16 de octubre de 2026
Alfabetización en Salud Digital: Percepciones, Usos y Expectativas en Relación con la Atención Médica en la Era de la Información
Alfabetización en Salud Digital: Percepciones, Usos y Expectativas en Relación con la Atención Médica en la Era de la Información
Patricia Gabryela Moreira Bresser Lang; Márcia Azevedo Coelho
DOI: 10.22167/2675-6528-202603339
Artículo derivado del Trabajo de Conclusión de Curso (TCC), con contenido basado en el trabajo original del alumno y adaptado al formato editorial de la Revista E&S con el apoyo de la herramienta ResumeAI, solución de inteligencia artificial desarrollada por el Instituto Pecege para síntesis y organización textual.
Resumen
La alfabetización en salud digital, esencial para la toma de decisiones informadas y el autocuidado en la era de la información, enfrenta desafíos en el contexto brasileño. El estudio tuvo como objetivo analizar el nivel de alfabetización digital en salud de adultos y sus percepciones sobre el uso de tecnologías digitales para el autocuidado. Se realizó una investigación aplicada, exploratoria y descriptiva, con enfoque cuantitativo y cualitativo, involucrando a 107 adultos con experiencia previa en el uso de tecnologías digitales en salud. Los datos se recolectaron mediante un cuestionario electrónico en Google Forms, que incluyó la escala eHEALS. Los resultados revelaron un alto uso de internet y aplicaciones de salud, con percepciones predominantemente positivas, especialmente en el apoyo al autocuidado. Se identificó un nivel moderado a elevado de alfabetización digital para la búsqueda de información, pero con limitaciones en la evaluación crítica y en la confianza para la toma de decisiones. Se concluyó que las tecnologías digitales son relevantes para la autonomía en salud, pero demandan inversión en acciones educativas y políticas públicas que promuevan el alfabetismo digital, el pensamiento crítico y el uso seguro de estas herramientas, con el fin de reducir desigualdades y mejorar la toma de decisiones en salud.
Palabras clave: Inteligencia artificial en salud; Alfabetización digital; Alfabetización en salud.
1. Introducción
En el contexto contemporáneo de las ciencias de la salud, se observa una creciente valoración de la participación activa del individuo en los procesos de cuidado. Esta participación implica la comprensión de conceptos fundamentales como autocuidado, cuidado en salud, alfabetización en salud y alfabetización digital en salud. La salud es reconocida como un fenómeno dinámico, resultante de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y determinantes sociales (Engel, 1977; WHO, 2001).
El autocuidado se refiere a las acciones realizadas por el propio individuo con el objetivo de mantener la vida, la salud y el bienestar, fundamentado en la teoría de Orem (2001) como una práctica deliberada y consciente para regular el funcionamiento y desarrollo personal. Por otro lado, el cuidado en salud abarca el conjunto de acciones desarrolladas por profesionales y sistemas de salud para promover, prevenir, tratar o rehabilitar condiciones de salud, siendo necesario cuando el individuo no posee capacidad suficiente para atender a sus propias necesidades (Orem, 2001).
La efectividad de las acciones de prevención y promoción de la salud depende directamente del desarrollo de la literacidad en salud (LS). La LS es la capacidad de acceder, comprender, evaluar y utilizar información relacionada con la salud para la toma de decisiones informadas, lo que también implica el pensamiento crítico ante el gran volumen de información disponible (OMS, 1998; Carvalho et al., 2025; Peres, 2024). Esta capacidad transforma al individuo de figura pasiva en agente activo de su propio cuidado.
La alfabetización en salud es un concepto complejo que integra seis dimensiones, incluyendo la alfabetización tradicional, numérica, digital, mediática, informacional y científica (Norman; Skinner, 2006). Además, puede ser comprendida en tres niveles: funcional, interactivo y crítico, que abarcan desde la comprensión básica de información hasta la autonomía y la acción transformadora (Nutbeam, 1998, 2000).
En la era digital, la alfabetización en salud ha evolucionado para abarcar la alfabetización digital, que es la capacidad de utilizar tecnologías de forma crítica, eficaz y segura (Gilster, 1997; Eshet-Alkalai, 2004). La integración de estos conceptos forma la eHealth literacy, que permite a los individuos buscar, comprender y aplicar información de salud en entornos digitales, promoviendo decisiones informadas y prácticas de autocuidado más eficaces (Norman; Skinner, 2006). En Brasil, la importancia de la alfabetización digital está respaldada por la Ley nº 14.510/2022 (Kim et al., 2023).
