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26 de mayo de 2025
Previsión: estrategias a partir de múltiples futuros
La anticipación de escenarios puede guiar planes de acción más conscientes y convertirse en una ventaja competitiva

Desde los albores de la civilización, los seres humanos han buscado maneras de predecir el futuro. Anticipar eventos, transformaciones e incertidumbres siempre ha sido una necesidad fundamental ante lo desconocido. Esta inquietud refleja un anhelo común a diferentes culturas: comprender lo que está por venir para prepararse mejor.
Más que un deseo, esta necesidad ha sido determinante para el éxito de individuos, organizaciones y civilizaciones enteras. Entender el futuro puede representar tanto una ventaja competitiva como una cuestión de supervivencia. Aunque predecir el futuro con exactitud sea imposible, desarrollar estrategias para anticipar escenarios y sus posibles consecuencias se ha vuelto esencial. En este artículo, exploro esta necesidad humana de anticipación y cómo el foresight — un enfoque orientado al estudio de futuros — puede guiar estrategias más conscientes a partir de la consideración de múltiples escenarios posibles.
Predecir sistemas lineales y cerrados, donde las causas y consecuencias son más fáciles de identificar, es relativamente simple. Sin embargo, el principal obstáculo para predicciones asertivas actualmente es la creciente complejidad de los sistemas en los que estamos inmersos. En un mundo marcado por la interdependencia, flujos constantes de información y cambios acelerados, la relación entre causa y efecto se vuelve opaca, y el futuro, más difícil de anticipar.
En 1984, el sociólogo alemán Niklas Luhmann publicó la primera parte de su obra principal, “Soziale Systeme”, un trabajo fundamental para la teoría de los sistemas sociales. A lo largo de los años, desarrolló un enfoque para comprender la sociedad como un sistema, estructurado a partir de la distinción entre sistema y entorno. Inspirado por estudios de las ciencias exactas y biológicas, Luhmann argumentaba que diversos dominios de la sociedad moderna —como la economía, la logística y la industria— operan como sistemas interdependientes. Su teoría ocupa un lugar destacado en los estudios sociológicos contemporáneos.
Antes de Luhmann, la Teoría General de Sistemas ya había sido introducida por Ludwig von Bertalanffy, en la década de 1940. Él propuso una distinción fundamental entre sistemas cerrados, que no intercambian energía o información con el ambiente externo y, por ello, son más predecibles, y sistemas abiertos, que interactúan con el medio a su alrededor y pasan por procesos continuos de adaptación, volviéndose más complejos. Con el tiempo, esta teoría fue expandida para incluir conceptos como entropía, interacciones y autopoiesis —prestado de las ciencias biológicas, el último término describe la capacidad de los sistemas de autoproducirse y mantener su organización por medio de procesos internos, incluso en constante interacción e intercambio con otros sistemas.
Luhmann definió la complejidad como el conjunto de todos los estados y eventos posibles dentro de un sistema. La sociedad, en este sentido, es un sistema extremadamente complejo, con múltiples influencias e interacciones. Esto refuerza el hecho de que predecir el futuro con exactitud es inviable. Aun así, el deseo de anticipación permanece como una característica humana esencial. Comprender la visión sistémica de la sociedad y aceptar que nuestros esfuerzos de anticipación no proporcionan certezas absolutas, pero pueden generar ideas valiosas y orientar mejores decisiones, es fundamental para explorar visiones del futuro.
Aunque hablar sobre predicciones y estudio del futuro todavía pueda ser subestimado, el concepto ha sido tratado con seriedad por la ciencia durante décadas. Diversas organizaciones globales se dedican al desarrollo de metodologías y a la formación de profesionales para explorar escenarios. Entre ellas, se destacan:
- Instituto para el Futuro (IFTF) – Fundado en 1968, en California (EE. UU.), es uno de los principales centros de investigación en futuros, ayudando a las organizaciones a anticipar cambios y prepararse para desafíos emergentes;
- Universidad de Houston – Desde 1974, ofrece un programa de maestría en Ciencias en Foresight, siendo pionera en la formación académica en esta área;
- World Futures Studies Federation (WFSF) – Fundada en 1973, con sede en París, es socia consultiva de la ONU y la Unesco, reuniendo a investigadores de más de 60 países para promover estudios del futuro.
