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05 de mayo de 2025
Ciudades inteligentes: el futuro que queremos habitar hoy
Los municipios que monitorean sus avances dejan de depender de discursos y pasan a construir legados concretos

A lo largo de la historia, pocas invenciones han moldeado la civilización tanto como las ciudades. Más que espacios de habitación o producción, las ciudades siempre han sido escenario de innovación, diversidad y grandes transformaciones sociales, una síntesis viva de cultura, economía y convivencia.
Pero, si toda ciudad es, por esencia, un proyecto continuo de futuro, la pregunta que se impone en el siglo XXI es: ¿qué futuro estamos construyendo?
Hoy, las ciudades concentran más de 56% de la población mundial y responden por gran parte de la actividad económica global, índice que debe alcanzar el 70% hasta 2050, según la ONU. En el Brasil se estima que más del 87% de la población viva en los centros urbanos, según el IBGE. Al mismo tiempo, los centros urbanos son el epicentro de desigualdades, crisis ambientales, presiones por infraestructura y exclusión social. Esta paradoja urbana evidencia que, más que nunca, necesitamos repensar el papel de las ciudades ante los desafíos contemporáneos.
Es en este contexto que el concepto de Ciudades Inteligentes cobra fuerza, pero aún es frecuentemente mal interpretado como una simple carrera por la adopción de tecnologías digitales. Pero, ¿se resume la inteligencia urbana únicamente a la instalación de sensores, aplicaciones y redes de wi-fi gratuitas?
Con frecuencia, el concepto de Ciudades Inteligentes se reduce aún a la idea de digitalización, lo que es un gran error; después de todo, la verdadera inteligencia urbana no reside en sus infraestructuras tecnológicas, sino en la capacidad de la ciudad para promover inclusión, desarrollo pleno, resiliencia y participación ciudadana. Una ciudad solo puede considerarse inteligente si también promueve una ciudadanía inteligente, conectando tecnología, gobernanza democrática, sostenibilidad e innovación social en torno a un propósito claro: mejorar la vida de las personas y respetar los límites del planeta. Y, para ello, es necesario afrontar una realidad que muchos prefieren ignorar. Las ciudades de hoy muestran signos inequívocos de agotamiento y colapso urbano y social:
- Crecimiento desordenado y vacíos urbanos improductivos;
- Degradación del patrimonio histórico y de la identidad cultural;
- Aumento de la población en situación de calle y de la vulnerabilidad social;
- Movilidad ineficiente, tráfico caótico y falta de transporte multimodal;
- Contaminación, islas de calor y desastres ambientales agravados por la urbanización desenfrenada;
- Servicios públicos sobrecargados y desiguales;
- Violencia urbana, polarización social y exclusión digital;
- Soledad en medio de la hiperconectividad;
- Educación desfasada y mercados de trabajo precarizados.
Está claro que esses desafios não serão superados com soluções isoladas ou tecnologias aplicadas de forma fragmentada. É preciso compreender que as cidades são sistemas vivos e complexos, que exigem respuestas integradas, que articulem innovación com justiça territorial, sustentabilidade e participación activa da sociedad. Uma cidade inteligente nasce essencialmente da forma como é governada. Modelos centralizados, opacos e burocráticos não conseguem mais suportar a complexidade atual.
Es necesario construir sistemas de gobernanza colaborativa, que integren poder público, sector privado, academia y sociedad civil en torno a decisiones orientadas por datos y evidencias. Para ello, herramientas como plataformas digitales participativas, observatorios urbanos y laboratorios de innovación (living labs) ya demuestran, en varias partes del mundo, que es posible rediseñar la gestión urbana con más transparencia y eficiencia.
En el siglo XXI, las ciudades deben ser diseñadas y reordenadas basándose en principios que trascienden la mera funcionalidad. Necesitan incorporar una visión integrada, en la que el desarrollo económico, la justicia social y el equilibrio ambiental avancen juntos. En este sentido, las ciudades inteligentes también deben ser:
- Innovadoras: capaces de transformar sus desafíos cotidianos en soluciones creativas, desarrollando respuestas locales con potencial de impacto global, al fomentar ecosistemas de experimentación y adaptación continua;
Sostenibles: estructuradas en armonía con el medio ambiente, garantizando que el crecimiento urbano respete los límites ecológicos, promueva la regeneración de los recursos naturales y asegure calidad de vida a las generaciones presentes y futuras; - Resilientes: preparadas para enfrentar y adaptarse a choques sociales, económicos y climáticos, construyendo sistemas urbanos flexibles, capaces de resistir a las adversidades y recuperarse de crisis con agilidad y eficiencia;
- Esponjas: integradas a la lógica de la naturaleza, adoptando soluciones basadas en infraestructura verde y azul, capaces de absorber y gestionar aguas pluviales, mitigar inundaciones, reducir islas de calor y mejorar el microclima urbano, promoviendo ciudades más habitables;
- Digitales: donde la tecnología se aplica de forma ética y estratégica, ampliando el acceso a los servicios públicos, garantizando la inclusión digital y poniendo la innovación al servicio de la ciudadanía y de la transparencia gubernamental;
- Educadoras: comprometidas con la formación continua de ciudadanos críticos, conscientes y comprometidos, transformando el espacio urbano en un ambiente de aprendizaje permanente, donde el conocimiento circula y empodera a las comunidades;
- Inclusivas: estructuradas para asegurar que todos — independientemente de origen, condición económica o ubicación — tengan acceso pleno a las oportunidades, derechos y beneficios de la vida urbana, eliminando barreras y promoviendo equidad social;
- Creativas: entornos que reconocen y potencian la diversidad cultural, el arte y la innovación como motores del desarrollo, estimulando la expresión de talentos y fomentando soluciones originales para problemas complejos;
- Emprendedoras: ciudades que cultivan ecosistemas económicos dinámicos, incentivando el emprendimiento, la economía de impacto y la colaboración entre sectores, promoviendo la generación de ingresos, el empleo cualificado y la competitividad sostenible.
