Gestión De Proyectos
Salud
24 de septiembre de 2025
Gestión de proyectos en salud: la promesa de la eficiencia y los desafíos de la práctica
El éxito de las nuevas tecnologías depende de la capacidad de implementar soluciones de manera planificada, con mecanismos de gobernabilidad/gobernanza

El universo de la salud es uno de los entornos más complejos y desafiantes de la sociedad, marcado por la constante tensión entre ciencia y cuidado, innovación tecnológica y limitaciones éticas, intereses económicos y responsabilidades sociales, además de exigencias regulatorias estrictas. Este entrecruzamiento de fuerzas, a menudo contradictorias, convierte la salud en un espacio en permanente disputa, donde las decisiones deben equilibrar avances científicos, sostenibilidad económica y la centralidad del paciente.
Además, cada día surgen nuevos medicamentos, protocolos clínicos y herramientas digitales, mientras crece la presión por servicios más ágiles, más seguros, más accesibles. En este contexto, errores de gestión no representan solo pérdidas financieras, sino también riesgos concretos a la vida.
Las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud indican que eventos adversos evitables se encuentran entre las principales causas de muerte en el mundo, responsables de millones de muertes cada año. En países de altos ingresos, aproximadamente 1 de cada 10 pacientes sufre algún evento adverso. En países de bajos y medianos ingresos, este número es aún mayor: 1 de cada 4 pacientes, lo que resulta en 134 millones de eventos anualmente y alrededor de 2,6 millones de muertes cada año.
La mayor parte de estas muertes (60%) en países de bajos y medianos ingresos está relacionada con una atención de baja calidad. Si bien la seguridad del paciente a menudo se asocia con los hospitales, la atención primaria contribuye al 50% de los daños (OMS, 2021).
El costo social de los daños al paciente se estima entre 1 y 2 billones de dólares al año. El costo económico es alto, con hasta el 15% de los gastos hospitalarios en países de altos ingresos desperdiciados por fallos de seguridad (OMS, 2021). Estos datos demuestran que pensar en gestión no es un lujo, sino una necesidad vital para garantizar la calidad asistencial y la supervivencia de las instituciones de salud.

Es en este escenario de alta complejidad que la gestión de proyectos cobra relevancia. Lejos de ser una metodología abstracta importada del sector corporativo, se trata de un conjunto de prácticas que ayudan a transformar ideas en resultados concretos. Planificar, ejecutar, monitorear y evaluar no son solo etapas técnicas: son mecanismos que posibilitan traducir innovaciones en mejoras palpables para pacientes y profesionales.
Un ejemplo es la adopción del expediente electrónico en hospitales brasileños. Aunque inicialmente parezca solo un cambio tecnológico, en la práctica implica la reorganización de procesos, la capacitación de equipos y profesionales, y cambios culturales. Investigaciones muestran que las instituciones que adoptaron este sistema lograron reducir el tiempo de espera y aumentar la seguridad en las prescripciones médicas (Cunha et al., 2020), lo que demuestra cómo la gestión de proyectos puede impactar directamente la vida de las personas.
Lo mismo ocurre en iniciativas públicas. El programa Telessaúde de Rio Grande do Sul, vinculado al Sistema Único de Salud, apoya la atención primaria a través de teleconsultorías desde 2007. Con millones de atenciones realizadas, consiguió reducir de manera expresiva las derivaciones innecesarias a especialistas, llegando a evitar hasta el 80% de estos casos. La experiencia evidencia que una planificación estructurada, metas claras e integración de equipos pueden ampliar el acceso sin sobrecargar el sistema. No se trata de un esfuerzo aislado, sino de un proyecto pensado y conducido con visión estratégica (Sarti y Almeida2022).
Hay ejemplos que inspiran tanto en Brasil como fuera de él. El Hospital Israelita Albert Einstein, en São Paulo, adoptó metodologías ágiles para acelerar proyectos de innovación digital, sobre todo durante la pandemia de Covid-19. Con ello, consiguió implementar rápidamente soluciones de telemedicina y ampliar el cuidado sin comprometer la seguridad de los pacientes. En hospitales universitarios públicos, prácticas de Lean Healthcare (conjunto de conceptos y herramientas del Lean aplicados al área de la salud), ayudaron a reorganizar flujos y reducir las filas de cirugías electivas, mostrando que resultados concretos pueden ser alcanzados incluso en ambientes con restricciones financieras (Ministerio de Salud, 2018).
Los hospitales Moinhos de Vento, de Porto Alegre, y Beneficência Portuguesa, de São Paulo, han adoptado la metodología Lean como estrategia para enfrentar la superlotação en los servicios de urgencia y reducir el tiempo de permanencia hospitalaria. Entre 2018 y 2020, el programa “Lean en las Emergencias” fue implementado en 102 hospitales, distribuidos en 24 unidades de la Federación de todas las regiones del país.
Los resultados fueron expresivos: los hospitales participantes registraron, en promedio, reducción del 38% en el índice de saturación, disminución del 41% en el tiempo medio de permanencia de los pacientes que necesitaron internación tras atención de urgencia y caída del 21% en el intervalo entre la llegada del paciente al servicio y el primer contacto con el equipo médico (PROADI-SUS).
Desafíos
Sin embargo, los beneficios no deben eclipsar los desafíos. La aplicación de metodologías de gestión en entornos de salud encuentra resistencias importantes. Parte de esto se debe a la falta de compromiso clínico: médicos y enfermeras a menudo asocian las herramientas de gestión con la burocracia, alejada de la realidad de la atención. Otro punto es la rigidez de algunas metodologías, como el PMBOK, que pueden ser difíciles de adaptar en contextos donde los imprevistos y las emergencias forman parte de la rutina. La escasez de recursos también es un obstáculo significativo, especialmente en el sector público, donde a menudo falta lo básico para la atención. Además, la cultura organizacional sigue siendo, en muchos casos, fragmentada, con equipos que trabajan en silos y se resisten a la integración exigida por los proyectos.

