Design Thinking
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29 de enero de 2025
El papel del diseño en las emergencias globales
Enfocada en crear soluciones funcionales, el área ayuda a implementar respuestas sistémicas para enfrentar incluso cuestiones políticas y ambientales

El diseño, al igual que el concepto de zeitgeist, refleja y moldea las ideas y comportamientos de una época. Actualmente, vivimos en una era marcada por emergencias globales, como las crisis climáticas y las desigualdades sociales. Resolver estos problemas es imperativo para la continuidad y el bienestar de la humanidad, y el diseño, como disciplina, posee un potencial extraordinario para aportar claridad y abordar cuestiones complejas. Sin embargo, la interpretación superficial o equivocada de lo que es el diseño puede subestimar el impacto que las prácticas y los profesionales del diseño pueden tener.
En este artículo, invito al lector a repensar el papel del diseño y de sus profesionales como catalizadores para la implementación de estrategias y soluciones frente a las complejidades de nuestro tiempo y buscar respuestas a la siguiente pregunta: ¿cómo puede el diseño ser resignificado para abordar problemas que parecen insuperables?
A menudo, el diseño se asocia erróneamente solo con el aspecto estético, cuando, en realidad, es un área que va mucho más allá. En su esencia, el diseño es una ciencia enfocada en crear soluciones funcionales y centradas en las personas, diseñando o perfeccionando aspectos funcionales, ergonómicos y visuales para satisfacer las necesidades y deseos humanos. No se limita a la creación de servicios o productos visualmente atractivos; el diseño es un enfoque estratégico capaz de estructurar e implementar soluciones sistémicas que tienen el poder de transformar realidades. Sin embargo, todavía hoy es más común que las personas vean el diseño como una herramienta de estilismo o como el origen de grandes problemas que como una forma de resolverlos.
En Brasil, la palabra “design” no tiene una traducción directa, y este extranjerismo puede reforzar una visión limitada sobre el alcance y el potencial de esta disciplina. En inglés, design puede ser tanto un sustantivo como un verbo, con significados variados, como “proyecto”, “dibujo”, “proyectar” o “planificar”, dependiendo del contexto (Flusser, 2024).
Cuando el primer curso superior en el área surgió en Brasil, en la década de 1950, estaba prohibido el uso de palabras extranjeras para nombrar cursos en universidades nacionales. Por eso, las graduaciones relacionadas con metodologías y estudios de diseño recibieron títulos como “Dibujo Industrial” o “Comunicación Visual”. Décadas después, en debates sobre la educación en diseño en América Latina, el Comité Internacional de Diseño (ICoD, International Council of Design) pasó a considerar los términos “diseño gráfico” y “comunicación visual” como sinónimos.
En 2010, Tim Brown popularizó el concepto de design thinking en su libro homónimo, en el cual sistematizó el enfoque utilizado por los diseñadores de IDEO (consultora de la que era CEO) para resolver problemas centrados en las personas. En el libro, presenta un proceso creativo fundamentado en tres pilares: colaboración, empatía y experimentación. En resumen, la metodología comienza con la identificación de un problema o desafío y busca una comprensión profunda del contexto, explorando diferentes perspectivas. Basándose en esta investigación inicial, el equipo refina su visión sobre el proyecto, definiendo qué debe hacerse.
A partir de estas definiciones, el equipo desarrolla diversas alternativas para solucionar el problema, evaluando los pros y contras de cada una. Tras este análisis, las ideas se refinan y ajustan, prestando atención a los detalles necesarios para entregar una solución eficaz. Este proceso se representa frecuentemente mediante el icónico infográfico del “doble diamante”, ilustrado en la siguiente imagen.