La relevancia de este campo es tal que, según el Foro Económico Mundial, habilidades como pensamiento sistémico y la anticipación de escenarios son esenciales para lidiar con la complejidad del mundo, especialmente en el contexto pospandemia de COVID-19.
Entre los métodos más utilizados para la anticipación se encuentran los modelos predictivos basados en datos. Estos enfoques parten del análisis de información histórica para identificar patrones y estimar la probabilidad de determinados eventos. Se aplican ampliamente en sectores como logística, marketing, política, clima y finanzas. Se trata, posiblemente, del enfoque más popularizado actualmente en el entorno organizacional. Muchas empresas se declaran data driven (orientadas por datos), basando gran parte de sus decisiones en análisis estadísticos y proyecciones cuantitativas.
Con la valoración de estas proyecciones, se ha vuelto común la producción y difusión de informes de tendencias. Grandes consultorías, instituciones de investigación, universidades y organismos internacionales, como el Foro Económico Mundial, son algunas de las fuentes recurrentes de este tipo de material. Al sintetizar patrones de comportamiento y proyecciones de mercado, estos informes ejercen una fuerte influencia sobre los tomadores de decisiones. Cuando ganan gran visibilidad, pueden generar lo que llamamos profecías autocumplidas, es decir, escenarios que, al ser ampliamente divulgados como probables, moldean estrategias, inversiones y comportamientos, haciendo que se materialicen por la propia adhesión que generaron.
Este ciclo de validación puede reforzar tendencias sin cuestionar necesariamente sus supuestos. Por ello, independientemente del enfoque utilizado, es fundamental recordar que ningún escenario es determinista. En sistemas complejos, como los que componen la sociedad contemporánea, el futuro no sigue una trayectoria única y predecible. Reconocer esta multiplicidad es lo que nos permite ampliar nuestra capacidad de acción y adaptación.
Una de las representaciones visuales más conocidas de esta lógica es el cono de futuros, desarrollado en 2000 por Joseph Voros, entonces profesor de la Universidad de Tecnología de Melbourne (Swinburne University). El modelo propone una apertura progresiva a partir del presente, mapeando futuros posibles, probables y preferibles. Esta perspectiva amplía la mirada estratégica y refuerza la comprensión de que vivimos en un mundo interconectado, incierto y en constante transformación — donde múltiples escenarios son posibles.

La propuesta de Voros de representar el futuro como un cono, aunque visualmente simple, conlleva una comprensión profunda y plural sobre la construcción de escenarios. Hablar de futuros, en plural, no es solo una elección semántica — es un cambio de paradigma. Este plural amplía nuestra percepción, influye en la forma en que pensamos y, sobre todo, en cómo actuamos. Representar y discutir futuros es reconocer que el presente se despliega en múltiples direcciones posibles, con diferentes consecuencias, impactos y protagonistas. Es abandonar la idea de una única línea de llegada y aceptar la coexistencia de caminos diversos.
En Brasil, uno de los principales nombres que promueven esta visión es el futurista Tiago Mattos, quien suele decir: “Elegir un único futuro e ignorar los demás —y todos los demás tonos de gris— es una miopía.” Su enfoque dialoga con los estudios de la científica cognitiva Lera Boroditsky, quien investiga cómo el lenguaje moldea nuestro pensamiento. Según ella, la forma en que hablamos influye directamente en nuestra percepción del mundo. La elección de las palabras —incluso inconsciente— actúa como un direcionador mental, limitando o expandiendo nuestra capacidad de imaginar alternativas.
Cuando hablamos solo de “el futuro”, en singular, a menudo, sin darnos cuenta, estamos reforzando una lógica determinista: como si solo hubiera un camino posible, una narrativa única e inevitable. Esta forma de pensar tiende a simplificar las discusiones y puede conducirnos a trampas como el pensamiento binario, la polarización y la ilusión de control sobre un escenario único, lineal e idealizado, a menudo desconectado de la complejidad real del mundo.
