Neurociencia Y Aprendizaje En La Educación
09 de octubre de 2026
Lectura fragmentada: el efecto de las redes sociales en la lectura y la comprensión textual
Lectura Fragmentada: el Efecto de los Medios de Comunicación en la Lectura y Comprensión Textual
Louisiana Chaves Freitas; Maria Aparecida Soares
DOI: 10.22167/2675-6528-202603162
Artículo derivado del Trabajo de Conclusión de Curso (TCC), con contenido basado en el trabajo original del alumno y adaptado al formato editorial de la Revista E&S con el apoyo de la herramienta ResumeAI, solución de inteligencia artificial desarrollada por el Instituto Pecege para síntesis y organización textual.
Resumen
Los impactos de los medios de comunicación en la práctica de la lectura y la comprensión textual han generado preocupaciones entre los profesores, especialmente en el área de lenguajes, en los entornos familiar y educativo. El estudio tuvo como objetivo reflexionar sobre la práctica lectora, con foco en la lectura fragmentada, a partir de las percepciones de padres y tutores. La metodología empleó un enfoque cualitativo y descriptivo, recopilando datos a través de un cuestionario aplicado vía Google Forms a tutores de alumnos de una escuela de Educación Básica, de la red privada, en Camaçari, Bahía. El análisis de los datos se realizó mediante la técnica de análisis de contenido. Los resultados revelaron que, a pesar del avance tecnológico y la facilidad de acceso a libros digitales, los tutores demostraron preferencia por el libro físico. Además, se constató que el uso frecuente de los medios de comunicación fue percibido como un factor que dificultó la concentración en textos largos y contribuyó a la lectura fragmentada. Se concluyó que la lectura fragmentada representa un desafío creciente en el entorno escolar, y que los medios de comunicación, aunque influyeron en los hábitos de lectura, pudieron ser utilizados como soporte pedagógico, siempre que se acompañaran de estrategias que estimulen la reflexión y la comprensión profunda de los textos.
Palabras clave: Aprendizaje; Educación Básica; Enseñanza-aprendizaje; Lectura; Tecnología digital.
1. Introducción
La lectura, comprendida como una práctica cultural, social y cognitiva, acompaña a la humanidad desde sus manifestaciones más remotas. A lo largo de la historia, la evolución de los soportes textuales, del papiro al libro impreso, moldeó no solo el acceso a la información, sino también las formas de pensar y comprender el mundo. En el siglo XXI, el auge de las tecnologías digitales y, en especial, de los medios de comunicación sociales, provocó una profunda transformación en los hábitos de lectura.
La sociedad contemporánea se encuentra inmersa en un entorno digital caracterizado por la circulación constante de información, impulsada por los medios de comunicación. Plataformas como Facebook, Instagram, TikTok y WhatsApp se han convertido en espacios privilegiados de interacción, donde la lectura se caracteriza frecuentemente por la fragmentación, con contenidos cortos, discontinuos y mixtos. Esta nueva configuración ha generado preocupaciones entre los profesores, especialmente los del área de lenguajes, en cuanto a la práctica de la lectura y la comprensión textual en los entornos familiar y educativo.
En este contexto, emerge el concepto de lectura fragmentada, caracterizado por la predominancia de textos cortos, lectura discontinua y constante alternancia entre diferentes medios de comunicación. Esta dinámica desafía la capacidad de concentración y de interpretación crítica, ya que el consumo acelerado de información tiende a privilegiar la superficialidad en detrimento de la profundidad (Mélo, 2024). Autores como Lévy (1999) y Santaella (2013) ya señalaban que la cibercultura y las tecnologías digitales alterarían significativamente los modos de lectura y escritura.
La lectura, como práctica social, se transforma según los soportes y los contextos culturales (Chartier, 2002). La lectura fragmentada, a diferencia de la lectura lineal que exige concentración y continuidad, privilegia la rapidez y puede comprometer la comprensión textual, la construcción de conexiones entre ideas y la capacidad crítica de los estudiantes. Además, afecta el desarrollo cognitivo y la lectura de mundo, que implica la interpretación crítica de la realidad (Freire, 1989). Kenski (2012) y Moran (2014) refuerzan que el ritmo acelerado de la información exige nuevas prácticas pedagógicas para preparar a los lectores para lidiar con la sobrecarga informacional.
