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30 de mayo de 2025
El riesgo creativo y la ruptura de patrones en la comunicación de marcas
La creatividad y la autenticidad pueden funcionar como palancas de posicionamiento institucional

¿Qué hace que una campaña publicitaria sea realmente memorable en un escenario saturado de discursos estandarizados y formatos predecibles? La respuesta puede residir en la capacidad de la marca de asumir riesgos creativos y romper con las expectativas establecidas, en una propuesta de audacia y ruptura de lo obvio.
Recientemente, una gran marca de productos para el cabello lanzó una campaña protagonizada por dos figuras públicas brasileñas de gran relevancia, una cantante aclamada en el escenario de la música popular brasileña y una famosa presentadora de televisión, reconocidas por estilos completamente distintos de estética y personalidad. Mientras una representa una imagen más alineada, especialmente en relación con el cabello, la otra se caracteriza por su autenticidad, identidad cultural y aspecto natural.
El momento de mayor repercusión fue una declaración de la cantante: “No voy a usar”, refiriéndose al producto anticrespado capilar protagonista de la campaña. La frase se dijo en un contexto muy ligero, en una conversación espontánea y divertida entre las estrellas de la campaña. Esta frase, aparentemente contraria a la lógica de la publicidad, fue uno de los momentos más comentados. La acción reunía una serie de vídeos que reproducían estas conversaciones entre ambas. Y precisamente por eso se volvió viral, generando debates en las redes sociales, amplia visibilidad orgánica y compromiso espontáneo.
Esta decisión de la marca ilustra con precisión el concepto de riesgo creativo, una elección deliberada de salirse de la narrativa controlada para apostar por autenticidad y verdad. De hecho, verdad fue un concepto que también estalló en la campaña, en uno de los diálogos cuando la presentadora pregunta a la cantante, cuestionando cómo iban a grabar la campaña si ella afirmaba que no usaría el producto. La cantante, libremente, responde: “Con la verdad. Yo con la mía y tú con la tuya”. Al permitir que una de las protagonistas fuera honesta y no utilizara el producto anunciado, la empresa estableció una nueva forma de conexión con el público, basada en respeto a la diversidad y libertad de elección.
Durante años, hemos visto a personalidades mediáticas modificar su apariencia para adaptarse al estándar estético exigido por las campañas publicitarias. Esta vez, fue diferente. La marca optó por valorar la identidad original de cada figura involucrada. Y el resultado fue poderoso: en lugar de vender un producto, comunicó un posicionamiento.
Con esta acción, la empresa no solo se destacó por su creatividad, sino por la valentía de desafiar el modelo tradicional de persuasión. En lugar de prometer resultados universales, entregó libertad. En lugar de reforzar patrones, ofreció alternativas. Y esto, en el entorno digital actual, representa un capital simbólico de alto valor. En un momento en que otras marcas están buscando deconstruir patrones como, por ejemplo, retirar de los envases de champú la expresión “para cabellos normales”. Esto también refleja una necesidad de mercado, después de todo el público consumidor no está hecho solo de personas con cabellos lisos y alineados, cuerpos delgados y siluetas definidas.
Desde el punto de vista estratégico, esta elección se tradujo en miles de interacciones en pocas horas, un alcance ampliado por comparticiones espontáneas y asociaciones positivas a la marca. Pero los números son solo una parte del impacto. El verdadero diferencial fue poner la autenticidad en el centro de la narrativa. Vivimos una era en la que ya no se acepta una comunicación estandarizada, impositiva y que dicta lo que debemos hacer. Los consumidores son personas únicas y ya no hay forma de hacer que estos consumidores se adecúen a los productos. La lógica es la contraria: son las marcas las que necesitan crear productos y servicios que atiendan a las diferentes necesidades de las personas.
Este tipo de campaña señala un fuerte cambio de era en la comunicación: la migración de una publicidad basada en manipulación estética a una basada en escucha, contexto y verdad. Y más: indica que la creatividad puede y debe ser una palanca de posicionamiento institucional.
Al incorporar discursos plurales, lenguajes accesibles y representaciones reales, las marcas construyen vínculos más duraderos y alcanzan aquello que es real, están hablando de la vida de las personas y no necesariamente del producto. Dejan de ser meras emisoras de mensaje y pasan a ser agentes culturales con responsabilidad social y simbólica.
En el escenario actual, con consumidores más críticos y redes sociales amplificando voces, es esencial que las marcas comprendan que el compromiso real no viene de la promesa perfecta, sino de la coherencia entre discurso y práctica. Y esto se aplica a la creación, desarrollo e innovación de productos.
Ahora, queda la pregunta: ¿está el mercado realmente listo para el riesgo creativo? ¿O seguiremos atrapados en la idea de que comunicar es convencer, cuando, en realidad, comunicar es construir relación, mirando las diferencias y entendiendo que las personas necesitan representatividad?
El futuro de la comunicación pasa por elecciones valientes. Y las marcas que sepan posicionarse con verdad, incluso cuando parezca arriesgado, serán aquellas que permanecerán vivas en la memoria del público y, en consecuencia, atraerán a los consumidores a sus productos y servicios.