Al adoptar la noción de futuros, abrimos espacio para visiones más diversas, éticas y conscientes. Pasamos a reconocer que cada camino proyectado conlleva preguntas importantes: ¿Quién definió este futuro? ¿Desde qué perspectiva? ¿Qué voces fueron incluidas —y cuáles fueron silenciadas? Cuantos más futuros logramos imaginar y acoger, más rica se vuelve la conversación —y más preparadas estarán nuestras decisiones para lidiar con la incertidumbre.
La construcción de escenarios futuros exige amplitud de pensamiento — y, principalmente, coraje para imaginar lo que aún no ha sido imaginado, desapegándose de escenarios que simplemente nos agradan. En este proceso, la imaginación se convierte en una aliada indispensable. Ejercicios especulativos son fundamentales para explorar posibilidades aún no formuladas, y la ciencia ficción ha sido uno de los campos más fértiles para este tipo de experimentación. Al crear mundos alternativos, funciona como un verdadero laboratorio creativo, en el cual ideas, valores y tecnologías se ponen a prueba simbólicamente — a menudo anticipando temas que, años después, se vuelven centrales en la sociedad.

Tecnologías como las videoconferencias, la inteligencia artificial y los vehículos eléctricos, por ejemplo, fueron imaginadas en obras de ficción mucho antes de convertirse en realidad. Aunque estas representaciones no tienen carácter científico, están repletas de elementos que intentan dar forma a lo que aún no existe y, al hacerlo, acaban influyendo también en el presente. Thomas Frey, futurista estadounidense, resume bien esta lógica al afirmar: “La forma en que imaginas el futuro moldea tus acciones en el presente. Por lo tanto, no es solo el presente el que construye el futuro, sino que el futuro también construye el presente.”
Algunas de estas visiones habitan el imaginario colectivo desde hace muchas décadas. Quizás uno de los ejemplos más emblemáticos sea el coche volador. En 1882, el pintor y futurista francés Albert Robida presentó su obra “Le Sortie de l’Opéra en l’an 2000” (Saliendo de la Ópera en el Año 2000), en la que retrata a personas saliendo de un concierto en vehículos aéreos, sobrevolando un París aún reconocible.

La pintura fusiona avances tecnológicos imaginados con elementos de la vida cotidiana burguesa del siglo XIX, como los trajes formales, el estilo arquitectónico y los códigos de etiqueta. Al mismo tiempo que proyecta un salto tecnológico, conserva el imaginario social y estético de su época. Un contraste que nos invita a reflexionar: al imaginar el futuro, ¿qué somos capaces de cambiar realmente, y qué mantenemos, aunque sea inconscientemente?
Al imaginar el futuro, proyectamos inevitablemente gran parte del presente sobre él. La obra de Robida es un ejemplo claro de cómo la imaginación moldea nuestras percepciones sobre lo que está por venir — y también revela nuestros límites, sesgos y lo que dejamos de considerar.
La complejidad de la sociedad contemporánea involucra múltiples influencias que moldean nuestra visión del mundo: consumo, ciencia, tecnología, cultura, economía y mercado. Ante esto, emergen profesionales dedicados a estudiar las posibles direcciones que el futuro puede tomar, utilizando datos, observaciones y, sí, imaginación. Esta práctica ha sido sintetizada en términos como foresight y future studies. En Brasil, también se utilizan expresiones como estudios del futuro, prospección y prospectiva — siendo importante recordar que el término “futurismo” aquí no se refiere al movimiento artístico de principios del siglo XX, sino a la disciplina orientada al análisis de escenarios futuros.
Las acciones de foresight buscan mapear una diversidad de escenarios, generalmente clasificados en posibles, plausibles, probables y preferibles. El objetivo es estructurar planes de acción que permitan a organizaciones, gobiernos e individuos prepararse —o influir— en los futuros en los que desean actuar. Se trata de un ejercicio que integra análisis de datos, investigaciones de mercado, observación de tendencias y uso estratégico de la imaginación.
Para fortalecer la práctica y reconocer formalmente a los profesionales del área, se creó el Global Foresight Advisory Council, una iniciativa internacional que certifica a especialistas en foresight basándose en criterios como carga horaria de estudios, trabajos aplicados, formación continuada y evaluaciones específicas.