A partir de la publicación y popularización del libro, el design thinking se reveló como una metodología extremadamente eficiente, siendo adoptada rápidamente por equipos en todo el mundo. Más que una herramienta exclusiva de diseñadores, el método trascendió su origen y pasó a ser ampliamente utilizado por profesionales de diversas áreas. El libro no solo ayudó a difundir el término “design”, sino que también demostró cómo la forma de pensar de los diseñadores puede agregar valor y generar resultados prácticos, incluso en disciplinas que hasta entonces no tenían contacto con este campo. Destacó la importancia de los prototipos, de la experimentación y, sobre todo, de escuchar continuamente a las personas para quienes estamos creando. IDEO mantiene en su sitio web un material resumido sobre las actualizaciones y aplicaciones de la metodología, disponible en: https://designthinking.ideo.com/
Colaboración, empatía y experimentación son pilares centrales de diversas metodologías de diseño, y los diseñadores, en esencia, viven o deberían vivir estos principios. El design thinking es solo una de las aproximaciones que ejemplifican cómo crear soluciones funcionales y centradas en las personas. Otros autores, como Jesse James Garrett (2002), también destacan el papel del diseñador en transformar ideas abstractas en soluciones concretas. Ya sea en el campo de la comunicación visual, del diseño de objetos, de la tecnología, de los dispositivos vestibles o de tantos otros productos y servicios que nos rodean, el diseño actúa como un medio para traducir conceptos en experiencias tangibles e impactantes. Aun así, muchos nuevos profesionales terminan reduciendo el diseño a su dimensión estética, tratándolo más como una práctica artística que como una aproximación funcional y estratégica.
En una era marcada por acrónimos como VUCA, BANI, TUNA y RUPT, percibimos una tendencia en el zeitgeist contemporáneo: la representación de incertidumbres, inseguridades y dudas. En este contexto, una metodología empática y colaborativa que ofrece claridad y transforma ideas abstractas en soluciones reales se vuelve no solo relevante, sino esencial. El diseño se presenta como un enfoque capaz de inspirar e involucrar a organizaciones alrededor del mundo. Trae, además de efectividad, una renovada sensación de esperanza.
El acto mismo de diseñar es un ejercicio con visión de futuro. Aunque es una disciplina profundamente presente, el diseño siempre mantiene la mirada en el futuro, buscando dar forma a lo que vendrá. Una frase frecuentemente atribuida a Tim Brown expresa bien esta idea: “Siempre que estamos dando forma al mundo para satisfacer nuestras necesidades, estamos diseñando.”
Diversos estudios muestran que el diseño también genera resultados expresivos para los negocios. Según McKinsey, las empresas orientadas al diseño superan a sus competidores en el mercado, generando el doble de ingresos. Un estudio de 2015 del Design Management Institute (DMI), que analizó datos de una década, reveló que las empresas que adoptaron el diseño en sus modelos de negocio mostraron mayor éxito en ventas, márgenes de beneficio y crecimiento de la cuota de mercado. Estas empresas tuvieron un rendimiento más de 200% superior al de sus pares en el S&P 500.
El diseño puede actuar en diversos niveles dentro de las organizaciones — desde el operativo hasta el estratégico. Muchas personas y grupos han utilizado el diseño como una herramienta para enfrentar las urgencias globales, demostrando que puede ser un agente de transformación en diferentes contextos. Después de todo, como dijo Alice Rawsthorn, escritora y crítica de diseño galardonada, “los diseñadores deben estar al servicio de las grandes cuestiones de su tiempo”. Rawsthorn es cofundadora de Design Emergency, una plataforma de investigación sobre el papel del diseño en la construcción de un futuro mejor.
Casos como el brote de ébola en 2014 y los desastres naturales de 2023 demuestran claramente el papel crucial del diseño en situaciones de urgencia humanitaria. En 2014, durante el brote de ébola en África, un grupo de investigadores aplicó design thinking para desarrollar un sistema de recolección y reporte de datos, que originó el Global Ebola Laboratory Data. Este sistema fue esencial para orientar acciones nacionales e internacionales relacionadas con la situación epidemiológica y logística en Guinea, Liberia y Sierra Leona. Ya en 2023, terremotos devastaron Turquía, Siria y Marruecos, mientras lluvias torrenciales e inundaciones azotaron Libia, generando repercusión global. En respuesta a estos eventos, investigadores y diseñadores de la Middle East Technical University, en Ankara (Turquía), utilizaron el diseño para crear soluciones contextuales, generando ideas y elementos visuales que ayudaron a esclarecer el momento crítico y las etapas necesarias para las respuestas a estas crisis.