A pesar del potencial de las tecnologías digitales, el contexto brasileño presenta desafíos significativos, como la baja oferta de programas educativos, el lenguaje técnico y las desigualdades socioeconómicas y de género, que dificultan el acceso y el uso adecuado de la información en salud (del resumen). La proliferación de contenidos imprecisos en internet y la complejidad del lenguaje en materiales educativos intensifican estas dificultades (Borges et al., 2019; Sentell; Vamos; Okan, 2020; McQueen, 2020; Federal, 2022; UFMG, 2022). Bajos niveles de LS se asocian con dificultades en la comprensión de prescripciones, en la navegación en sistemas de salud complejos (WHO, 2024; Peres, 2024), hospitalizaciones frecuentes, mala adherencia a tratamientos y uso inadecuado de medicamentos, impactando financieramente los presupuestos de salud (Carvalho et al., 2025; Eichler et al., 2009; Walters et al., 2020).
El fortalecimiento de la alfabetización en salud, especialmente en su vertiente digital, es crucial para la promoción de la salud pública, capacitando a los individuos para comprender riesgos y beneficios, adherirse a tratamientos y prevenir enfermedades, impactando positivamente los sistemas de salud y reduciendo costos con enfermedades evitables (Sorensen et al., 2012; Eichler et al., 2009; Walters et al., 2020). El campo de la neurociencia, por su parte, ofrece el fundamento científico para comprender los mecanismos cerebrales involucrados en el aprendizaje, la toma de decisiones y el uso crítico de la información, orientando el desarrollo de intervenciones educativas basadas en evidencia (Kandel et al., 2013). Ante este escenario, invertir en estrategias de alfabetización digital en salud que promuevan autonomía, pensamiento crítico y uso responsable de estas tecnologías es esencial, y el objetivo general de este estudio fue analizar cómo los individuos utilizan internet y las tecnologías digitales en el manejo de su propia salud, investigando cómo las experiencias personales contribuyen a la autonomía y a la toma de decisiones informada.
2. Material y Métodos
El presente estudio se caracterizó como una investigación aplicada, de enfoque cuantitativo con complemento cualitativo, adoptando un diseño exploratorio y descriptivo. Esta metodología buscó comprender el nivel de alfabetización digital en salud de los participantes y analizar sus percepciones sobre el uso de tecnologías digitales. La investigación fue aprobada por el Comité de Ética del Instituto de Pesquisas e Educação Continuada em Economia e Gestão de Empresa – PECEGE (CAAE: 95144525.6.0000.9927), siguiendo los principios del Consejo Nacional de Salud (BRASIL, 2012).
La unidad de análisis estuvo compuesta por 107 adultos, seleccionados por muestreo por conveniencia. Como criterio de inclusión, se consideraron individuos que ya habían utilizado tecnologías digitales para el autocuidado en salud. Esta elección tuvo como objetivo la participación de usuarios reales de estas herramientas, permitiendo una evaluación de la alfabetización digital en salud aplicada al contexto de uso. Se excluyeron los participantes que no respondieron el cuestionario en su totalidad o que presentaron dificultades de lectura y comprensión del instrumento.
La recolección de datos se realizó a través de un cuestionario electrónico, desarrollado en la plataforma Google Forms. El instrumento incluyó la escala eHealth Literacy Scale (eHEALS), creada por Cameron Norman y Harvey Skinner (Norman; Skinner, 2006). Esta escala consta de ocho ítems que evalúan la percepción de los individuos sobre su capacidad para buscar, comprender y utilizar información electrónica relacionada con la salud.
Cada ítem de la escala eHEALS fue evaluado mediante una escala tipo Likert de cinco puntos, con opciones de respuesta que iban desde “totalmente en desacuerdo” hasta “totalmente de acuerdo”. Adicionalmente, el formulario contenía tres preguntas abiertas. Estas preguntas tuvieron como objetivo explorar los hábitos de búsqueda y uso de información en salud digital, investigar el uso práctico de tecnologías de autocuidado y relacionar la autopercepción de alfabetización digital en salud con el eHEALS.
Los procedimientos de recolección de datos ocurrieron en el mes de marzo de 2026. El cuestionario fue divulgado a los participantes por intermedio de contactos personales y redes sociales. Antes de iniciar el llenado, todos los participantes concordaron con el Consentimiento Informado (TCLE), siendo informados sobre los objetivos de la investigación, la confidencialidad de los datos y la posibilidad de desistimiento a cualquier momento, sin perjuicios.
