mejora de la calidad de la enseñanza. Los estudios analizados convergen en la defensa de que la formación docente es un proceso colectivo y que la construcción del conocimiento pedagógico ocurre en la interacción entre pares, con el coordinador actuando como mediador de las relaciones y articulador del grupo docente.

Sin embargo, se evidencia que estos espacios frecuentemente se ven fragmentados por demandas emergenciales, sobrecargados por múltiples pautas de naturaleza burocrática y vaciados de su función formativa, como destaca Placco (2008). De esta manera, los espacios destinados a la reflexión del hacer pedagógico se convierten en momentos de avisos, discusiones de índole no pedagógica y momentos de desahogos, en los cuales los profesores relatan sus anhelos, dificultades e insatisfacciones sin ninguna intervención pedagógica por parte de la gestión escolar. La sala de coordinación se convierte, por lo tanto, en un ambiente marcado por quejas, donde los espacios formativos dejan de cumplir su papel central y pasan a asumir una función casi terapéutica, puesto que los profesores utilizan estos momentos para compartir frustraciones acumuladas en el cotidiano escolar, buscando validación entre pares que vivencian desafíos similares.

El segundo eje fuertemente presente (80% de los textos) es la valorización del trabajo colectivo, del diálogo y de la colaboración como fundamentos de la coordinación pedagógica. La literatura consultada valora el trabajo colectivo, el diálogo y la reflexión, pero, al mismo tiempo, muestra que estos procesos son continuamente interrumpidos por falta de tiempo, urgencias de la vida cotidiana escolar, exceso de demandas, burocracia y presión por resultados. Esta interrupción constante compromete la efectividad de las acciones formativas y la consolidación de una cultura de colaboración, transformando el potencial espacio de desarrollo profesional en un ambiente de gestión de crisis y demandas inmediatas.

Otro hallazgo relevante se refiere a la presencia recurrente de una tensión estructural entre el papel formativo atribuido a la coordinación pedagógica y las condiciones reales de ejercicio de la función. A partir de la interpretación de los macrotemas, se observa que el 80% de los textos evidencian que el cotidiano del coordinador pedagógico está marcado por un exceso de demandas administrativas, como la realización de formaciones definidas por las direcciones educativas, acumulación de tareas burocráticas, atención a situaciones de emergencia y desvío de función. En algunas unidades escolares, el coordinador pedagógico realiza tareas que deberían ser desarrolladas por otros servidores, ya sea por desconocimiento de su real función o por falta de personal.

Esta realidad compromete significativamente el tiempo y la calidad de las acciones orientadas a la formación docente. En muchos casos, el coordinador pasa a actuar como un “gestor de urgencias”, desplazándose de su función pedagógica central a actividades operacionales. Este escenario revela una contradicción importante: aunque la literatura y las políticas educativas reconocen la coordinación como un espacio de formación, las condiciones institucionales frecuentemente inviabilizan la concreción de este papel. Tal situación se ve reforzada por el hecho de que el coordinador pedagógico es el actor más accesible en la cadena gestora, mientras que las puertas de la dirección escolar permanecen, a menudo, “cerradas a lo pedagógico” y a las “demandas menores” del cotidiano escolar, correspondiendo al coordinador gestionar los imprevistos del día a día.

El análisis también evidencia que la identidad profesional del coordinador pedagógico constituye un tema recurrente (60% de los textos), siendo frecuentemente descrita como ambigua, fragmentada y en proceso de construcción. Esta fragilidad identitaria puede estar asociada a factores como las formas de acceso a la función (concurso específico, elección democrática por los pares, indicación de la gestión escolar), la indefinición de las atribuciones de la función, la ausencia de formación específica adecuada, la acumulación de funciones no pedagógicas y los cambios en las políticas educativas. Trabajos como el de Fernandes (2009) indican que el coordinador, muchas veces, no es reconocido ni por sí mismo ni por los demás actores escolares como un profesional con identidad claramente definida, lo que impacta directamente su actuación y su capacidad de liderazgo pedagógico.

Otro resultado relevante es la fuerza de los temas ligados a la identidad profesional, al Proyecto Político-Pedagógico (PPP) y a las políticas públicas, presentes en el 60% de los textos. Esto demuestra que el debate sobre la coordinación pedagógica no es solo metodológico, sino también político, institucional e histórico. La coordinación aparece como un campo en disputa: por un lado, una perspectiva formativa, democrática y emancipadora; por otro, una perspectiva gerencial, performativa y de control. Esta dualidad refleja las tensiones inherentes a la función, que necesita equilibrar las demandas pedagógicas con las exigencias administrativas y políticas.

La influencia de las políticas públicas educativas, especialmente aquellas orientadas por una lógica gerencialista, es otro aspecto relevante, abordado en el 53,3% de los textos. Se observa que, en las últimas décadas, ha habido un desplazamiento de la función de la coordinación pedagógica hacia actividades de monitoreo de resultados, seguimiento de evaluaciones externas, control del desempeño escolar e implementación de políticas centralizadas. Este cambio de perspectiva ha producido un conflicto entre el papel formativo del coordinador pedagógico y su utilización como instrumento de regulación y control del trabajo docente, como destacado por Fernandes (2012). A pesar de ello, en el cotidiano escolar, los coordinadores frecuentemente reinterpretan y adaptan las políticas, ejerciendo cierta autonomía al adaptar las regulaciones externas a la realidad de la escuela en la que actúan.

