Gestión De Personas
28 de julio de 2026
La carrera no cabe en una única respuesta
Trayectoria profesional formada por proyectos exige competencias más allá de los cargos

“¿Qué quieres ser cuando seas grande?” La pregunta sigue haciéndose a niños que aún están aprendiendo a contar, a escribir su propio nombre o a atarse los zapatos. Aun conociendo poco sobre el mundo, se espera que puedan imaginar una profesión y proyectar parte de su propio futuro.
Este ejercicio puede estimular el pensamiento a largo plazo, revelar preferencias y crear conversaciones importantes sobre intereses. Cuando un niño responde que quiere ser astronauta, maestro o bombero, quizás esté hablando menos de una ocupación específica y más de características que admira, como descubrir, enseñar, proteger o cuidar.
El problema comienza cuando esta respuesta pasa a ser tratada como definitiva o necesariamente única. Al decir que un niño necesita elegir entre ser bombero o abogado, por ejemplo, limitamos la imaginación a un escenario único, A o B.
Imaginar una profesión desde temprano puede ser valioso, pero esa elección parte de lo que el niño conoce en ese momento y no contempla todas las posibilidades que surgirán a lo largo de la vida. La respuesta en la infancia no define una trayectoria, pero la forma en que conducimos esta conversación puede reforzar la idea de que la carrera debe seguir una línea recta. Pensar así presupone que sea posible prever lo que sucederá después de cada elección. Esta lógica funciona mejor en sistemas cerrados, con pocas variables y relaciones más estables entre causa y consecuencia.
La vida profesional, sin embargo, está influenciada por tecnologías, relaciones humanas, condiciones económicas, decisiones políticas, organizaciones y acontecimientos que no controlamos. Cuantos más elementos interactúan, más difícil se vuelve anticipar los efectos de cada decisión.
Aun así, solemos organizar la carrera como una secuencia simple: elegir una profesión, buscar formación, entrar en el mercado, acumular experiencia y ocupar puestos más altos. En esta visión, la formación aparece antes del trabajo. Primero la persona estudia; luego pone el conocimiento en práctica. El estudio formal funciona casi como una línea de meta, tras la cual el profesional estaría preparado para ocupar una posición estable.
Muchas profesiones exigen graduación y regulaciones específicas. Cuestionar esta linealidad no disminuye la importancia de la educación formal. Significa reconocer que incluso una formación extensa no logra anticipar todo lo que una persona hará, aprenderá o decidirá a lo largo de la vida.
Crear planes sigue siendo necesario, pero no tienen por qué convertirse en fronteras de la imaginación. En un mundo dinámico, las experiencias pueden complementarse. Es posible trabajar mientras se estudia, desarrollar nuevas capacidades y acercar conocimientos antes distantes.
Por eso, además de preguntar qué profesión alguien desea ejercer, podemos ampliar la conversación. ¿Qué problemas le gustaría aprender a resolver a esa persona? ¿De qué proyectos desea participar? ¿Qué capacidades pretende desarrollar a lo largo del camino?
Al desplazar parte de la atención del puesto a los problemas, las experiencias y las capacidades, abrimos espacio para trayectorias más diversas y futuros que aún no podemos nombrar.
Trayectorias profesionales cada vez más móviles
Los avances tecnológicos, los cambios en las relaciones laborales y el aumento de la esperanza de vida indican que las trayectorias profesionales tienden a volverse más móviles, tanto entre organizaciones como en la naturaleza de las actividades realizadas.
Un estudio longitudinal de la Oficina de Estadísticas Laborales de los Estados Unidos siguió a personas nacidas a principios de la década de 1980 y descubrió que ocuparon, en promedio, 9,4 empleos entre los 18 y los 38 años. Más de la mitad de estas experiencias ocurrieron antes de los 24 años. Aunque analiza vínculos laborales en el contexto norteamericano, la encuesta ayuda a visualizar esta movilidad en las primeras décadas de la vida profesional.
Las propias ocupaciones también están cambiando. El Future of Jobs Report 2025, del Foro Económico Mundial, proyecta la creación de 170 millones de puestos de trabajo y la reducción de otros 92 millones para 2030. El saldo es positivo, pero acompañado por una amplia reorganización del mercado.
El estudio también estima que el 39% de las competencias esenciales cambiarán en este período. La inteligencia artificial acelera este proceso al automatizar actividades, transformar procesos, crear funciones y alterar las expectativas profesionales. Parte de las competencias necesitarán ser actualizadas, combinadas con nuevas capacidades o aplicadas en otros contextos.
En muchos casos, la persona no abandona una profesión para iniciar otra, sino que reorganiza su repertorio y construye una nueva combinación profesional. A lo largo de la vida, los profesionales probablemente pasarán por diferentes empleos, funciones y proyectos, combinando competencias adquiridas en momentos distintos.
La carrera como secuencia de proyectos
El Project Management Institute define proyecto como un esfuerzo temporal realizado para crear un producto, servicio o resultado único. Dos palabras de esta definición son especialmente importantes: temporal y único.
Todo proyecto tiene un principio y un fin y busca producir una transformación específica. Desarrollar un sistema, organizar un evento o realizar una investigación son ejemplos. Mientras que las operaciones mantienen actividades continuas, los proyectos crean, transforman o experimentan algo nuevo.
Gran parte de una carrera también sucede de esta manera. A lo largo de la vida profesional, participamos en iniciativas con objetivos, plazos y entregas. Asumimos responsabilidades, enfrentamos problemas, trabajamos con personas diferentes y concluimos etapas que dejan marcas en nuestra trayectoria.