En cuanto al análisis de los datos, la información cuantitativa recopilada se sometió a estadística descriptiva. Este enfoque permitió organizar y resumir los datos numéricos, proporcionando una visión general de las características de la muestra y de las respuestas obtenidas en la escala eHEALS, sin, sin embargo, presentar interpretaciones o inferencias sobre los resultados.
Los datos cualitativos, provenientes de las tres preguntas abiertas del cuestionario, fueron examinados mediante métodos de análisis cualitativo de contenido. Para esta etapa, se utilizaron dos enfoques metodológicos complementarios, con el objetivo de una comprensión profunda de las percepciones de los participantes. Los enfoques empleados fueron el Análisis Temático y el Análisis de Contenido.
El Análisis Temático, tal como propuesto por Virginia Braun y Victoria Clarke (2006), consistió en un método para identificar, analizar e interpretar patrones de significado, o temas, presentes en los datos cualitativos. El proceso analítico implicó seis etapas: familiarización con los datos, generación de códigos iniciales, búsqueda de temas, revisión de temas, definición y denominación de temas, y producción del informe analítico.
Complementariamente, se empleó el Análisis de Contenido, sistematizado por Laurence Bardin (2011). Esta técnica se utilizó para la organización e interpretación sistemática de las comunicaciones. El enfoque de Bardin se estructura en tres fases fundamentales: pre-análisis, exploración del material, y tratamiento de los resultados, inferencia e interpretación.
La combinación de estos enfoques metodológicos posibilitó un análisis más profundo y sistemático de los datos cualitativos. Esta integración permitió tanto la identificación de patrones temáticos como la organización estructurada del contenido de las respuestas, contribuyendo a una comprensión integral de las percepciones de los participantes sobre el uso de tecnologías digitales en salud.
3. Resultados y Discusión
El análisis de los datos reveló un panorama detallado sobre la alfabetización digital en salud y las percepciones de los participantes sobre el uso de tecnologías digitales para el autocuidado. El estudio involucró a 107 adultos, predominantemente mujeres (71%), con una edad media de 39,9 años, que oscilaba entre 18 y 69 años. La mayoría de los participantes (55,1%) tenía estudios superiores completos, lo que indica un perfil de muestra con un buen nivel educativo. Se observó que el 80,4% de los participantes utiliza internet o aplicaciones para buscar información sobre salud, mientras que el 19,6% no lo hace. Esta alta tasa de uso inicial ya señala la relevancia de las plataformas digitales como fuente de información en salud para este grupo.
La elección de una muestra por conveniencia, compuesta por usuarios ya familiarizados con tecnologías digitales en salud, permitió una evaluación aplicada de la literacidad digital. Sin embargo, esta característica metodológica implica una limitación en la generalización de los resultados a la población brasileña en general. Es crucial notar que, incluso en un grupo con alta escolaridad y familiaridad tecnológica, se identificaron brechas significativas en el juicio crítico y en la confianza para la toma de decisiones. Esto sugiere que la vulnerabilidad informacional y cognitiva puede ser aún más acentuada en poblaciones con menor instrucción y acceso restringido a las tecnologías, reforzando la importancia de intervenciones dirigidas.
Los resultados de la escala eHEALS, un instrumento validado internacionalmente para mapear indicadores de alfabetización en eHealth, revelaron una puntuación global media de 28,9 puntos, con una desviación estándar de 5,2, en una variación teórica de 8 a 40 puntos. Esta puntuación indica un nivel general moderado a alto de alfabetización digital en salud en la muestra. Sin embargo, un análisis más profundo de los ítems de la escala evidenció asimetrías importantes entre la capacidad de búsqueda de información y la habilidad de análisis crítico y toma de decisiones, según se detalla en las respuestas de los participantes.
En los ítems de la escala eHEALS relacionados con la capacidad de encontrar y utilizar recursos de salud en Internet, como “Sé cómo encontrar recursos de salud útiles en Internet” y “Sé cómo usar Internet para responder a mis preguntas sobre salud”, la mayoría de las respuestas se concentraron en las categorías “De acuerdo” y “Totalmente de acuerdo”. Por ejemplo, 86 participantes estuvieron de acuerdo o totalmente de acuerdo con la capacidad de encontrar recursos útiles, y 83 afirmaron saber usar Internet para responder preguntas de salud. Estos datos demuestran una buena familiaridad de los participantes con la búsqueda de información de salud en el entorno digital, lo que indica una competencia funcional para el acceso a la información.