A pesar de estos desafíos, es imposible negar que la gestión de proyectos ha demostrado ser esencial para impulsar la innovación en salud. La pandemia de Covid-19 lo dejó aún más claro: en pocos meses, las instituciones necesitaron implementar servicios digitales de telesalud, reorganizar flujos de atención y expandir rápidamente camas hospitalarias. Tales cambios solo fueron posibles porque se llevaron a cabo como proyectos, con plazos definidos, objetivos claros y seguimiento continuo. Esta experiencia refuerza la idea de que, ante las crisis, la gestión estructurada es lo que diferencia la improvisación de la respuesta efectiva.
Con la creciente digitalización, surgen nuevas posibilidades. Tecnologías como inteligencia artificial aplicada al diagnóstico, internet de las cosas para monitoreo remoto y análisis de grandes volúmenes de datos para predecir brotes epidemiológicos ya se utilizan en diferentes contextos. Sin embargo, su éxito depende no solo del desarrollo tecnológico, sino de la capacidad de implementar estas soluciones en proyectos bien planificados, con indicadores de evaluación y mecanismos de gobernabilidad/ gobernanza. La gestión de proyectos se convierte, así, en el nexo entre la innovación y los resultados concretos.
La gran reflexión que se plantea para gerentes y profesionales es: ¿hasta qué punto la gestión puede separarse del cuidado? Cada vez que se crea un nuevo flujo de atención, se estructura un protocolo clínico o se adopta una tecnología digital, estamos ante un proyecto. Reconocer esto es fundamental para que la gestión de proyectos no sea vista como algo externo, sino como parte integrante de la práctica asistencial. Quizás su mayor contribución esté en fomentar una cultura colaborativa, en la que diferentes actores trabajan juntos, con responsabilidad compartida y enfoque en la mejora continua.
En este escenario, aplicar buenas prácticas de gestión de proyectos es más que una decisión técnica: es un compromiso ético con la sostenibilidad del sistema y con la seguridad de los pacientes. Sin embargo, no se puede romantizar el proceso. Los proyectos fracasan, los recursos pueden ser mal aplicados y los resultados, frustrantes. Reconocer estos riesgos es esencial para que las metodologías no sean tratadas como panaceas, sino como instrumentos que deben ser constantemente adaptados y perfeccionados.

Así, la gestión de proyectos en salud debe entenderse como un camino posible para transformar desperdicios en valor, riesgos en seguridad y desafíos en oportunidades. Cuando se aplica con criticidad y flexibilidad, puede reducir errores, ampliar el acceso, mejorar resultados clínicos e impulsar innovaciones. Pero su verdadera fuerza reside en recordar que, detrás de cada gráfico, indicador o cronograma, existen personas: pacientes que esperan atención, familias que buscan acogida y profesionales que dedican sus vidas al cuidado. El futuro de la salud dependerá de nuestra capacidad para planificar y ejecutar proyectos que sean no solo técnicamente sólidos, sino también humanamente relevantes. Al fin y al cabo, la salud no es solo gestión: es, sobre todo, cuidado.
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Quién publicó esta columna
Beatriz Cristina de Freitas