Además de estos ejemplos, existen casos notables de organizaciones que utilizan el diseño en proyectos de alto impacto positivo, como Brave New Alps, Fairphone y Mass Design Group. Brave New Alps, un estudio de diseño italiano fundado en 2005, desarrolla iniciativas que emplean el diseño para abordar cuestiones políticas y ambientales, promoviendo cambios significativos en diversas comunidades. Por su parte, Fairphone, una empresa de electrónica con sede en Ámsterdam, utiliza el diseño para transformar la forma en que se producen los smartphones. La empresa ha creado el teléfono más sostenible jamás desarrollado, utilizando materiales reciclados, estableciendo una cadena de producción responsable y ofreciendo un mercado accesible para la reposición de piezas. Así, reduce el desperdicio y fomenta un consumo más consciente.
Otro ejemplo inspirador es Mass Design Group, una organización fundada en Ruanda con la misión de crear arquitectura que promueva la justicia y la dignidad humana. Con más de 200 colaboradores repartidos por el mundo, el grupo adopta técnicas sostenibles para construir infraestructuras orientadas a las comunidades, que participan activamente en el proceso de diseño, desde la concepción hasta la ejecución.
Christian Benimana, uno de los líderes de la organización, cree que la arquitectura debe ser un proceso digno, capaz de generar un impacto a largo plazo. También busca formar una red de arquitectos africanos para enfrentar los desafíos del continente, como el rápido crecimiento poblacional y la acelerada urbanización. Su TED Talk de 2017 refleja estos valores, inspirando a los profesionales a adoptar el diseño como herramienta de transformación social.

Incluso cuando se aplica de forma pragmática, para resolver problemas en otras escalas, el diseño no puede disociarse de su responsabilidad con la sostenibilidad ambiental y las consecuencias socioeconómicas. Cada decisión tomada por un diseñador conlleva un impacto, e ignorar estas dimensiones significa descuidar el papel del diseño en el contexto actual. Como reflexiona Alice Rawsthorn en “Design como Actitud”, la fragilidad que enfrentamos hoy no deja lugar a dudas: es fundamental alinear el diseño con valores éticos y prácticas responsables.
Victor Papanek, diseñador y educador austriaco, ya destacaba esta responsabilidad del diseño desde el siglo pasado, resumiéndola de forma poderosa en una de sus frases más conocidas: “Eres responsable de lo que pones en el mundo”. Para ayudar en la resolución de los grandes problemas de la humanidad son necesarios profesionales que, además de tener conciencia de las urgencias, comprendan el impacto de su trabajo y busquen valores que guíen sus acciones, después de todo, un proyecto, acción o producto nunca puede estar desconectado de los valores e ideologías que lo originaron.
Los diseñadores dan forma a nuestro día a día, creando no solo en el entorno digital (piezas para redes sociales, códigos e interfaces), sino también en embalajes y servicios —incluso las cejas tienen ahora diseño. Sin embargo, surge una pregunta crucial: al crear, ¿estamos realmente considerando, con la profundidad necesaria, a las personas, el impacto ambiental y los límites éticos?
Con herramientas y métodos que promueven la comprensión de las necesidades humanas, la colaboración en grupo y la experimentación, el diseño genera impactos significativos. Nos corresponde a nosotros decidir si estos impactos serán positivos o negativos.
El diseño ofrece una forma de pensar capaz de comprender y transformar el mundo. Sin embargo, para que esta práctica sea verdaderamente significativa, es esencial que se base en principios éticos y esté alineada a las emergencias de nuestro tiempo. Al resignificar el diseño más allá de su asociación estética, abrazamos su verdadero potencial como una disciplina orientada a la resolución de problemas complejos. Así, el diseño puede cumplir su papel como agente de transformación y esperanza, contribuyendo a la construcción de futuros mejores.
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Quién publicó esta columna
Lucas Tangi








