Data Science / Ciencia De Datos
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29 de mayo de 2025
Ciencia abierta: entre el ideal y lo posible
La ausencia de políticas claras, la falta de estandarización en los procesos de apertura de datos y las desigualdades estructurales son obstáculos

“El conocimiento científico, al igual que el lenguaje, es intrínsecamente la propiedad común de un grupo o no es nada”. Esta frase del físico y uno de los filósofos de la ciencia más influyentes del siglo XX Thomas Kuhn (1922–1996), en su célebre obra “La Estructura de las Revoluciones Científicas” (1962), recuerda que la ciencia siempre ha sido un emprendimiento colectivo.
Sin embargo, quizás nunca haya quedado suficientemente claro cuán esenciales son la colaboración, la transparencia y el intercambio de información para el avance del conocimiento. La ciencia abierta recupera esta dimensión crítica resaltada por Kuhn al proponer una práctica científica más dialógica, pautada en la constante indagación de los paradigmas vigentes, en la que la crítica, la revisión y el intercambio no son amenazas, sino factores esenciales para el progreso científico.
En este sentido, como destaca Mario Bunge en el curso de actualización sobre epistemología, de 1987, la comprensión crítica y justa del conocimiento puede inspirar prácticas científicas más equilibradas, capaces de promover el desarrollo integral y continuo de la investigación científica. Esta es una condición esencial para que este modelo de hacer ciencia se consolide de forma sostenible en los diversos enfoques teóricos de investigación. Es justamente en este aspecto donde reside la complejidad de la cuestión: repensar el modo en que producimos, validamos y diseminamos los saberes científicos. Aun así, persisten las preocupaciones respecto a datos sensibles y el recelo de que el intercambio de información pueda exponer o fragilizar a los investigadores (Ribeiro y Oliveira, 2024).
Inspirada por principios como el acceso libre a publicaciones, la transparencia en los datos de investigación, el compromiso de la sociedad en los procesos investigativos y el fortalecimiento de la ciencia ciudadana, este enfoque ha ido ganando espacio en todo el mundo. Según el proyecto Ciencia Abierta de la USP, esta nueva forma de hacer ciencia se define como “una construcción inclusiva que combina varios movimientos y prácticas, con el objetivo de hacer el conocimiento científico multilingüe disponible abiertamente, accesible y reutilizable para todos”, pautada por el acceso al conocimiento (Portal de la USP).
Brasil se ha destacado en este escenario: en 2023, se publicaron 156.800 artículos científicos, el 75% en acceso abierto, lo que garantizó al país la 10ª posición mundial en producción científica, según datos del catálogo internacional OpenAlex presentados por Capes (Coordinación de Perfeccionamiento de Personal de Nivel Superior). Los resultados no solo demuestran el vigor de la producción científica nacional, sino que también evidencian el compromiso creciente con los principios de la ciencia abierta (Capes, 2023). Estas cifras, ligadas a las discusiones sobre los límites e impactos de la ciencia abierta, revelan un terreno fértil para fomentar el debate sobre una academia más conectada con los desafíos contemporáneos y con la democratización del conocimiento.
Aún así, según Heinz y Miranda (2024), la implementación de la ciencia abierta ocurre de modo gradual y, a menudo, por debajo del ritmo deseado. Esto se debe, entre otros factores, a la complejidadestructural que implica este proceso, como la necesidad de una infraestructura tecnológica robusta y de inversiones continuas, especialmente orientadas a la transparencia y accesibilidad de los datos, además de políticas institucionales bien definidas para garantizar el compartir seguro y eficiente de los datos científicos (Heinz y Miranda, 2024; Ribeiro y Oliveira, 2024). Esta coyuntura evidencia que, aunque la ciencia abierta representa un avance significativo en la democratización del conocimiento, su consolidación depende de esfuerzos coordinados entre investigadores, instituciones y formuladores de políticas.
Desafíos
A pesar del avance de la ciencia abierta en Brasil, su consolidación aún encuentra resistencias importantes, tanto a nivel individual como institucional. Muchos investigadores temen que el intercambio anticipado de datos y resultados pueda llevar a la apropiación indebida de sus descubrimientos o al compromiso de su competitividad en convocatorias y evaluaciones académicas, basadas, mayoritariamente, en métricas tradicionales de productividad (Heinz y Miranda, 2024).