A partir de lo discutido en esta sección, se puede afirmar que existe, por un lado, un consenso teórico de que el coordinador debe actuar como promotor de la formación docente, articulador del trabajo pedagógico, mediador de las relaciones escolares que involucran a los diferentes actores y promotor de la reflexión y la autonomía docente. Por otro lado, las condiciones reales de la coordinación pedagógica revelan sobrecarga y burocratización de la función, fragilidad identitaria, insuficiencia de formación específica y presiones institucionales y gerencialistas. Esta dicotomía entre lo ideal y lo real es uno de los principales desafíos que enfrentan estos profesionales.

Atribuciones del coordinador pedagógico: legislación versus práctica

Aunque la Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional (Brasil, 1996) no menciona explícitamente la función de coordinador pedagógico, sus disposiciones permiten inferir el papel de este profesional en el apoyo a los procesos educativos y en la organización de la gestión escolar. El coordinador pedagógico se integra en el conjunto de profesionales que actúan en el apoyo a los procesos de enseñanza y aprendizaje, ejerciendo un papel fundamental en la garantía de la calidad de la educación. Su función se articula especialmente con la promoción del trabajo pedagógico colectivo, la implementación del Proyecto Político-Pedagógico (PPP) y el seguimiento sistemático de la práctica docente.

La LDB (Brasil, 1996), al enfatizar la gestión democrática (artículo 14) y la necesidad de formación y valorización de los profesionales de la educación (artículos 61 a 67), sustenta la actuación del coordinador como mediador entre las políticas educativas y la práctica escolar cotidiana. Así, corresponde a este profesional fomentar procesos formativos continuados, apoyar la planificación didáctica, promover la integración entre los diferentes actores de la escuela y contribuir a la construcción de una cultura institucional orientada al aprendizaje de los estudiantes. De esta forma, aunque no sea explícitamente nombrado, el coordinador pedagógico emerge, en el contexto de la LDB, como un articulador del trabajo pedagógico.

A la luz del Reglamento Escolar de la Red Pública de Enseñanza del Distrito Federal (Distrito Federal, 2015), el coordinador pedagógico se configura como un agente estratégico en la mediación entre las directrices institucionales y la práctica docente, asumiendo funciones que articulan la planificación, el seguimiento y la evaluación de los procesos de enseñanza y aprendizaje. Sus atribuciones se concentran en la organización y conducción del trabajo pedagógico colectivo, destacando la elaboración, implementación y monitoreo del Proyecto Político-Pedagógico, así como la promoción de espacios formativos continuos junto a los profesores, a través de reuniones pedagógicas, estudios dirigidos y análisis de prácticas. Corresponde, además, al coordinador acompañar el desempeño de los estudiantes, analizar indicadores educacionales y proponer intervenciones que visen la mejora del aprendizaje, actuando de forma colaborativa con el equipo gestor y el cuerpo docente.

En el día a día escolar, su actuación también involucra la orientación didáctico-metodológica, el apoyo a la construcción de estrategias inclusivas y la mediación de conflictos pedagógicos, consolidándose como elemento central en la garantía de la calidad de la educación y en el fortalecimiento de una cultura escolar pautada en la reflexión crítica y en el trabajo colectivo. En el Distrito Federal, el Reglamento Escolar (Distrito Federal, 2015) establece la Coordinación Pedagógica como espacio-tiempo de reflexión sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje y de formación continuada, destinado al planeamiento, a la orientación y al acompañamiento de las actividades didáctico-pedagógicas. El artículo 120 del Reglamento atribuye al coordinador pedagógico local, entre otras responsabilidades, la elaboración anual del Plan de Acción de la Coordinación Pedagógica y la participación en la elaboración, implementación, acompañamiento y evaluación del Proyecto Político-Pedagógico.

El Reglamento también prevé la orientación y coordinación de la participación docente en la elaboración y evaluación de la organización curricular, la articulación de las acciones pedagógicas entre los diferentes segmentos de la unidad escolar y la Coordinación Regional de Enseñanza, el incentivo a la participación docente en las acciones pedagógicas promovidas por la SEEDF (Secretaría de Estado de Educación del Distrito Federal), y el seguimiento del trabajo docente en la implementación del Currículo de la Educación Básica y de las Orientaciones Pedagógicas, utilizando estudios, investigaciones y talleres como estrategias de formación continua. Además, el coordinador debe estimular el uso de recursos tecnológicos y colaborar en los procesos de evaluación institucional, articulando sus diferentes niveles con vistas a la mejora de la enseñanza y del aprendizaje. El conjunto de estas atribuciones evidencia que, en el plano normativo, la función posee un núcleo claramente pedagógico, articulado a la formación docente, a la planificación, al currículo, a la evaluación y a la gestión democrática, lo que permite establecer un parámetro objetivo para el análisis del distanciamiento entre el trabajo prescrito y aquel efectivamente realizado en el cotidiano de las escuelas.