En contraste, el ítem que aborda el conocimiento sobre la variedad de recursos de salud disponibles en internet (“Sé qué recursos de salud están disponibles en Internet”) presentó una distribución más dispersa, con 34 participantes respondiendo “Ni de acuerdo ni en desacuerdo”. Este resultado sugiere una incertidumbre o conocimiento parcial sobre la diversidad de herramientas y fuentes digitales disponibles, incluso entre aquellos que se consideran aptos para buscar información. Esta brecha puede limitar la exploración de opciones más calificadas o adecuadas a sus necesidades específicas de salud.
La evaluación crítica de la calidad de la información digital en salud reveló mayores limitaciones. En los ítems “Tengo las habilidades necesarias para evaluar los recursos de salud que encuentro en Internet” y “Puedo distinguir recursos de salud de alta calidad de los de baja calidad en Internet”, las respuestas fueron más equilibradas y dispersas. En el primer ítem, 55 participantes estuvieron de acuerdo o totalmente de acuerdo, mientras que 52 se distribuyeron entre desacuerdo o neutralidad. En el segundo, aunque 66 participantes indicaron acuerdo o acuerdo total, una parte considerable aún manifestó neutralidad o desacuerdo, evidenciando que las habilidades de evaluación crítica están menos desarrolladas que las de búsqueda.
La mayor inseguridad se observó en el ítem “Me siento seguro al usar información de Internet para tomar decisiones sobre mi salud”, donde 72 participantes se distribuyeron entre desacuerdo o neutralidad, y solo 35 indicaron acuerdo o acuerdo total. Este hallazgo es particularmente relevante, ya que señala una brecha significativa en la confianza de los individuos para aplicar la información encontrada en línea a decisiones de salud. La disparidad entre la facilidad de búsqueda y la inseguridad en la evaluación crítica y la toma de decisiones puede comprenderse a la luz de los modelos neurobiológicos de procesamiento de la información, que distinguen entre el Sistema 1 (rápido e intuitivo) y el Sistema 2 (analítico y reflexivo).
La navegación en plataformas digitales, con su usabilidad fluida y algoritmos enfocados en el engagement, tiende a activar predominantemente el Sistema 1, promoviendo una búsqueda rápida e intuitiva. Sin embargo, la validación de evidencias científicas y la toma de decisiones informadas exigen el engagement del Sistema 2, que depende de la corteza prefrontal y de procesos cognitivos más elaborados. El volumen masivo de datos desestructurados en internet puede sobrecargar la memoria de trabajo y llevar a la fatiga decisoria, resultando en la inseguridad observada en el ítem 8 de la escala eHEALS. Esta sobrecarga cognitiva dificulta el análisis profundo y la ponderación de diferentes fuentes de información.
La búsqueda digital, a menudo, ignora la perspectiva de la Evaluación Biopsicosocial, según lo propuesto por Engel (1977) y la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2001). La salud es un fenómeno complejo y dinámico, influenciado por factores biológicos, estados psicológicos como la ansiedad y la autorregulación emocional, y determinantes sociales como el apoyo familiar, los ingresos, el género y la escolaridad. Cuando los recursos digitales ofrecen respuestas centradas estrictamente en el síntoma orgánico, descontextualizando al individuo, fallan en contemplar la dimensión biopsicosocial, lo que intensifica la desorientación y el estrés decisorio de los usuarios, dificultando la toma de decisiones verdaderamente informadas y seguras.
La primera cuestión abierta, que exploró los hábitos de búsqueda y uso de información en salud digital, corroboró la tendencia de uso generalizado. De los 107 encuestados, 82 (80,4%) afirmaron utilizar recursos digitales para buscar información de salud. La principal motivación para esta búsqueda fue la investigación de síntomas o autodiagnóstico, representando el 34% de las respuestas. Posteriormente, el 20% de los participantes buscaron información sobre tratamientos y medicamentos, lo que, sin orientación profesional, puede acarrear riesgos. Solo el 15% mencionó la búsqueda de información cualificada, como artículos científicos o directrices, lo que indica una posible brecha en la alfabetización en salud.
El uso de tecnologías digitales más avanzadas, como aplicaciones e inteligencia artificial (IA), fue mencionado por el 17% de los participantes, lo que refleja la creciente digitalización de la atención. Se observó un comportamiento más seguro en el 15% de las respuestas, que indicaron utilizar estas herramientas como complemento a la consulta médica. En general, estos hallazgos revelan una alta digitalización de la atención sanitaria, pero con un uso predominantemente enfocado al autodiagnóstico, lo que refuerza la necesidad de una mayor orientación, mediación crítica de la información y validación por parte de profesionales de la salud para garantizar la seguridad y eficacia de las prácticas de autocuidado.
