Marketing
21 de octubre de 2025
La construcción de valor en el mercado de la atención
El rebranding como herramienta para diferenciar, involucrar y sostener relaciones a largo plazo

El sector de educación, históricamente marcado por la tradición y la formalidad, se ve desafiado por la llamada economía de la atención, en la que las marcas compiten no solo por alumnos, sino también por tiempo, compromiso y relevancia. Esta noción cobró fuerza en las últimas décadas y fue sistematizada de forma clara en el artículo “The Economics of Attention”, de George Loewenstein y Zachary Wojtowicz.
Los autores defienden que la atención se ha convertido en un recurso económico escaso y decisivo, comparable a activos clásicos como la tierra, el trabajo y el capital. En la era del exceso de estímulos, la información ya no es un diferencial en sí misma; el verdadero valor reside en capturar, dirigir y sostener el foco de las personas. Este desplazamiento tiene implicaciones directas tanto en el mercado como en la educación, pues, sin atención, no hay aprendizaje, compromiso o consumo significativo.
Entre los principales puntos planteados por los investigadores, se destacan: la atención como recurso limitado —retomando a Herbert Simon, quien ya señalaba la abundancia de información como generadora de pobreza de atención—; la emergencia de una economía conductual de la atención, en la que las decisiones están moldeadas por sesgos y por la forma selectiva en que dirigimos nuestro enfoque; la transformación de la atención en commodity, explotada por plataformas digitales que miden el compromiso en tiempo de pantalla; y la influencia de estados emocionales como la curiosidad, el aburrimiento o el flow, que determinan si profundizaremos en un contenido o simplemente deslizaremos el dedo en otro feed infinito.
Como observan los autores, aquello que recibe atención tiene más posibilidades de ser memorizado, internalizado y transformado en conocimiento. Esta relación directa entre atención y memoria ofrece un punto de contacto crucial con el campo educacional, y las estrategias de branding se vuelven centrales para sustentar vínculos duraderos con comunidades de aprendizaje.
Reposicionamiento
Una iniciativa del Pecege, instituto de enseñanza, investigación e innovación de Piracicaba (SP), ejemplifica este movimiento. Se trata del MBX (Master Business Experience), que dejó de ser un evento puntual y se reposicionó como un ecosistema de conocimiento. La trayectoria comenzó en 2015 con el evento SIM, inicialmente enfocado en defensas de TCC intercaladas con algunas conferencias gratuitas.
La primera edición reunió a unas 20 personas en un auditorio con capacidad para cientos, pero rápidamente surgió la percepción de una oportunidad para transformar la experiencia académica en algo más robusto. En 2017, el equipo se inspiró en el programa Rock in Rio Academy, que ofrece una inmersión práctica en las estrategias de gestión y branding de uno de los festivales más grandes del mundo, una referencia global sobre cómo transformar experiencias en valor de marca.
Estas referencias marcaron el inicio de un giro estratégico: el evento comenzó a adoptar prácticas de marketing experiencial, ampliando la mirada hacia el público y posicionándose no solo como un espacio de defensas académicas, sino como una oportunidad de conexión, intercambio y pertenencia.
El SIM creció en público hasta 2019, cuando llegó a reunir a más de 8.000 personas, entre congresistas y graduados. La pandemia obligó a la transición a lo digital y, en 2021, el SIM dio paso al MBX – Master Business Experience, con un formato en línea que ya incorporaba conferencias, networking virtual y experiencias diferenciadas.
Estrategia de diferenciación
El rebranding de MBX, marca que ya existía desde 2021, comenzó de adentro hacia afuera. En jul. 2024, el movimiento se lanzó internamente para colaboradores, alumnos, coordinadores y socios estratégicos, con el objetivo de fortalecer el sentido de pertenencia y alinear percepciones sobre el nuevo posicionamiento. La idea era clara: antes de llegar al mercado, la marca necesitaba echar raíces en quienes ya formaban parte del ecosistema.
Solamente en sep. 2025, durante el evento anual realizado en Piracicaba (SP), el nuevo posicionamiento del MBX fue presentado oficialmente al público.
Este enfoque refleja el concepto de inside-out branding, en el que el fortalecimiento de la cultura y el compromiso interno preceden al lanzamiento externo. Según Hatch y Schultz (2003), en su estudio clásico sobre identidad organizacional y marca corporativa, “las marcas auténticas se construyen de adentro hacia afuera”, ya que la alineación entre cultura, visión e imagen es lo que sustenta la consistencia en el mercado. De igual manera, Burmann, Zeplin y Riley (2009) argumentan que el internal branding es un prerrequisito esencial para la credibilidad de cualquier rebranding, al garantizar que los colaboradores se conviertan en los primeros defensores de la nueva propuesta de valor.