Sin embargo, los resultados de esta investigación apuntan al contraste, frecuentemente observado en el cotidiano escolar, entre lo que la legislación atribuye al coordinador pedagógico y aquello que efectivamente realiza en la escuela. El plan normativo y el plan teórico convergen al señalar la formación continuada de profesores, la articulación del PPP, la organización de reuniones pedagógicas y el acompañamiento de la práctica docente como elementos centrales de la función. El cotidiano, sin embargo, distribuye el tiempo del coordinador por una red de demandas que comúnmente desplaza este núcleo formativo a un segundo plano, comprometiendo la efectividad de su actuación pedagógica.

Los textos estudiados describen este fenómeno con cierta recurrencia. Bruno (2006) identifica rutinas de escritura, atención a familias y conducción de reuniones cuya potencia reflexiva es a menudo reducida por la lógica operacional. Almeida et al. (2016) muestran que tareas administrativas, organización de rutinas escolares y resolución de problemas emergenciales consumen gran parte del tiempo de trabajo. Franco (2008) trata de una escuela de poca planificación y mucha improvisación, sin planeamiento, en la que los coordinadores se ven cansados. No se trata, por lo tanto, de un problema puntual o localizado; se trata de un rasgo estructural de la función en diversos contextos educativos.

La experiencia de la escuela secundaria pública del Distrito Federal dialoga intensamente con esta literatura. En muchas escuelas, el coordinador inicia el día con una agenda concebida para el acompañamiento pedagógico y el estudio con profesores, pero rápidamente es convocado para sustituir profesores, resolver conflictos entre estudiantes, atender solicitudes de la dirección, acoger a responsables y cumplir urgencias administrativas. Al final de la jornada, permanece la sensación de haber trabajado mucho y conseguido avanzar poco en lo que sería esencial. Esta realidad evidencia la dificultad de mantener el foco en las atribuciones pedagógicas ante la presión de las demandas operacionales y emergenciales.

Hay un aspecto importante a destacar: la multiplicidad de tareas no es, en sí, ilegítima, pues la escuela es una institución viva, llena de imprevistos, y el coordinador, por su posición de referencia, naturalmente participa de varias mediaciones. El problema aparece cuando el conjunto de estas mediaciones se organiza sin jerarquía y sin criterios. En esta circunstancia, cualquier demanda puede ganar prioridad inmediata, y la formación docente pasa a depender de lo que “sobre” de tiempo y energía. El estudio de Placco (2008) es relevante para esta discusión al proponer que el CP necesita aprender a transformar muchas urgencias en rutinas, previendo comportamientos y acciones necesarias. Así, necesita analizar su cotidiano y evaluar qué acciones y actividades necesitan ser perfeccionadas u organizadas de una forma más eficiente para rescatar el foco pedagógico.

Al confrontar legislación y práctica, esta investigación sostiene, por lo tanto, que el problema central no está en la ausencia de definición de la función del CP, pues existe un conjunto de atribuciones descritas; lo que falta es una organización institucional que preserve la centralidad de estas atribuciones ante las presiones del cotidiano escolar. La mera existencia de normativas no garantiza la efectividad de la función si las condiciones de trabajo y la cultura institucional no están alineadas con el papel pedagógico esperado del coordinador. La implementación de políticas de apoyo y la reestructuración de las rutinas escolares son esenciales para que el coordinador pueda, de hecho, ejercer su función formativa.

Desafíos de la función

Los desafíos identificados en el corpus analizado pueden organizarse en tres ejes centrales, a saber: la sobrecarga de trabajo, la desviación de funciones y la intensificación de las demandas institucionales. Si bien esta separación contribuye analíticamente a la comprensión del fenómeno, en la práctica, tales dimensiones se articulan de forma dinámica, potenciando los impactos negativos en la actuación del coordinador pedagógico. La comprensión de estos ejes es fundamental para proponer intervenciones que apunten al fortalecimiento de la coordinación pedagógica en la enseñanza media.

La sobrecarga de trabajo aparece de manera recurrente en la literatura examinada. Franco (2008) describe coordinadores sometidos a jornadas extensas, marcadas por agotamiento y por la percepción de que los resultados no acompañan el esfuerzo invertido. Placco et al. (2012) destacan la acumulación de responsabilidades, la insuficiencia de recursos materiales y la limitación de tiempo para actividades formativas. Por su parte, Cunha et al. (2013) evidencian que el sentimiento de “no poder con todo” atraviesa los momentos colectivos de trabajo pedagógico. Estos elementos indican que la sobrecarga no es episódica, sino constitutiva de las condiciones de ejercicio de la función, convirtiéndose en un obstáculo estructural para la efectividad de la coordinación.

