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30 de julio de 2025
Más allá de los likes: el engagement en la comunicación con el cliente
Muchos emprendedores invierten tiempo y energía en la producción de contenidos que generan interacciones inmediatas, pero no construyen una presencia duradera

En el universo del marketing digital contemporáneo, la palabra “engagement” se ha convertido en un mantra repetido hasta la saciedad. En consultorías, conferencias, capacitaciones e interacciones con emprendedores, es común escuchar frases como: “Necesito engagement”. Sin embargo, esta búsqueda incesante de me gusta, comentarios y compartidos no siempre está anclada en una comprensión estratégica de lo que realmente significa involucrar a un cliente.
Vivimos en un escenario en el que la visibilidad se ha convertido en uno de los principales activos simbólicos para marcas y emprendedores. Una publicación que “explota” en las redes sociales, es decir, que recibe un gran volumen de interacciones públicas, suele ser inmediatamente celebrada como señal de éxito. Sin embargo, es necesario problematizar: ¿qué ocurre después del engagement? ¿Esta visibilidad genera conversaciones privadas? ¿Lleva a una conversión? ¿Provoca una visita, una compra, una indicación o una relación duradera?
Estas preguntas no son solo retóricas. Apuntan a una desconexión creciente entre las métricas de vanidad, que son aquellas que miden lo que es fácil de cuantificar, como likes y seguidores, y las métricas de valor, que evalúan el impacto real de las acciones de comunicación sobre los objetivos del negocio. En otras palabras, estamos confundiendo la manifestación superficial de atención con el compromiso verdadero.
¿Qué significa involucrarse?
El engagement, en el sentido más estratégico, no es solo una interacción puntual. Es el resultado de un proceso de conexión continua, en el cual la audiencia no solo consume el contenido, sino que se siente parte de él. Según estudios del área de comportamiento del consumidor, el engagement involucra componentes afectivos, cognitivos y comportamentales (Hollebeek, 2011), es decir, es multifacético y va más allá del clic.
Por eso, es posible y bastante común que un contenido obtenga alto alcance y reacciones públicas, pero no provoque continuidad relacional. Cuando esto sucede, tenemos un engagement efímero, que se agota en la superficie del algoritmo. Se trata de una performance de relevancia, pero no necesariamente de presencia significativa en la memoria y en la vida del consumidor.
Los ‘Me gusta’ no garantizan el recuerdo
En la práctica cotidiana de las pequeñas empresas, esta diferencia entre visibilidad y vínculo es fundamental. Muchos emprendedores invierten tiempo y energía en la producción de contenidos que generan interacciones inmediatas, pero no construyen presencia duradera. Falta una intencionalidad en el proceso de comunicación y, principalmente, la comprensión de que interactuar implica mucho más que provocar una reacción. Implica provocar reflexión, identificación, reconocimiento y memoria.
Es en este punto que el marketing de contenidos estratégico se distingue del contenido meramente performático. Un contenido estratégicamente pensado actúa como un puente entre el posicionamiento de la marca y los intereses reales de la audiencia. Se construye para sostener la presencia de la marca en la vida del consumidor, no solo para generar picos momentáneos de atención.
Atención y memoria
La atención, como ya señaló Herbert Simon (1971), es un recurso escaso. En un entorno saturado de información, captar y mantener la atención de alguien es un desafío cognitivo y emocional. Por ello, es necesario pensar en formatos, narrativas y propuestas de valor que se prolonguen en el tiempo y que sean, de hecho, memorables.
Ser memorable no significa solo tener un eslogan creativo o una imagen impactante. Significa establecer una relación de significado con el público, promoviendo la identificación simbólica, consistencia en los mensajes y coherencia en la entrega de valor. Un cliente que se involucra con la marca hasta el punto de recordarla espontáneamente, recomendarla a alguien o volver a interactuar después de semanas, demuestra un tipo de compromiso cualitativamente superior.
De la métrica a la estrategia
La métrica de engagement, tal como se presenta en las redes sociales, es un indicador importante, y no vamos a negarlo. Pero, por sí sola, no debe ser el fin. Es fundamental que los emprendedores comiencen a hacer preguntas más profundas sobre los impactos de sus estrategias de contenido. ¿Qué generó este contenido? ¿Contribuyó a la construcción de la marca, a la percepción de autoridad, al fortalecimiento de la comunidad en torno al negocio?
Por lo tanto, involucrar no es solo provocar una respuesta, sino crear un entorno propicio para la relación. Y esto implica escuchar constantemente a la audiencia, tener consistencia narrativa, autenticidad y presencia. Más que buscar lo que “revienta”, quizás sea el momento de buscar lo que permanece. Porque eso es lo que sostiene la relevancia de una marca a largo plazo: su capacidad de estar viva en la memoria, en la conversación y en la experiencia del consumidor.
El desafío actual de la comunicación estratégica radica en equilibrar la inmediatez de las redes con la construcción de valor a largo plazo. Los “me gusta” y los comentarios son importantes, sí, pero deben ser vistos como puertas de entrada, no como destinos finales. El verdadero compromiso comienza cuando el contenido deja de ser meramente performativo y se vuelve relacional.
En un mercado cada vez más orientado por datos, conviene recordar que no todo lo que importa puede ser medido, y no todo lo que se mide importa. Es hora de resignificar el engagement como un proceso de construcción de presencia y confianza. Después de todo, las marcas memorables no se hacen solo con algoritmos, sino con historias, experiencias y vínculos humanos.
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