La calidad de la información en entornos digitales es un punto crítico, ya que a menudo está mediada por lógicas algorítmicas de recomendación que priorizan contenidos con mayor engagement en detrimento de la precisión científica. Este escenario puede amplificar la exposición a información incompleta, imprecisa o errónea, reforzando prácticas de autodiagnóstico y automedicación sin respaldo profesional. La mediación por algoritmos de recomendación comercial puede agravar este riesgo al priorizar contenidos sensacionalistas o no validados, desconsiderando el contexto de vida del sujeto e impulsando el sesgo de confirmación.
La segunda pregunta abierta investigó el uso práctico de tecnologías de autocuidado, revelando que 77 de los 107 participantes (72%) ya habían utilizado aplicaciones o herramientas digitales para ayudar en el cuidado de la salud, mientras que 30 (28%) no lo habían hecho. La percepción general de la experiencia fue predominantemente positiva, con el 63% de las respuestas clasificadas como “positiva”, el 22% como “moderada/mixta” y el 15% como “negativa/no uso”. Palabras como “buena”, “excelente”, “positiva”, “maravillosa” y “enriquecedora” fueron recurrentes, evidenciando satisfacción, sensación de organización, disciplina y mayor control sobre la propia salud.
Los participantes destacaron la utilidad de las aplicaciones para recordar la toma de medicamentos, monitorizar actividades físicas, controlar el peso, seguir el ciclo menstrual y apoyar hábitos de alimentación saludable. Sin embargo, es fundamental diferenciar el autocuidado del autodiagnóstico. El autocuidado, según Orem (2001), es una práctica deliberada, continua y reflexiva, orientada al mantenimiento de la salud y la prevención de agravios, integrando la perspectiva biopsicosocial. Por otro lado, el autodiagnóstico es un intento reactivo y aislado de etiquetar enfermedades e indicar terapéuticas basado en un reduccionismo biomédico, impulsado por la ansiedad somática (cibercondría) y el sesgo de confirmación, eludiendo la evaluación clínica cualificada.
Algunos informes también indicaron experiencias con inteligencia artificial, como el uso de ChatGPT para la planificación de dietas. Sin embargo, se señalaron limitaciones, incluyendo aplicaciones gratuitas con funcionalidades restringidas, falta de precisión en los seguimientos y un compromiso intermitente por parte del usuario. Estas observaciones resaltan que, si bien las tecnologías digitales ofrecen un valioso apoyo, su eficacia y seguridad dependen de la calidad de la herramienta y de la capacidad del usuario para utilizarla de forma crítica y consciente, evitando la dependencia excesiva de soluciones que pueden no ser totalmente adecuadas o validadas.
La tercera pregunta abierta buscó verificar la confianza de los participantes para comprender y aplicar la información de salud encontrada en línea, relacionando esta percepción con la alfabetización digital en salud. El análisis de las 101 respuestas reveló una percepción predominantemente cautelosa, marcada por diferentes niveles de confianza y por la adopción de estrategias de validación de la información. Aproximadamente el 20% de los participantes demostraron alta confianza, asociándola a la capacidad de comprensión de la información o a la experiencia previa, especialmente cuando poseían formación en el área de la salud.
Alrededor del 50% de los participantes presentaron una confianza moderada o parcial, reconociendo la utilidad de la información digital, pero adoptando una postura crítica. Por otro lado, aproximadamente el 30% demostraron baja confianza, justificándola por la percepción de desinformación y la falta de conocimiento técnico. Estas categorías de confianza indican que los individuos ajustan su nivel de confianza según la credibilidad percibida de las fuentes, lo cual es un aspecto positivo de la alfabetización digital en desarrollo.
La categoría “estrategia de verificación” identificó que muchos participantes no utilizan la información de forma pasiva. Las principales estrategias reportadas incluyen la búsqueda de múltiples fuentes, la comparación de contenidos, la consulta a profesionales de la salud y la verificación de la credibilidad de sitios web, especialmente aquellos vinculados a instituciones reconocidas, como organismos gubernamentales, hospitales y literatura científica. Este comportamiento sugiere el desarrollo de habilidades críticas en el uso de la información en salud, aunque todavía hay espacio para el perfeccionamiento en la aplicación de estas estrategias de forma consistente y sistemática.