Además del aspecto cuantitativo, la sobrecarga asume también una dimensión cualitativa, expresada en la dispersión de las actividades. El coordinador pedagógico es frecuentemente demandado a transitar entre múltiples funciones, lo que compromete la continuidad del trabajo formativo, exigiendo constante adaptación y dificultando la concentración necesaria a la reflexión pedagógica. Esta dispersión de tareas impide que el coordinador profundice su actuación en áreas específicas, transformándolo en un profesional que actúa en diversos frentes, pero con poca profundidad en cada una de ellas, lo que genera frustración e ineficacia.

La desviación de funciones agrava este escenario al transformar al coordinador en un punto de convergencia de demandas heterogéneas. En contextos donde los límites de la función no están claramente establecidos, se produce un desplazamiento hacia actividades que, aunque relevantes para la dinámica escolar, no deberían ocupar el centro de su actuación. Algunos estudios, como Fernandes (2009), mencionan explícitamente la desviación de funciones; otros la describen de manera indirecta. En ambos casos, se evidencia un debilitamiento tanto de la organización del trabajo como del reconocimiento institucional de la coordinación pedagógica, ya que el profesional termina asumiendo responsabilidades que no corresponden a su rol principal, diluyendo su identidad y enfoque.

Las demandas institucionales, a su vez, amplían la complejidad del trabajo al extrapolar el espacio de la escuela. Las políticas educativas, las evaluaciones externas, los programas oficiales y las exigencias de rendición de cuentas imponen una lógica de monitoreo y control. Fernandes (2012) demuestra cómo las reformas educativas pueden atribuir al coordinador el papel de difusor de políticas y de regulador de la práctica docente. En este contexto, el profesional pasa a mediar la implementación de directrices, el seguimiento de indicadores y el cumplimiento de metas, a menudo en detrimento de procesos más profundos de escucha y formación docente, transformándolo en un agente de control en lugar de un facilitador pedagógico.

En la escuela secundaria, tales desafíos se intensifican por especificidades de la etapa, como la complejidad curricular, la presencia de profesores especialistas, el elevado número de estudiantes y las demandas propias de la juventud. A esto se suma la presión social por resultados, lo que lleva al coordinador a lidiar simultáneamente con cuestiones como la deserción, el desfase de aprendizaje, la inclusión y la preparación para la enseñanza superior o el mundo del trabajo. Esta multiplicidad de factores exige del coordinador una capacidad de gestión y articulación aún mayor, en un escenario ya sobrecargado y con atribuciones poco claras.

Finalmente, es fundamental evitar la individualización de estos desafíos. Atribuir al coordinador la responsabilidad exclusiva por dificultades relacionadas con la organización pedagógica desconsidera las condiciones estructurales en las que se ejerce la función. Aunque las competencias individuales son relevantes, no son suficientes para superar un contexto marcado por la sobrecarga, la indefinición y la presión institucional. Así, el análisis demanda un enfoque ampliado, que reconozca al coordinador pedagógico como un sujeto inserto en una red de condicionantes institucionales y políticos que sobrepasan su actuación individual. La solución para estos desafíos pasa, por lo tanto, por una reorganización sistémica y no solo por mejoras puntuales en la actuación del profesional.

Identidad profesional

Los resultados de esta investigación confirman que la identidad profesional del coordinador pedagógico está marcada por debilidades. En lugar de hablar de “ausencia de identidad”, parece más adecuado hablar de identidad en construcción, marcada por diferentes expectativas institucionales y por la redefinición constante de su papel. Esta construcción continua y, a veces, ambigua, refleja la complejidad de la función y la falta de un reconocimiento social e institucional unificado sobre lo que significa ser coordinador pedagógico.

La fragilidad identitaria aparece, en primer lugar, en la dificultad de delimitar un campo propio de actuación. Cuando el coordinador asume actividades muy diversas y cuando la escuela no reconoce claramente lo que distingue su trabajo de otras funciones, se vuelve difícil consolidar una autoimagen profesional consistente. El sujeto sabe que debería actuar en el campo pedagógico, pero vive diariamente desplazado hacia otros frentes, como señala Fernandes (2009). Esta contradicción produce inseguridad, desgaste y sensación de no pertenencia plena a ningún lugar, impactando la motivación y la eficacia del profesional.

En segundo lugar, la identidad se ve fragilizada por la ausencia o insuficiencia de formación específica. Un profesional que asume la coordinación sin preparación para conducir grupos, mediar conflictos, acompañar prácticas docentes y organizar procesos formativos puede experimentar la función como una exposición permanente. La inseguridad no nace solo del volumen de trabajo, sino del sentimiento de no dominar suficientemente los saberes exigidos. Franco (2008) registra este punto con claridad al mencionar coordinadores que desearían trabajar mejor con los docentes, pero no se sienten suficientemente preparados para ello, lo que limita su capacidad de liderazgo pedagógico y de intervención cualificada.

En tercer lugar, el proceso de construcción identitaria depende del reconocimiento. Nóvoa (1995) enseña que la identidad profesional es inseparable de la forma en que la sociedad y las instituciones reconocen un rol. En la escuela, este reconocimiento se materializa en pequeños gestos: en el espacio concedido al coordinador en las decisiones pedagógicas, en el tipo de demanda que se le dirige, en el grado de confianza que los profesores depositan en su mediación, en el apoyo de la dirección, en la forma en que estudiantes y familias comprenden su función. Cuando el coordinador es convocado solo para resolver problemas, el reconocimiento de su lugar pedagógico se debilita y su autoridad se ve socavada.