Un concepto que ayuda a entender la elección estética del MBX es el “no brand” — o “sin marca”, en traducción literal. Se trata de un movimiento que privilegia el diseño limpio y sobrio. Al elegir la discreción en medio del exceso de estímulos y la hiperexposición de información, la marca no se esconde, sino que se destaca justamente por contraste. En una era en la que cada clic, scroll o swipe es un grito, una marca que “susurra” capta la atención con aún más fuerza.
La nueva identidad de MBX se apoya en esta lógica. Se apostó por un diseño en blanco y negro, directo y de impacto. El minimalismo, aquí, no es ausencia de personalidad, sino confianza — una elección consciente de comunicar más con menos.
Este movimiento se observa en marcas contemporáneas como Nude y Apple, que exploran el poder de la simplicidad como diferencial competitivo. Nude, una marca brasileña de “alternativas lácteas”, ha construido un discurso de transparencia y autenticidad al unir empaques minimalistas, comunicación directa y un tono de voz ligero, lo que refuerza su propuesta de ser “una leche que no es leche”. En este caso, el diseño limpio funciona como traducción visual del propósito de la marca: claridad, honestidad e identificación con un público que valora el propósito y la estética funcional.
La Apple, por su parte, consolidó el minimalismo como lenguaje global. Desde el iMac colorido de 1998 hasta los iPhones actuales, su identidad visual traduce sofisticación y enfoque en la experiencia del usuario. La estrategia va más allá de la estética: cada detalle, desde el diseño del sitio web hasta el diseño de los empaques, comunica confianza, exclusividad e innovación silenciosa. Es lo que defendía el diseñador alemán Dieter Rams, referente del diseño moderno y autor de Less but Better (2010): “el buen diseño es el mínimo diseño posible”.
Estos ejemplos demuestran cómo el branding minimalista puede ser una respuesta estratégica a la economía de la atención (Loewenstein & Wojtowicz, 2023), donde el exceso de estímulos visuales e informativos satura al público. Cuando una marca “susurra” en medio del ruido, crea contraste, despierta curiosidad e invita a la contemplación, un recurso que sostiene la relevancia y genera valor simbólico.
En el evento, la marca estuvo presente en todos los puntos de contacto: desde la comunicación visual del edificio hasta las activaciones, obsequios y experiencias creadas. El objetivo era transmitir consistencia y reforzar la idea de que branding no es solo estética, sino experiencia vivida. Para reforzar este posicionamiento, la edición de 2025 trajo una novedad inédita: la primera tienda institucional MBX. Más que un punto de venta, la tienda fue concebida como una activación estratégica de marca, traduciendo los valores del ecosistema en objetos de deseo.
Como argumenta Siavash Bakhtiar en Education and the Economy of Attention in Times of (Post-)Pandemic, lo digital opera dentro de un régimen de hiperestimulación que favorece la dispersión, la fatiga y la superficialidad. Los entornos físicos, por otro lado, crean condiciones para la atención profunda, el compromiso sensorial y la socialización significativa. Bajo esta perspectiva, la tienda institucional y las demás activaciones del MBX funcionaron como anclas atencionales: experiencias que desconectan al público del ruido en línea y ofrecen vivencias memorables, afectivas y tangibles.
El MBX se sustentó en los fundamentos del marketing relacional, concepto ampliamente estudiado en instituciones de enseñanza, que prioriza vínculos duraderos y experiencias de valor compartido. El estudio de caso de la Huizenga Business School, en EE. UU., muestra cómo incluso un blog académico puede generar reputación y compromiso al crear valor para los stakeholders. La institución creó el Huizenga School Blog como una plataforma de diálogo entre docentes, estudiantes y profesionales del mercado, publicando análisis sobre negocios e innovación orientados a la resolución de problemas reales, lo que fortaleció su reputación como referencia práctica y conectada al mercado.
El MBX sigue esta lógica de forma ampliada: en lugar de solo divulgar conocimiento, crea una comunidad viva, donde cada participante es protagonista del proceso de aprendizaje. La fundamentación interna del proyecto reforzó la importancia de consolidar áreas temáticas estratégicas —de la tecnología a la gestión de personas— dentro de un hub centralizado. La curaduría de experiencias y el networking estructurado refuerzan la identidad de un ecosistema que une a quien enseña, a quien aprende y a quien transforma.
En un tiempo en que la atención es el bien más disputado, el branding en la educación trasciende el campo de la imagen: se trata de construir significado. Las marcas educativas fuertes invitan a la pertenencia y transforman el aprendizaje en una experiencia compartida, creando conexiones humanas que perduran más allá del aula. Cuando la comunicación se alía a la misión de educar, el valor de una institución deja de medirse por matrículas o certificaciones y pasa a estar en la capacidad de inspirar propósito y generar transformación duradera.
| Para tener acceso a las referencias de este texto haga clic aquí |
Quién publicó esta columna
Natasha Barreto de Oliveira