Las redes sociales, si bien democratizan el acceso a la información y pueden ser utilizadas como soporte pedagógico, exigen que la escuela repiense sus metodologías para garantizar que los estudiantes no solo lean, sino que comprendan y reflexionen críticamente sobre los textos (Kenski, 2012). El uso masivo de estas redes no puede ser ignorado en el contexto educativo, ya que se han convertido en parte integrante de la vida académica y social de los individuos (Leonardo, 2021). Sin embargo, el exceso de tiempo dedicado a los medios digitales puede contribuir a la dispersión y a la disminución de la lectura profunda, sustituida por contenidos fragmentados e inmediatos (Silva, 2025).
Ante este escenario, se vuelve fundamental que los entornos escolar y familiar promuevan estrategias de incentivo a la lectura continua, reflexiva y de calidad, contribuyendo al desarrollo de jóvenes lectores más críticos y autónomos. La temática de la lectura fragmentada y sus efectos en la comprensión textual, especialmente entre adolescentes, constituye una laguna práctica y teórica relevante, justificando la necesidad de estudios que ofrezcan subsidios para la educación. Así, este trabajo buscó traer una reflexión sobre la práctica lectora, destacando la lectura fragmentada, a partir de las percepciones de los padres y responsables, y cómo los docentes pueden repensar estrategias pedagógicas ante este escenario.
2. Material y Métodos
La presente investigación se caracterizó por su naturaleza exploratoria y descriptiva, empleando un enfoque metodológico cualitativo para investigar el fenómeno de la lectura en la era digital. El estudio se delineó con el objetivo de reflexionar sobre la práctica lectora, con un enfoque específico en la lectura fragmentada, a partir de las percepciones de padres y responsables. Este enfoque permitió una comprensión profunda de los hábitos de lectura y la influencia de los medios de comunicación en el contexto familiar y educativo, según el problema de investigación establecido.
El campo de estudio consistió en una institución educativa de la red privada, que ofrece educación regular, ubicada en el municipio de Camaçari, en el estado de Bahía. La selección de los participantes se realizó a través de una muestra no probabilística y por conveniencia. El público objetivo principal fueron los responsables de adolescentes matriculados en Educación Básica, abarcando estudiantes con edades comprendidas entre los diez y los dieciocho años, residentes en el barrio de Abrantes, en Camaçari, Bahía.
La recolección de datos se realizó a través de un cuestionario estructurado, elaborado con preguntas de opción múltiple. Este instrumento fue desarrollado y aplicado utilizando la plataforma Google Forms. El cuestionario fue diseñado para identificar los hábitos de lectura de los participantes, el tiempo dedicado al uso de las redes sociales y los tipos de contenido consumido en estas plataformas digitales.
Adicionalmente, el cuestionario buscó investigar las dificultades percibidas por los encuestados en la interpretación de textos largos. También se objetivó profundizar las percepciones de los participantes sobre la relación entre la lectura digital y los efectos observados en la concentración y en la comprensión textual, proporcionando una visión abarcadora sobre la temática central del estudio.
Los formularios fueron distribuidos a los participantes a través de un enlace electrónico, garantizando la accesibilidad y la practicidad en la respuesta. Un total de 113 personas recibieron el enlace, y 112 respondieron al cuestionario. Todos los encuestados otorgaron consentimiento libre e informado, y el secreto de sus identidades fue asegurado, en conformidad con los criterios éticos de la investigación académica.
Para el análisis de los datos recolectados, se empleó la técnica de análisis de contenido, según la metodología propuesta por Bardin (2011). Esta técnica posibilitó la categorización y la interpretación sistemática de los datos, a partir de la identificación de unidades de significado relevantes. Los datos fueron organizados en categorías temáticas predefinidas, que incluyeron: atención y distracción, comprensión textual, influencia de las redes sociales y la preferencia de hábitos de lectura en libros físicos o virtuales.
3. Resultados y Discusión
El avance de las tecnologías digitales ha transformado profundamente las formas de interacción social y de acceso a la información, impactando directamente el día a día de los estudiantes de Educación Básica. Se observó que los jóvenes están cada vez más conectados a las redes sociales y a las plataformas digitales, utilizando internet diariamente para entretenimiento y comunicación. Sin embargo, esta integración en el entorno escolar aún enfrenta desafíos, ya sea por la infraestructura limitada en algunas instituciones, ya sea por la necesidad de formación continua de los profesores para lidiar con las nuevas prácticas de enseñanza y aprendizaje.
En el municipio de Camaçari, Bahía, donde se realizó la investigación, se constató que los estudiantes mantienen un contacto intenso con los medios de comunicación fuera del entorno escolar, pero su uso dentro de la escuela es frecuentemente limitado y, a veces, percibido como una distracción. Esta dicotomía entre el mundo digital de los alumnos y las prácticas pedagógicas tradicionales genera un desajuste. Mientras los jóvenes están habituados a interacciones rápidas y fragmentadas, la escuela aún privilegia lecturas lineales y profundas, características del libro físico.