A pesar de este escenario, la identidad del coordinador pedagógico puede ser fortalecida. Esto sucede cuando el coordinador logra articular trabajo colectivo, producir encuentros significativos y construir autoridad pedagógica basada en coherencia, escucha y competencia. Souza y Placco (2006) recuerdan que la autoridad del coordinador no está lista; se construye en las relaciones. Según las autoras, la autoridad se construye en las prácticas sociales, en un movimiento permanente que tenga en cuenta las necesidades, los deseos y los valores de los actores en interacción. Es necesario invertir en la construcción de la autoridad, invirtiendo en la formación de valores como respeto, responsabilidad, admiración y ética, elementos cruciales para la consolidación de una identidad profesional robusta.

La experiencia en la educación secundaria indica que este fortalecimiento suele ocurrir en procesos, y no en actos aislados. Una reunión bien conducida, una intervención formativa consistente, la mediación cuidadosa de un conflicto pedagógico, la retroalimentación respetuosa a un profesor, la capacidad de transformar datos en reflexión colectiva: todo esto, acumulado a lo largo del tiempo, ayuda a consolidar el lugar del coordinador. La identidad profesional, en este sentido, no está dada; se construye durante el camino, a través de acciones continuas e intencionales que demuestran la relevancia y la competencia del profesional en el contexto escolar.

Formación profesional

En lo que respecta a la formación profesional del coordinador pedagógico, la presente investigación puede afirmar que existe una contradicción expresiva. El coordinador pedagógico, como señalado por Bruno (2006), es reconocido como principal mediador de la formación continuada de profesores en la escuela, pero frecuentemente ejerce esta función sin tener él mismo una formación suficientemente estructurada para ello. La escuela, así, deposita gran expectativa sobre un profesional cuya trayectoria formativa no siempre fue pensada para el trabajo que ahora necesita realizar, creando un desajuste entre la demanda y la preparación efectiva.

Los textos revisados convergen al sostener que la formación continuada de profesores no puede ser confundida con acciones puntuales o meramente transmisivas. Campos y Aragão (2016) destacan la importancia de que el coordinador pedagógico desarrolle sus acciones en el cotidiano escolar orientadas a la formación docente, lo que demanda planificación de la acción e intencionalidades en la organización del trabajo colectivo de la escuela. De manera similar, Domingues y Belletati (2016) señalan posibilidades de que el CP actúe en la formación continuada, pero en una perspectiva emancipadora, que fortalezca la autonomía de los profesores. Para que este movimiento suceda, es preciso que la coordinación pedagógica establezca prioridades y posibilite cambios efectivos, pues se necesita tiempo para pensar y decidir las cuestiones y problemas de la escuela, como señalado por Cunha et al. (2013). Todas estas perspectivas afirman que formar no es transmitir orientaciones listas, sino crear condiciones para que los docentes analicen críticamente su propia práctica pedagógica.

La cuestión es que este mismo principio vale para la formación del coordinador. Él también necesita espacios de estudio y reflexión sobre la propia práctica. Necesita discutir la escuela, analizar políticas, revisar concepciones de enseñanza y desarrollar sensibilidad para el trabajo colectivo. Cuando esto no sucede, el coordinador tiende a reproducir dos movimientos problemáticos: o asume un papel excesivamente burocrático, por falta de repertorio para invertir en otra dirección, o intenta improvisar acciones formativas bien intencionadas, pero frágiles en continuidad y fundamentación. Esta falta de formación específica para el coordinador compromete la calidad de las acciones formativas que debería promover, perpetuando un ciclo de improvisación e ineficacia.

Esta investigación muestra también que la formación inicial del coordinador pedagógico es frágil. Souza et al. (2013) afirman que, en general, la mayoría de los coordinadores pedagógicos no tiene formación inicial en gestión, la mayoría sale de las salas de clase o de los cursos de graduación y asume el cargo sin conocer y dominar las competencias y estrategias necesarias para la función. En su estudio, hay relatos de que muchos coordinadores, para sentirse “más preparados” para asumir el cargo de coordinación, hacen cursos complementarios, como especializaciones en el área de gestión educacional y escolar. Estos relatos muestran la carencia de prácticas de pasantía y subsidios teóricos para la formación del profesional de la coordinación en los cursos de graduación. Por eso, se puede afirmar que la coordinación pedagógica dispone de profesionales poco preparados para ejercerla, por falta de formación inicial para el ejercicio de la actuación, como afirma Franco (2008).

En resumen, los resultados reafirman que la mejora de la coordinación pedagógica pasa necesariamente por una política de formación continua orientada al propio coordinador, articulada a las necesidades de la enseñanza secundaria pública y sustentada por tiempos, espacios y prioridades institucionales. Sin esto, permanecerá la paradoja: exigir al coordinador la formación de los demás sin asegurar su propia formación. Esta brecha formativa es uno de los principales obstáculos para el pleno desarrollo de la función y para la consolidación de una coordinación pedagógica efectivamente transformadora.