Desde el punto de vista institucional, los desafíos también son expresivos. La ausencia de políticas claras, la falta de estandarización en los procesos de apertura de datos y las desigualdades estructurales entre regiones e instituciones dificultan la adopción de prácticas realmente abiertas, como señala la obra “Ciencia Abierta en Brasil: conquistas y desafíos”, organizada por investigadores de la UFRGS y del Ibict en 2025. Lanzada en abril, la obra señala que la consolidación de la ciencia abierta en Brasil demanda más que voluntad institucional: exige cambios culturales profundos, inversiones en infraestructura y acciones coordinadas entre agencias de fomento, universidades, gobierno y centros de investigación.
Otro aspecto central es la propia concepción de la ciencia abierta, que a menudo todavía se percibe con desconfianza o se confunde con una simple exigencia burocrática. En enero de 2025, investigadores del CNPq (Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico) publicaron un artículo en el sitio web de Capes titulado “Ciencia Abierta: una visión desapasionada”, en el cual sugieren que la implementación de la ciencia abierta debe ser gradual, respetando las particularidades del sistema científico nacional y considerando las reales condiciones de trabajo de los investigadores brasileños.
Un mes después, un grupo de investigadores de diversas instituciones publicó una carta de respuesta en el repositorio Zenodo —una plataforma de datos abiertos— con el título “Promoción e Implementación de la Ciencia Abierta en Brasil: respuesta al texto ‘Ciencia Abierta: una visión desapasionada’”. Esta manifestación ilustra bien las diferentes visiones en torno al tema. Aunque reconocen los obstáculos mencionados en el texto original, los autores de la carta argumentan que una postura excesivamente cautelosa puede retardar avances concretos ya en curso. Para ellos, es preciso superar la visión de que la ciencia abierta impone solo cargas y, en cambio, destacar las ganancias en transparencia, colaboración e impacto social que puede ofrecer.
En este sentido, la discusión no debe restringirse a la viabilidad técnica, sino que debe abordar también el papel de la ciencia abierta como un conductor de responsabilidad en el quehacer científico. A pesar de los obstáculos en el propio medio científico, diferentes instituciones han estado experimentando caminos prometedores para hacer la ciencia abierta más viable y efectiva.
En Brasil, el movimiento hacia la ciencia abierta comenzó en la década de 1990, con la creación del portal SciELO (Scientific Electronic Library Online), una biblioteca virtual pionera dedicada a ampliar el acceso gratuito a revistas científicas nacionales. El SciELO no solo democratizó el acceso al conocimiento producido en instituciones brasileiras, sino que también estableció estándares de calidad y visibilidad internacional para estas publicaciones.
Paralelamente, hubo una rápida adopción del software libre de edición OJS (Open Journal Systems), que contribuyó significativamente a la autonomía editorial de revistas académicas y a la consolidación de prácticas de edición científica más accesibles y sostenibles (Marques, 2024). Estas acciones fueron fundamentales para pavimentar la infraestructura de la ciencia abierta en el país y siguen siendo referencia en iniciativas de acceso libre y gestión editorial participativa.
Concienciación
Otro eje de actuación ha sido la formación y sensibilización de investigadores dentro de los centros de investigación, como las universidades. Instituciones como la UFRGS, la Unicamp y la Fiocruz han promovido talleres, cursos y eventos orientados a la capacitación en gestión de datos, uso de repositorios abiertos y buenas prácticas de intercambio científico, contribuyendo a disminuir resistencias y ampliar la comprensión sobre los beneficios de la apertura.
Otro ejemplo relevante es el trabajo del Instituto Brasileño de Información en Ciencia y Tecnología (Ibict), una unidad del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovaciones y Comunicaciones (MCTIC) que ha estado actuando como articulador nacional de la ciencia abierta a través del desarrollo de plataformas, directrices y repositorios públicos como Oasisbr (base de datos que reúne miles de publicaciones de acceso abierto en el país). Al ofrecer soporte técnico y metodológico, el Ibict ha contribuido a la estandarización de la información científica en diversos niveles institucionales (Campos et al., 2023).
En el ámbito internacional, destaca la práctica de los Data Management Plans (DMPs), exigidos por agencias de fomento como la National Science Foundation (NSF), en EE. UU., y Horizon Europe, en la Unión Europea. Estos planes obligan a los investigadores a reflexionar, desde el inicio de sus proyectos, sobre cómo van a almacenar, proteger y eventualmente compartir los datos recopilados (Spichtinge, 2022). En Brasil, la Fapesp ya adopta directrices semejantes en algunas de sus convocatorias, siendo una forma de promover una cultura de planificación y responsabilidad en el uso de datos científicos (Agência Fapesp, 2023). Estas prácticas amplían la visibilidad de las investigaciones y favorecen colaboraciones interinstitucionales, además de atender al principio de retorno público del conocimiento financiado con recursos públicos.