En este contexto, emerge el concepto de lectura fragmentada, que se refiere al consumo de textos en partes cortas, discontinuas y frecuentemente descontextualizadas, como ocurre en publicaciones y mensajes instantáneos. Según Chartier (2002), la lectura es una práctica social que se transforma con los soportes y contextos culturales, y la lectura fragmentada representa un cambio significativo en la apropiación de los textos. Esta práctica, al privilegiar la rapidez y la superficialidad, puede comprometer la comprensión textual, la construcción de conexiones entre ideas y la capacidad crítica de los estudiantes, afectando también el desarrollo cognitivo y la lectura de mundo, concepto abordado por Freire (1989).
La discusión sobre la lectura fragmentada es fundamental para comprender los impactos de los medios de comunicación en la educación. Si bien estas plataformas democratizan el acceso a la información y pueden ser utilizadas como soporte pedagógico, exigen que la escuela repiense sus metodologías para garantizar que los estudiantes no solo lean, sino que comprendan y reflexionen críticamente sobre los textos. Kenski (2012) destaca que la tecnología debe ser vista como aliada en el proceso de enseñanza-aprendizaje, siempre que se utilice de forma crítica y planificada. La investigación en Camaçari contribuyó a este debate, revelando una valorización del libro físico, lo que sugiere la posibilidad de prácticas híbridas que concilien tradición e innovación.
El análisis de los datos recopilados, realizado a través de cuestionarios aplicados a responsables de adolescentes matriculados en Educación Básica, reveló importantes perspectivas sobre los hábitos de lectura y la influencia de las redes sociales. Antes de investigar los efectos directos de los medios de comunicación, fue esencial comprender el contexto de formación lectora, reconociendo el ambiente familiar como el primer y más impactante núcleo de mediación y construcción de sentidos. Aproximadamente el 59,8% de los responsables afirmaron incentivar la lectura “siempre”, mientras que alrededor del 40% lo hacen “a veces”, “raramente” o “nunca”.
Este dato inicial, que se restringe al estímulo y no a la práctica efectiva de lectura de libros, dialoga con estudios sobre la sociedad en red y las prácticas de lectura en los medios de comunicación, como los de Freitas (2021). Estas investigaciones enfatizan cómo los entornos digitales amplían y resignifican los espacios de interacción. Investigaciones de Silva, Moura y Dalto (2023) y Silva (2023) demostraron que las redes sociales, incluyendo comunidades virtuales como Bookstagram, Booktube y Booktok, funcionan como canales de comunicación y espacios de construcción identitaria, promoviendo multialfabetización y compromiso a través de lenguajes híbridos e interactivos.
La articulación entre el incentivo familiar y la mediación digital revela un proceso continuo en el que la familia inaugura el hábito lector, mientras que las redes sociales ofrecen nuevas formas de mantenimiento y expansión de este hábito. Esto crea un ecosistema de lectura que transita entre el espacio doméstico, el escolar y el virtual. Al indagar sobre la frecuencia de lectura de textos impresos (libros, revistas o periódicos), entre los 112 participantes, el 31,3% mantiene el hábito diario, mientras que el 25% afirmó leer “casi nunca”. Las lecturas semanales y mensuales suman el 10,7%, lo que indica una práctica lectora irregular para una parte significativa de los encuestados.
Este escenario puede ser comprendido a la luz de las investigaciones que discuten la influencia de las redes sociales en la disminución del interés por la lectura impresa, según lo señalado por Gomes (2020). Los estudios indican que el tiempo dedicado a las plataformas digitales, caracterizado por la fragmentación y la velocidad de la información, compite con la lectura de libros físicos, desplazando el foco del lector hacia contenidos más inmediatos e interactivos. La lectura impresa, en este contexto, ha perdido espacio frente a las prácticas digitales, lo que ayuda a explicar el porcentaje expresivo de participantes que afirmaron leer “casi nunca”.
Por otro lado, Paulo (2014) analiza el papel de las redes sociales en el proceso de enseñanza-aprendizaje, destacando que estos entornos no deben ser vistos solo como una amenaza, sino también como una oportunidad. Las redes pueden ser movilizadas pedagógicamente para estimular el contacto con diferentes lenguajes y géneros, promoviendo prácticas de multialfabetización y acercando a los estudiantes a la lectura en formatos híbridos. Así, aunque hay indicios de que las redes sociales contribuyen a la reducción de la frecuencia de la lectura impresa, también ofrecen potencial para reconfigurar y ampliar el acceso al universo literario.