Informe de experiencia

La experiencia vivida por la autora de esta investigación como coordinadora pedagógica en una escuela pública del Distrito Federal, entre los años 2007 y 2014, ofrece un panorama concreto de los desafíos y posibilidades de la función. La escuela funcionaba en los tres turnos, y la autora actuaba en el turno nocturno, que ofrecía 10 clases de enseñanza media regular para estudiantes jóvenes, con edad entre 18 y 25 años, que trabajaban o hacían prácticas durante el día. El equipo docente contaba con 21 profesionales, incluyendo 16 profesores titulares, 1 director, 1 vicedirector, 1 supervisor pedagógico, 1 supervisor administrativo y 1 coordinador pedagógico.

En el Distrito Federal, la coordinación pedagógica es una función, no un cargo con gratificación, y su cobertura se realiza mediante votación del cuerpo docente, fortaleciendo la cultura de la gestión democrática. La cantidad de coordinadores se definía por ordenanza, y la escuela en cuestión, con 10 clases nocturnas, tenía derecho a una única plaza de coordinador. En el turno de día, la escuela contaba con tres coordinadores más para el turno de mañana (educación secundaria) y tres para el turno de tarde (educación primaria 2). Durante ocho años, la autora fue elegida coordinadora pedagógica, un proceso que ilustra la gestión democrática, permitiendo que cualquier profesor que cumpliera los requisitos previstos en la ordenanza pudiera postularse a la función.

La ordenanza que regulaba la función incluía las atribuciones del CP, y su lectura se realizaba anualmente en una reunión de “distribución de carga”, donde profesores y equipo directivo elegían al coordinador pedagógico y escogían sus grupos y disciplinas. El hecho de que la definición del coordinador pedagógico en el DF sea un proceso democrático da lugar a algunos desajustes, ya que profesores que no tienen el perfil para la coordinación pedagógica pueden postularse y ser elegidos para la función. Es importante destacar que un buen profesor no siempre será un buen coordinador pedagógico, ya que las competencias requeridas para ejercer la función de CP exigen capacidad de diálogo, escucha activa, apertura a la negociación y buena gestión de equipo, entre otras. También es común observar casos en los que el coordinador pedagógico es elegido no por perfil o interés, sino por no tener una carga horaria definida en la escuela, deseando permanecer en la unidad de enseñanza.

La experiencia relatada se insertó en un contexto normativo que otorgaba a la coordinación pedagógica un papel relevante en la organización del trabajo escolar. La Portaria nº 74, de 29 de enero de 2009, establecía criterios para la distribución de la carga horaria, para la elección de grupos y para el desarrollo de las actividades de coordinación pedagógica, además de definir la cantidad de coordinadores por institución educativa. La normativa determinaba, además, que las actividades de coordinación pedagógica integraran la organización del trabajo docente. En consonancia con este dispositivo, el Regimento Escolar definía la coordinación pedagógica como un espacio destinado a la planificación, orientación y seguimiento de las actividades didáctico-pedagógicas, atribuyendo al coordinador la participación en la elaboración, implementación, seguimiento y evaluación de la Propuesta Pedagógica, la articulación de las acciones entre profesores y equipo gestor y el incentivo a la formación continua.

De este modo, la experiencia vivida por la autora encuentra respaldo en una concepción de coordinación pedagógica vinculada a la organización colectiva del trabajo escolar y a la formación docente. Durante el período en que actuó en la función de CP, la autora desempeñó diversas tareas, como la definición del calendario de las actividades escolares, la elaboración y articulación del PPP, la realización de reuniones pedagógicas semanales, la organización de los consejos de clase y la atención a estudiantes, padres y responsables. Además, medió conflictos entre profesores y entre profesores y estudiantes, organizó las semanas de exámenes, gestionó los registros diarios de asistencia y contenidos, y realizó la apertura y cierre del turno, lo que no es común la presencia del director escolar en el nocturno.

Otras actividades incluyeron el seguimiento didáctico-metodológico, la organización de eventos, visitas técnicas y actividades culturales, la divulgación de los cursos de formación continua ofrecidos por la Escuela de Perfeccionamiento de los Profesionales de la Educación (EAPE), la divulgación de avisos y normas administrativas, la sustitución de profesores ausentes y la organización de los horarios de clases. Como se puede percibir, la gama de tareas es multifacética y abarca cuestiones pedagógicas, pero también de orden administrativo, lo que refuerza el resultado de esta investigación y los relatos de los textos analizados que destacan la sobrecarga de trabajo del CP y la pérdida de identidad dada a las muchas actividades que desempeña. Aunque el Reglamento establecía directrices generales, en la práctica, la función frecuentemente se expandía más allá de su alcance formativo, absorbiendo demandas emergentes de la escuela.

