Marketing
16 de marzo de 2026
Desinfección, desintoxicación digital y marcas en la era de la autenticidad
“Tenemos la sensación de estar viviendo una reproducción infinita de publicaciones”

Hablar de redes sociales exige reconocer un cierto cansancio. Estamos menos encantados con la promesa de conexión infinita y más desconfiados ante feeds que parecen disputar atención por insistencia. Además, percibimos una caída de calidad en lo que estamos viendo.
Una investigación citada por Meio & Mensagem, a partir de un sondeo de Toluna con cerca de 800 brasileños, realizada en diciembre de 2025, mostró que el 27% de los entrevistados pretende disminuir el tiempo en redes sociales en 2026, apareciendo Instagram como el principal objetivo de esta reducción. El dato no lo explica todo, pero ayuda a nombrar una sensación difusa: para parte del público, la experiencia se ha vuelto más ruidosa, menos gratificante y más agotadora.
Este cansancio tiene una explicación útil en la obra de Cory Doctorow. En “Enshittification: Why Everything Suddenly Got Worse and What To Do About It”, describe el proceso de degradación de las plataformas en etapas: al principio, son buenas para atraer usuarios. Luego, ajustan el producto para favorecer a clientes comerciales. Por último, pasan a extraer valor de todos lados, con pérdida de calidad y aumento de fricción. No es solo una metáfora. Se trata de una lente para entender por qué tanta gente siente que el contenido en estas plataformas ha empeorado.
A esto se suma el uso de Inteligencia Artificial (IA) generativa en la construcción de estos contenidos. La IA ha sido una herramienta fundamental para crear agilidad y mejorar la productividad de quienes la usan, pero muchos de los contenidos producidos no han pasado por el tamiz humano. Además de una comoditización, tenemos la sensación de estar viviendo una reproducción infinita de posts. Esa sensación de “todo es igual”.
Es en este contexto que la idea de “unshittification” aparece como una reacción, un intento de descontaminar la experiencia digital, reducir excesos y recuperar relevancia en el uso cotidiano. La expresión está siendo tratada como tendencia para 2026 en lecturas de mercado en Brasil, asociada a experiencias más simples, más auténticas y menos saturadas por estímulos repetitivos. Pero vale un cuidado: “unshittification” no es un decreto, ni un giro automático de producto. Es, antes, un desplazamiento cultural que presiona a plataformas y marcas a revisar incentivos y que convive con respuestas individuales, como el detox digital.
Desintoxicación digital, por su parte, suele definirse como la decisión de establecer un período de desconexión o reducción intencional del uso de pantallas y redes, reorientando la atención a actividades fuera del entorno digital. Funciona como un termómetro: cuando mucha gente empieza a buscar pausas, es porque la experiencia se ha vuelto agotadora. Aun así, la desintoxicación es una estrategia individual y no resuelve por sí sola los engranajes que degradan el ecosistema. Sin embargo, muestra un movimiento real de las personas en su relación con el contenido recibido en sus feeds.
Enseñas
Y aquí entra el punto más incómodo y central para la reflexión: las marcas no son figurantes en este entorno. Participan en la economía de incentivos que alimenta la degradación cuando practican “folletos digitales”, es decir, el exceso de publicidad, alto volumen de publicaciones, repetición, estética genérica, eslóganes, interrupción disfrazada de contenido. Solo que el efecto secundario es evidente: cuanto más contenido se produce para ocupar espacio y empujar la conversión a cualquier costo, más el feed se parece a un pasillo de anuncios y menos el público encuentra valor. La consecuencia no es solo la irritación del usuario, es pérdida de atención calificada, aumento de la indiferencia y un entorno en el que incluso los buenos mensajes necesitan gritar para ser notados.
Esta dinámica amplía el propio ciclo descrito por Doctorow. Las plataformas, presionadas por la monetización, aumentan la entrega de publicidad y contenidos de baja relevancia, pero con alto engagement. Las marcas, presionadas por el deseo de resultados rápidos, aumentan el volumen y la repetición. Las personas, presionadas por la saturación, buscan el detox digital. En otras palabras: “unshittification” no significa solo menos anuncios o “más autenticidad” como eslogan, significa reconfigurar la relación entre el interés del usuario, el diseño del producto y las prácticas de comunicación.
Para las marcas, esto implica cambiar la lógica de folleto por la lógica editorial. Planificar contenido, aportar más autenticidad, reducir la redundancia, aumentar la utilidad, declarar la intención (informar, entretener, servir) y aceptar que la confianza se construye. Es evidente que todo esto puede hacerse con la ayuda de la IA, pero hay que tener cuidado de no hacer de la herramienta el punto de llegada.
Si 2026 realmente está abriendo espacio para la “unshittification”, dependerá menos de una tendencia y más de elecciones: de las plataformas, de las marcas y también de la cultura que recompensa o penaliza la panfletización. El debate, en el fondo, es simple de enunciar y difícil de ejecutar: en un ecosistema saturado, quien insista en ocupar espacio sin ofrecer valor contribuye al deterioro y paga por ello en el activo más caro de nuestro tiempo: la atención.
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