Además, poner el conocimiento científico abiertamente a disposición es un acto que desafía el escenario global actual, marcado por la división geopolítica de la producción científica, según recomienda la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura). De este modo, la ciencia abierta se configura como una poderosa herramienta de democratización del conocimiento frente a las desigualdades existentes entre el Norte y el Sur global, siempre que vaya acompañada de políticas efectivas de inclusión digital, financiación equitativa y reconocimiento de las diversas trayectorias de investigación (Unesco, 2020).
En conexión con esta discusión, surgen diversas visiones y cuestionamientos acerca de la viabilidad y la aplicabilidad de la ciencia abierta en todas las áreas del conocimiento. Estos desafíos incluyen riesgos asociados al plagio y al uso indebido de datos, que, combinados con la insuficiencia de infraestructura digital en muchas regiones, contribuyen a la resistencia a los cambios en la cultura científica (Capes, 2025).
La siguiente figura representa la ciencia abierta como un paraguas que alberga diferentes principios y prácticas fundamentales. Al mismo tiempo, evidencia los principales desafíos que dificultan su consolidación. Esta metáfora visual sintetiza los contrastes enfrentados por la ciencia abierta, destacando su potencial transformador frente a las barreras aún existentes en el escenario científico contemporáneo (Caballero-Rivero et al., 2019).

Mucho más allá del acceso libre

Así como escribió Kuhn, los cambios de paradigma exigen una ruptura en las formas tradicionales de pensar y hacer ciencia. En este sentido, la ciencia abierta puede ser comprendida como una de esas revoluciones silenciosas, que desafían la “ciencia normal” y proponen nuevos criterios de validación y circulación del conocimiento. Más que garantizar el acceso gratuito a artículos científicos, la ciencia abierta discute cambios en la cultura de la investigación. Esto implica hacer accesibles los datos para su reutilización, adoptar prácticas de revisión por pares más transparentes e incluso permitir que los ciudadanos participen activamente en proyectos científicos (Unesco, 2020).
Este movimiento no es solo técnico. Exige, ante todo, una revisión ética y política sobre el lugar que la ciencia ocupa en la sociedad. ¿Quién tiene acceso a la producción de conocimiento? ¿Quién se beneficia de ella? ¿Quién participa en su construcción? Al responder a estas preguntas, la ciencia abierta se revela como una oportunidad para acercar la academia a la realidad social y ampliar el impacto del conocimiento (Marques, 2024).
Esta reconfiguración no es una tarea sencilla. Al exigir la apertura de procesos, datos y decisiones, la ciencia abierta desafía estructuras jerárquicas históricamente consolidadas en el campo científico. En lugar de un conocimiento producido por pocos y validado por pares en espacios cerrados, se propone un modelo más horizontal, donde diferentes actores, incluidos los no académicos, puedan participar en la formulación de preguntas, la recolección de datos y la interpretación de los resultados (Marques, 2024).
Todo este proceso exige adaptación constante, con el desarrollo y perfeccionamiento de directrices claras sobre ciencia abierta, considerando los variados contextos económicos y estructurales que involucran la producción científica. Persisten, aún, cuestionamientos sobre la viabilidad de este enfoque en diferentes áreas del saber.
Reposicionar la ciencia como bien común, acercarla a las demandas sociales y construir una cultura de apertura basada en la confianza, en la divulgación amplia y accesible del conocimiento, puede ser, de hecho, una de las transformaciones más significativas de nuestro tiempo (Marques, 2024). Más que una “revolución silenciosa”, la ciencia abierta puede ser el motor de un nuevo pacto social en torno al conocimiento: más justo y más inclusivo. Conforme discutido en este texto, una ciencia realmente abierta necesita ser también una ciencia escuchada: atenta a los límites, dilemas y potencias de sus propios sujetos.
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Este contenido fue producido por:

Luiz Eduardo Giovanelli
Maestro en Administración por la Universidad de São Paulo. Especialista en Gestión Pública por la Universidad Estatal de Ponta Grossa y graduado en Administración por la Universidad Estatal del Norte de Paraná. Desde 2023, actúa como uno de los editores asistentes de la Revista Estrategias y Soluciones.
Quién publicó esta columna
Editora Pecege