Este escenario producía una rutina fragmentada, dificultando la continuidad de acciones formativas más profundas. La formación docente, eje central de la función del CP, se desempeñaba durante las reuniones pedagógicas, momentos destinados a la formación continuada y en los consejos de clase. Sin embargo, era perceptible que algunos profesores, quizás por desconocer las atribuciones del CP, juzgaban estos momentos de reflexión como innecesarios. Es común en la enseñanza media que los profesores tengan dificultad para aceptar la reflexión crítica sobre su práctica pedagógica, ya que como cada uno actúa en un área de conocimiento específica, el coordinador tiene recelo en proponer cambios, puesto que el CP no domina la metodología de enseñanza de todas las disciplinas.

Dada esta dificultad, la autora tuvo que, a lo largo de los años, construir una autoridad junto a los profesores, no por dominar todas las metodologías, sino por desarrollar la cultura de la escucha activa y de proponer reflexiones pedagógicas en momentos estratégicos. Otros factores que la autora juzga como relevantes para la construcción de esta autoridad fueron: el trabajo ético, la presencia constante en el cotidiano escolar, el compromiso con las tareas desempeñadas y la intencionalidad en las actividades desarrolladas. Según Lima y Santos (2007), quien ocupa cargos de liderazgo necesita abandonar una posición autocrática para posibilitar el desarrollo de un clima en el cual todos contribuyan con ideas, críticas y encaminamientos.

Otra cuestión relevante es que la función de la coordinación pedagógica ocupa espacio en la cadena de gestión, y esto lleva a los profesores a confundir al CP con alguien responsable de regular sus ausencias y sus resultados. Aun cuando esta no fuera una cultura institucional, el CP, muchas veces, ocupaba la posición de “jefatura”, visto que, en el turno de noche, es él el miembro de la cadena gestora más presente en el cotidiano escolar. En relación con los resultados, en el DF, en esa época no era función del coordinador monitorear estos datos, a pesar de haber presión institucional por buenos resultados en las evaluaciones externas. A lo largo de los años, la presión por resultados se intensificó, especialmente con la ampliación de las evaluaciones externas y la creciente cultura de monitoreo de indicadores educacionales.

En este contexto, la autora pasó a asumir, en cierta medida, el papel de articuladora de estas políticas en el interior de la escuela, siendo responsable de traducir orientaciones, acompañar metas y movilizar al cuerpo docente en torno a la implementación de nuevas políticas educativas. Tal escenario exigió un constante equilibrio entre la dimensión formativa de la función y las exigencias de naturaleza técnico-administrativa. A pesar de estas limitaciones, el período en el cual la autora actuó como CP también evidenció importantes posibilidades de actuación. La construcción de espacios de diálogo con los profesores, aun cuando permeada por desafíos, se mostró fundamental para el fortalecimiento del trabajo colectivo. Este relato destaca, además, la importancia de la escucha calificada como estrategia de actuación. Al reconocer las condiciones concretas de trabajo de los docentes y valorar sus experiencias, fue posible establecer relaciones de confianza, de autoridad y promover un mayor compromiso en las acciones pedagógicas propuestas.

En resumen, la investigación reveló que la coordinación pedagógica en la enseñanza secundaria de las escuelas públicas del Distrito Federal, aunque estratégica, está marcada por la indefinición de atribuciones, la sobrecarga de tareas, la fragilidad formativa y tensiones entre el papel prescrito y la práctica. La formación continua de profesores es un eje central de la función, pero el coordinador enfrenta desafíos en la construcción de su identidad profesional y en la obtención de formación específica. El fortalecimiento de esta función exige reorganización institucional, claridad normativa y valorización del coordinador como articulador del proyecto pedagógico y del desarrollo docente, elementos cruciales para la mejora de la calidad de la educación.

4. Conclusión

La presente investigación analizó la función del coordinador pedagógico en la enseñanza media de las escuelas públicas del Distrito Federal, buscando comprender sus atribuciones, desafíos, identidad profesional y formación. Se verificó que la coordinación pedagógica, aunque reconocida como estratégica, enfrenta una significativa indefinición de atribuciones y una sobrecarga de tareas administrativas que frecuentemente la desvían de su papel formativo central. El análisis bibliométrico reveló un campo de estudio aún en consolidación, con predominancia de enfoques descriptivos y concentración de publicaciones recientes. Se identificó que la formación continuada de profesores constituye el eje principal de la función, conforme a la literatura y las normativas, pero la práctica cotidiana y la experiencia profesional de la autora evidenciaron la dificultad en concretar este papel debido a la fragmentación de las rutinas y a la presión por demandas emergenciales. La identidad profesional del coordinador pedagógico se mostró en construcción, marcada por ambigüedades y por la insuficiencia de formación específica para las complejas demandas de la función.

Sin embargo, este estudio presenta limitaciones inherentes a su diseño metodológico, como la concentración del análisis bibliométrico en publicaciones en lengua portuguesa y en formatos específicos, la no exhaustividad del análisis documental en relación con todas las normativas del Distrito Federal, y el recorte temporal e institucional específico del relato de experiencia. A pesar de estas delimitaciones, la investigación ofrece una base sólida para futuras investigaciones que profundicen la comprensión de la coordinación pedagógica como fenómeno institucional. Se recomienda, para el fortalecimiento de la función, la reorganización institucional del trabajo, la creación de políticas de formación específica para coordinadores, la promoción de mayor claridad normativa y la valorización del profesional como articulador del proyecto pedagógico y del desarrollo docente, con el fin de superar la reducción de la coordinación a un papel meramente operacional y burocrático.