Además del entorno corporativo, este enfoque ha sido incorporado de forma estructurada por gobiernos, como el de Finlandia y el de Singapur, que han adoptado prácticas orientadas a la formulación de políticas públicas basadas en la planificación a largo plazo. Un ejemplo notable es el caso finlandés: desde 2015, el gobierno publica periódicamente el Report on the Future (Informe sobre el Futuro), elaborado por el Comité Parlamentario de Futuro, con el objetivo de mapear temas estratégicos que requerirán atención a medio y largo plazo. Este informe orienta tanto la elaboración de políticas como el debate social, ofreciendo datos, análisis y recomendaciones. Entre los programas derivados de esta visión se encuentra el Finland for Future Generations, que proyecta escenarios y formula propuestas para garantizar la sostenibilidad y el bienestar de las futuras generaciones del país.
Aunque el informe se formalizó en 2015, las prácticas de foresight se llevan a cabo de manera sistemática en Finlandia desde 2004. El país es reconocido por desarrollar uno de los sistemas de anticipación más avanzados del mundo, caracterizado por la articulación permanente entre órganos públicos, academia, sector privado y sociedad civil en la construcción colaborativa de futuros deseables.
Los resultados de esta inversión en pensamiento de futuros se reflejan en diversos indicadores internacionales. Finlandia ocupa actualmente el primer lugar en el Sustainable Development Report 2024 (SDG Index), con una puntuación de 86,3, liderando el ranking de sostenibilidad entre 193 países. Además, se mantiene de forma consistente en las primeras posiciones de los principales índices globales de innovación, infraestructura y gobernanza, como el Global Innovation Index, publicado por el Foro Económico Mundial. Si bien estos resultados son fruto de múltiples factores, es posible afirmar que la adopción sistemática de prácticas de foresight — especialmente la integración entre los sectores público, privado y académico — ha sido un vector relevante para impulsar tanto la innovación como la resiliencia del país frente a las incertidumbres.
Son iniciativas que reconocen la importancia de pensar más allá del presente — y de preparar el presente basándose en múltiples posibilidades de futuro. Incluso sin garantías de precisión absoluta, explorar escenarios futuros es una herramienta poderosa para ampliar la conciencia sobre el presente. A diferencia de una predicción determinista, el ejercicio de anticipar futuros nos permite reconocer posibilidades, evaluar riesgos y proyectar caminos con mayor intencionalidad. Cuanto más logramos comprender las variables que moldean el mundo, más preparados estaremos para lidiar con la incertidumbre — y menos rehenes seremos de decisiones reactivas o mal orientadas.
Incluso sin recurrir a metodologías formales, el pensamiento de futuros (futures thinking) es una práctica accesible y democrática — una habilidad socioemocional que necesita ser cultivada por más personas. En un mundo atravesado por urgencias ambientales, sociales y políticas, desarrollar esta capacidad nos ayuda a enfrentar desafíos de forma sistémica, reducir sesgos y planificar con más responsabilidad. Tomar decisiones conscientes exige ver más allá de lo inmediato — y considerar, con coraje y curiosidad, los futuros posibles, probables, preferibles… y hasta los indeseables. Entre las iniciativas que buscan democratizar este repertorio en Brasil, se destaca el Glosario de Futuros, disponible en: futurosplurais.com.br/glossario-de-futuros.
Al final, anticipar el futuro es también un acto de cuidado. No solo por las ventajas competitivas que puede ofrecer, ni como intento de controlar lo que está por venir, sino como ejercicio de lucidez y responsabilidad en el presente. Al desarrollar esta conciencia, ampliamos nuestra capacidad de crear estrategias y soluciones más conectadas con la complejidad del mundo. Que esta práctica gane espacio en nuestros entornos de decisión, transformando la incertidumbre en potencia creativa. Al fin y al cabo, imaginar futuros más diversos, deseables y justos es también una estrategia a largo plazo. Y, para quien lidera personas, ideas o negocios, esta puede ser una de las elecciones más audaces —y más necesarias— de nuestro tiempo.
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Quién publicó esta columna
Lucas Tangi