Las ciudades no se volverán inteligentes por mera adopción tecnológica. Solo evolucionarán cuando haya integración social y coraje de la gestión pública para repensar prioridades, romper con modelos excluyentes y adoptar la innovación como herramienta de desarrollo, inclusión, sostenibilidad y propósito social. Jan Gehl (2010), arquitecto y urbanista, defendió la máxima: “Cambia la mentalidad, cambia las ciudades”. Para él, cuando la mentalidad de las personas pasa de la acumulación de bienes a la calidad de vida, las ciudades acompañan naturalmente este cambio y pasan a ser entornos más humanos.
Entre las herramientas más prometedoras para impulsar la transformación digital y sostenible de las ciudades brasileñas se encuentra la adopción de sandboxes urbanos, entornos controlados de experimentación que permiten probar soluciones innovadoras directamente en el territorio, con flexibilización regulatoria y seguimiento público. Como entorno de innovación urbana, el sandbox permite que tecnologías emergentes, como IoT, inteligencia artificial, movilidad sostenible y soluciones GovTech, se apliquen de forma ágil y segura, anticipando ajustes antes de la adopción a gran escala en los territorios.
En Brasil, algunos municipios ya se destacan y demuestran cómo esta estrategia puede ser aplicada de forma eficaz:
- Foz do Iguaçu (PR) implementó un sandbox en el Barrio Vila A, transformando la región en un laboratorio vivo de innovación urbana. La iniciativa permite que startups y empresas prueben tecnologías orientadas a la movilidad eléctrica, energía renovable, iluminación inteligente y seguridad pública, posicionando a la ciudad como referencia en soluciones para Ciudades Inteligentes;
- En Río de Janeiro (RJ), el ayuntamiento creó un sandbox regulatorio enfocado en la innovación urbana y el desarrollo económico, abriendo espacio para la experimentación de tecnologías en áreas como movilidad, medio ambiente, seguridad y servicios públicos digitales. La iniciativa busca acercar el sector público al ecosistema de innovación de Río, incentivando alianzas con startups y universidades.
Más que una herramienta de desburocratización, el sandbox posiciona los municipios como plataformas de innovación abiertas, acercando gobierno y ecosistema creativo para cocrear respuestas a los desafíos urbanos y sociales.
Las ciudades que adoptan esta estrategia pasan a orquestar la transformación, estimulando una cultura de experimentación, colaboración y evolución continuas, pilares esenciales para territorios verdaderamente inteligentes, inclusivos y sostenibles.

Para cualquier ciudad que aspire a ser más inteligente, sostenible e inclusiva, la adopción de indicadores realistas y métricas claras no es una opción, es la base de la gestión. Para guiar a las ciudades en este proceso, normas internacionales, como NBR ISO 37120, NBR ISO 37122 y NBR ISO 37123 (ABNT), establecen referencias sólidas para evaluar no solo la eficiencia de los servicios urbanos, sino también el grado de innovación, sostenibilidad y resiliencia del territorio.
Más que instrumentos técnicos, estos sistemas de indicadores representan un verdadero pacto con la transparencia y la gobernanza eficiente. Medir la calidad de vida, acompañar el desempeño de los servicios públicos y monitorear el desarrollo económico es asumir el compromiso de orientar decisiones con base en evidencias y de garantizar a la sociedad una evolución urbana continua y medible.
Las ciudades que monitorean sus avances dejan de depender de discursos y pasan a construir legados concretos, donde cada dato es una oportunidad de mejora y cada indicador, una señal de que el futuro se está gestionando con responsabilidad y visión estratégica.
El debate sobre ciudades inteligentes no es técnico. Es ético. Se trata de decidir si queremos vivir en territorios que repiten el pasado o que diseñan un futuro más justo. En “Muerte y vida de las grandes ciudades” (1961), Jane Jacobs destacó que las ciudades tienen la capacidad de ofrecer algo a todos, pero solo cuando son creadas por todos.
Cabe lembrar que as cidades refletem aquilo que nós como sociedade escolhemos construir e cultivar. Hoje a tecnologia está disponível. O conhecimento é acessível e os desafios são urgentes. A questão é: estamos preparados para transformar esse potencial em realidade?
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Quién publicó esta columna
Pedro Chamochumbi