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Artículo originario del Trabajo de Conclusión de Curso de la Especialización en Gestión Escolar del MBA USP/Esalq

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30 de septiembre de 2026

El descuido de temas étnico-raciales y la inacción de la gestión escolar en la formación de profesores

El presente estudio discutió la negligencia de las agendas étnico-raciales y la inacción de la gestión escolar en la formación continua de profesores, a pesar de las Leyes 10.639/03 y 11.645/08. El objetivo fue identificar el nivel de prioridad dado al antirracismo en el cotidiano escolar y proponer una metodología de gestión para combatir prácticas racistas y colonizadoras. Se realizó una investigación documental, que analizó 38 agendas de Clases de Trabajo Pedagógico Colectivo (ATPC) de una escuela pública estatal del Programa de Enseñanza Integral (PEI) en la ciudad de São Paulo, durante un año. El estudio se fundamentó en la pedagogía libertadora de Paulo Freire, en teorías de gestión democrática y en los conceptos de Colonialidad y Epistemicidio. Los resultados indicaron que, a pesar del marco legal, la implementación de las leyes ocurrió de forma episódica y superficial, muchas veces restringida a fechas conmemorativas, evidenciando la invisibilidad de los temas étnico-raciales en las formaciones. La investigación indicó la implementación de una metodología de gestión, como el Design Thinking, para iniciar un proyecto de cambio cultural en el espacio escolar. Para ello, la coordinación pedagógica debe actuar como articuladora de la formación docente, desempeñando un papel crucial en la superación del verbalismo estéril y en la transformación de la escuela en un espacio efectivo de descolonización del saber.

Palabras clave: Epistemicidio; Formación de Profesores; Gestión Escolar; Ley 10.639/03; Relaciones Étnico-Raciales.

Gestión Escolar

30 de septiembre de 2026

Políticas de Inclusión y Antiacoso: Una Perspectiva Jurídico-Gestora en las escuelas de enseñanza regular

La violencia y la exclusión escolar, manifestadas en sus diversas formas, representan desafíos persistentes en el contexto educativo brasileño, según se ha informado ampliamente. El objetivo fue revisar las leyes que rigen la educación y analizar su aplicación práctica, proponiendo enfoques jurídico-éticos más asertivos para las escuelas. Para ello, se analizaron documentos federales sobre bullying e inclusión, confrontándolos con casos reales. Se realizó una investigación descriptiva con enfoque cualitativo, que investigó, a través de estudios de caso en escuelas de Brasil, las acciones correctas e incorrectas de gestores y demás profesionales involucrados en conflictos. Se verificó que, a pesar de la existencia de leyes protectoras para niños y adolescentes, su efectividad se ve comprometida por la falta de capacitación profesional, la dificultad en la detección de los actos o por el silenciamiento de muchos casos. Se evidenció la necesidad de capacitar a los adultos en el ambiente escolar para identificar, prevenir y combatir eficazmente el bullying y la exclusión. Como contribución, se presentaron diversas sugerencias para mejorar la resolución de conflictos, enfatizando la importancia de la colaboración entre la familia y la escuela, y la inversión en educación para proporcionar un ambiente adecuado para el aprendizaje.

Palabras clave: Derechos fundamentales; Estudios de caso; Gestión democrática; Legislación educativa; Resolución de conflictos.

Gestión Escolar

30 de septiembre de 2026

Del contenido al protagonismo: la implementación del Aprendizaje Basado en Proyectos en la Enseñanza Media y sus implicaciones para la gestión escolar

Este estudio analizó la implementación del Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) en la asignatura de Inglés en clases de 1º y 2º año de Enseñanza Media de una institución privada de São Paulo, con el objetivo de investigar sus implicaciones pedagógicas y para la gestión escolar. La investigación, de naturaleza cualitativa, se caracterizó como un relato de experiencia, fundamentado en la observación participante y en el análisis de las producciones estudiantiles a lo largo de un semestre lectivo. La propuesta pedagógica consistió en la producción de cortometrajes autorales, estructurada por una secuencia didáctica que articuló teoría y práctica, favoreciendo el uso de la lengua inglesa en contextos significativos. Los resultados evidenciaron un aumento del compromiso y del protagonismo estudiantil, así como el desarrollo de competencias como colaboración, creatividad y pensamiento crítico. Se identificaron, sin embargo, desafíos relacionados con la gestión del tiempo, la adaptación de los estudiantes a la autonomía y la adecuación de los instrumentos evaluativos. Se destacó el papel de la gestión escolar en la creación de condiciones institucionales para sustentar la propuesta. Se concluyó que la efectividad del ABP está condicionada al alineamiento entre prácticas pedagógicas y gestión escolar, demandando planificación estructurada, acompañamiento continuo y apertura a ajustes.

Palabras clave: Aprendizaje significativo; Enseñanza de inglés; Gestión escolar; Metodologías activas; Protagonismo estudiantil.