Los datos revelaron un aspecto contemporáneo: la permanencia del hábito diario de lectura impresa en parte de los participantes y la influencia de las redes sociales que, al mismo tiempo que compiten con el libro físico, pueden ser resignificadas como herramientas de incentivo y mediación en la formación del lector. En cuanto a la utilización de medios sociales como Instagram, TikTok, WhatsApp y Facebook por parte de la familia, las respuestas indicaron que el uso alcanzó prácticamente a la totalidad de los participantes, con un 99,1% declarando utilizarlos. Este dato demuestra la centralidad de las plataformas digitales en el cotidiano, convirtiéndolas en herramientas de comunicación y espacios de interacción cultural y educacional.
A la luz de los estudios de Leonardo (2021) sobre la utilización de los medios de comunicación en la educación, se percibe que estas plataformas se han consolidado como entornos de aprendizaje formal e informal. Permiten la circulación de contenidos, el intercambio de experiencias y la construcción de comunidades de práctica, acercando a estudiantes y profesores en dinámicas más horizontales y colaborativas. El uso masivo de las redes sociales, por lo tanto, no puede ser ignorado en el contexto educacional, ya que se han convertido en parte integrante de la vida académica y social de los individuos.
Leonardo (2021) aún destaca que Facebook se utiliza frecuentemente para grupos de estudio, Instagram para la difusión de contenidos visuales y proyectos académicos, y WhatsApp para la comunicación rápida y la organización de actividades colectivas. Esta multiplicidad de usos demuestra que las redes sociales no se limitan al entretenimiento, sino que se configuran como espacios de mediación pedagógica, capaces de ampliar el acceso a la información y estimular prácticas de lectura y escritura en formatos digitales. El dato del 99,1% de adhesión a las redes sociales refuerza la necesidad de comprender cómo estos entornos impactan la formación lectora y el proceso de enseñanza y aprendizaje.
Si, por un lado, existe el riesgo de dispersión y superficialidad, por otro, existe el potencial de transformar las redes en instrumentos de incentivo a la lectura, de construcción de conocimiento y de compromiso crítico. Otra cuestión abordada fue el tiempo medio diario que las familias dedican a las redes sociales, con un 35,7% utilizando de tres a cuatro horas al día y un 30,4% más de cuatro horas. Este dato evidencia la centralidad de las plataformas digitales en el cotidiano doméstico, mostrando que el tiempo de interacción virtual ocupa una parte significativa de la rutina, influyendo directamente en los hábitos de lectura y escritura.
A este respecto, Silva (2025) discutió el papel de las tecnologías digitales de comunicación e información, destacando que las redes sociales pueden ser movilizadas más allá del entretenimiento, funcionando como ambientes de aprendizaje y desarrollo de competencias lectoras y escritoras. Las plataformas permiten la circulación de contenidos, el intercambio de experiencias y la construcción de comunidades de práctica, acercando a los sujetos a diferentes lenguajes y géneros textuales. El tiempo dedicado a las redes, por lo tanto, puede ser resignificado pedagógicamente, transformándose en una oportunidad de mediación crítica y de incentivo a la lectura.
A pesar de las potencialidades, es necesario adoptar una perspectiva crítica sobre el uso de las redes sociales. El exceso de tiempo dedicado a los medios digitales puede contribuir a la dispersión y a la disminución de la lectura profunda, sustituida por contenidos fragmentados e inmediatos. En este sentido, el desafío consiste en equilibrar el uso de los medios digitales con prácticas de lectura, de modo que el tiempo de interacción virtual no se convierta en un obstáculo, sino en un aliado en la formación del lector. La articulación entre familia, escuela y redes sociales se vuelve, por lo tanto, esencial para promover un ecosistema de prácticas de lectura que dialogue con la realidad tecnológica de los sujetos.
Otro tema abordado fue la percepción de los padres o tutores sobre la influencia de los medios de comunicación en los hábitos de lectura. Se observó que el 58% de los encuestados consideran esta influencia negativamente, mientras que el 28,6% la ven positivamente y el 13,4% no perciben influencia. Esta percepción se conecta directamente con los análisis de Lima (2018), quien destaca cómo el tiempo dedicado a entornos digitales puede reducir la dedicación a la lectura tradicional, pero también abrir nuevas formas de contacto con textos, aunque en formatos fragmentados.