Por eso, la carrera puede ser interpretada como una secuencia de proyectos. No es un único proyecto, ya que no posee un resultado definitivo ni una fecha exacta para terminar. Se parece más a un sistema formado por experiencias temporarias que se conectan. Cada proyecto produce una entrega para una organización, una comunidad o un cliente. Al mismo tiempo, deja algo en el profesional: una habilidad, una evidencia de lo que consigue realizar, una nueva relación o una comprensión más amplia sobre los problemas que desea resolver.
Esta perspectiva también cambia la forma en que vemos las transiciones profesionales. Cambiar de área no representa necesariamente empezar de cero, sino aplicar conocimientos y experiencias en un nuevo contexto. Incluso un proyecto que no alcanza todos los resultados esperados puede generar aprendizajes para los próximos.

La carrera deja de ser una escalera en la que cada peldaño lleva obligatoriamente al siguiente. Se convierte en una red de proyectos, experiencias y aprendizajes que se conectan, se complementan y abren nuevos caminos.
La educación formal como proyecto
En 2024, Brasil superó los 10,2 millones de inscripciones en cursos de graduación. Por primera vez, la educación a distancia reunió a más estudiantes que la presencial, con cerca de 5,18 millones de inscripciones en EAD y 5,03 millones en cursos presenciales. Las cifras muestran un cambio en la forma en que las personas buscan formación. La flexibilidad, el acceso y la posibilidad de conciliar los estudios con otras responsabilidades ganaron importancia en esta elección.
El acceso a la educación superior, sin embargo, sigue siendo limitado. En 2024, solo el 27,1% de los brasileños de 18 a 24 años asistían a esta etapa educativa, por debajo de la meta del 33% definida por el Plan Nacional de Educación.
Entre las personas de 15 a 29 años con educación secundaria completa hasta educación superior incompleta que no estudiaban ni realizaban cursos de cualificación, el 48,6% señaló la necesidad de trabajar como principal motivo. Solo el 12,1% dijo no tener interés en continuar estudiando.
Los datos muestran que la cuestión no se reduce a la falta de interés. Existe una tensión entre el tiempo necesario para estudiar, la necesidad de generar ingresos y la dificultad de percibir cómo la formación podrá ampliar las posibilidades profesionales.
Si la carrera puede ser vista como una secuencia de proyectos, la educación formal puede ser comprendida como uno de ellos. Una Graduación posee objetivos, duración, etapas, recursos, límites, riesgos y entregas. La certificación es una de esas entregas, pero no la única. A lo largo del proceso, el estudiante también amplía su repertorio, crea relaciones, vive experiencias y desarrolla nuevas formas de comprender el mundo.
La competencia de gestionar proyectos
Gestionar proyectos no es una responsabilidad exclusiva de quienes tienen ese término en su cargo. A lo largo de la vida, las personas llevan a cabo iniciativas personales y profesionales con objetivos, plazos, recursos, riesgos y entregas. Aunque asuman formas diferentes, estas iniciativas exigen capacidades similares: comprender problemas, definir objetivos, organizar recursos, colaborar, adaptar planes y transformar ideas en resultados.
Por eso, la gestión de proyectos puede entenderse como una competencia transversal. Esto no significa que todos serán gerentes de proyectos, sino que más profesionales participarán en equipos temporales organizados en torno a problemas, plazos y entregas. El Project Management Institute estima que la demanda mundial de profesionales ligados al trabajo con proyectos podrá crecer entre un 48% y un 64% hasta 2035. Para América Latina, la proyección varía entre el 22% y el 29%. Aunque los datos tratan de funciones directamente relacionadas con proyectos, también indican la valorización de las competencias exigidas por este tipo de trabajo.
Gestionar un proyecto no elimina la incertidumbre, pero ayuda a organizar el camino. Al definir objetivos, dividir el trabajo en etapas, establecer prioridades y seguir los resultados, se hace más fácil entender lo que ya se ha hecho y lo que aún necesita suceder. Tampoco es necesario tener control sobre todos los detalles. Lo importante es crear condiciones para avanzar, ajustar el recorrido y reconocer logros a lo largo del proceso.
Independientemente de la ocupación, habrá proyectos para iniciar, organizar, ajustar y concluir. Aprender a gestionarlos ayuda a transformar intenciones en acciones, evaluar mejor nuevas oportunidades y llevar los aprendizajes de una experiencia a las siguientes.
El próximo proyecto
A lo largo de la vida, participaremos en proyectos con diferentes funciones. Algunos generan ingresos; otros amplían el repertorio, profundizan competencias, crean relaciones o abren nuevas posibilidades.
Cada proyecto cierra una etapa, pero también deja aprendizajes que llevamos a los proyectos siguientes. Por eso, un cambio de cargo, una nueva formación o la conclusión de una entrega no representan el fin de la trayectoria, sino que forman parte de la construcción de la carrera.
Quizás la pregunta “¿qué quieres ser cuando seas grande?” no necesite desaparecer, sino que deje de exigir una respuesta definitiva. No necesitamos conocer todos los proyectos que conformarán nuestra carrera. Necesitamos reconocer el próximo, entender por qué importa y crear condiciones para realizarlo. El futuro profesional no se elige una sola vez. Se construye proyecto a proyecto.
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Quién publicó esta columna
Lucas Tangi