Sin embargo, el análisis también evidenció la presencia de “limitaciones percibidas”, en las cuales los participantes destacan la existencia de información falsa, incompleta o contradictoria, además de la dificultad de aplicar contenidos generalizados a situaciones individuales. Estas limitaciones contribuyen a la inseguridad reportada y refuerzan la necesidad de validación con profesionales de la salud. En términos generales, los resultados indican que, aunque hay un amplio uso de tecnologías digitales para información en salud, la confianza de los usuarios es moderada, evidenciada por un sentido crítico y por la necesidad de confirmación, lo que apunta a un proceso en desarrollo en el campo de la alfabetización en salud digital.
Los datos analizados revelan un escenario de dualidades. Por un lado, hay elementos que fortalecen la alfabetización, como la búsqueda activa de información, el uso de múltiples fuentes y la preocupación por la credibilidad de las fuentes. Por otro lado, persisten debilidades importantes, como el predominio de la búsqueda de síntomas, frecuentemente asociada al autodiagnóstico, la baja priorización de fuentes científicas y la inseguridad en la aplicación práctica de la información. La adopción de tecnologías digitales más avanzadas aún es limitada, lo que evidencia la necesidad de una mayor divulgación, familiarización y capacitación de los usuarios para el uso seguro y eficaz de estas herramientas, a fin de maximizar sus beneficios y mitigar los riesgos asociados a la desinformación.
En resumen, los resultados de esta investigación demuestran que los participantes poseen un nivel moderado a alto de alfabetización digital en salud en lo que respecta a la búsqueda de información, pero enfrentan limitaciones significativas en la evaluación crítica y en la confianza para la toma de decisiones informadas. Las tecnologías digitales son ampliamente utilizadas y percibidas como útiles para el autocuidado, pero el uso predominante para el autodiagnóstico y la inseguridad en la validación de la información resaltan la urgencia de estrategias educativas que promuevan la alfabetización digital, el pensamiento crítico y el uso seguro de estas herramientas, alineándose al objetivo de fortalecer la autonomía y la toma de decisiones informadas en salud.
4. Conclusión
El presente estudio tuvo como objetivo analizar el nivel de alfabetización digital en salud de adultos y sus percepciones sobre el uso de tecnologías digitales para el autocuidado, investigando cómo las experiencias personales contribuyen a la autonomía y a la toma de decisiones informada. Se verificó que la mayoría de los participantes utiliza ampliamente internet y aplicaciones para buscar información sobre salud, con percepciones predominantemente positivas en relación con el apoyo al autocuidado. Se identificó un nivel moderado a elevado de alfabetización digital para la búsqueda de información, según la puntuación media de la escala eHEALS. Sin embargo, se observó una brecha significativa en las habilidades de evaluación crítica de la calidad de la información y en la confianza para la toma de decisiones en salud. La búsqueda de síntomas y el autodiagnóstico inicial fueron las principales motivaciones, mientras que la priorización de fuentes cualificadas fue menos frecuente. Esta disparidad entre la facilidad de búsqueda y la inseguridad en la evaluación crítica y en la decisión se explica por modelos neurobiológicos, que distinguen el procesamiento rápido e intuitivo de la navegación digital del procesamiento analítico y reflexivo necesario para la validación de evidencias, frecuentemente sobrecargado por el volumen de información desestructurada y por la desconsideración de la evaluación biopsicosocial.
La principal contribución de este trabajo reside en reforzar la relevancia de las tecnologías digitales para el fortalecimiento de la autonomía en salud, al mismo tiempo que evidencia la urgencia de acciones educativas y políticas públicas que promuevan el alfabetismo digital, el pensamiento crítico y el uso seguro de estas herramientas. Aunque la muestra por conveniencia, compuesta por individuos ya familiarizados con tecnologías digitales, restringe la generalización de los resultados a la población brasileña, los hallazgos indican que las limitaciones en la evaluación crítica pueden ser aún más acentuadas en grupos con menor instrucción. Se sugiere que estudios futuros profundicen la investigación de las lagunas en las habilidades de análisis crítico y aplicación de información, así como desarrollen y evalúen estrategias educativas basadas en evidencia neurocientífica para fortalecer la alfabetización digital en salud. Tales iniciativas son esenciales para reducir desigualdades y mejorar la toma de decisiones informadas, diferenciando el autocuidado promotor de salud del autodiagnóstico reduccionista.
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Artículo proveniente del Trabajo de Conclusión de Curso de Educación Inclusiva y Diversidad
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