Ghilardi (2009) resalta que la escuela necesita asumir un papel activo en la formación de lectores críticos ante la influencia de los medios de comunicación. La lectura, en este contexto, no debe ser vista solo como práctica escolar, sino como competencia esencial para interpretar discursos mediáticos y resistir al consumo superficial de información. Los resultados presentados también dialogan con las reflexiones de Sousa (2016) sobre el papel de las redes sociales en la enseñanza y el aprendizaje, quien afirma que estas plataformas no deben ser comprendidas solo como espacios de entretenimiento, sino como ambientes capaces de favorecer la interacción, la colaboración y el desarrollo de competencias.
En este sentido, el uso intensivo de las redes sociales no elimina la práctica de la lectura, sino que la resignifica, transformándola en una experiencia marcada por la fragmentación y la multiplicidad de estímulos. Esta constatación refuerza la necesidad de que educadores e instituciones repiensen sus estrategias pedagógicas, buscando equilibrar el consumo de contenidos digitales con prácticas de lectura más profundas y reflexivas. Así, el estudio de Sousa (2016) sustenta la idea de que el desafío contemporáneo no está en combatir las redes sociales, sino en integrarlas de forma crítica y creativa al proceso educativo, desarrollando autonomía y capacidad de concentración en medio de las demandas de la cultura digital.
Cuando se les preguntó sobre la percepción del uso frecuente de las redes sociales y si este hábito puede dificultar la atención durante la lectura de textos largos, el 70,5% de los encuestados consideró que sí, frecuentemente. Adicionalmente, al ser consultados sobre la relación entre el uso frecuente de las redes sociales y la lectura fragmentada, el 72,7% de los participantes también consideró que sí. Estos datos demuestran un claro reconocimiento, por parte de los responsables, de la influencia de los medios digitales en la capacidad de concentración y en la naturaleza de la lectura.
Esta constatación dialoga con estudios sobre lectura digital y sociedad en red, como el de Santos (2020), que señala tanto oportunidades como desafíos en el contacto con contenidos literarios en entornos virtuales. La investigación de Santos (2020) destaca que los medios de comunicación crean formas de interacción y pertenencia, pero también resignifican la lectura, haciéndola más fragmentada y múltiple, en contraste con la linealidad de la lectura impresa.
Freitas (2021) asegura que, si bien los medios pueden incentivar la lectura, compiten con otros hábitos digitales y pueden alterar la forma de atención y concentración de los lectores. El autor defiende que los medios digitales ofrecen estímulos constantes y variados, como redes sociales, videos cortos y notificaciones, que disputan espacio con la práctica de la lectura. Esta disputa no elimina la lectura, sino que altera su naturaleza: en lugar de una lectura profunda y continua, se tiende a una lectura fragmentada, rápida y dispersa, comprometiendo la inmersión y la capacidad de reflexión crítica.
Silva (2023), en su tesis sobre mediación de lectura literaria en redes sociales, destaca que plataformas como Instagram, YouTube y TikTok estimulan prácticas de lectura en formatos cortos y multimodales, lo que puede impactar negativamente la lectura de textos largos y lineales. El autor argumenta que la lógica de estas plataformas privilegia contenidos rápidos, visuales y de fácil consumo, moldeando la atención de los lectores y reduciendo su disposición para lecturas más densas y continuas.
El autor no descalifica el papel de las redes sociales en la formación del lector, pero alerta sobre un desequilibrio: son eficaces para despertar interés y crear comunidades, sin embargo, pueden debilitar las competencias de lectura profunda. El desafío es aprovechar el potencial de las plataformas sin perder la práctica de la lectura larga y lineal, esencial para la formación crítica y académica. Para enfrentar este desafío, Guimarães, Santos y Melo (2021) propusieron estrategias pedagógicas que buscan equilibrar el potencial de las redes con la necesidad de concentración.
Entre las estrategias propuestas, destaca la planificación intencional de las actividades de lectura, donde el profesor define objetivos claros y utiliza las plataformas como complemento, no como sustituto de la lectura integral. La mediación docente es esencial, actuando como guía para orientar a los estudiantes a reflexionar críticamente sobre los textos y a no perderse en distracciones. Se sugieren también actividades de continuidad, como secuencias de lectura acompañadas por debates y producciones escritas, que exigen mayor profundización. El uso direccionado de las redes sociales, creando espacios específicos para lectura y discusión, reduciendo interferencias externas, es otra recomendación.
Finalmente, Guimarães, Santos y Melo (2021) recomiendan integrar prácticas digitales con tradicionales, como fichas y reseñas, que refuerzan la concentración y la linealidad de la lectura. En síntesis, los autores reconocen que las redes sociales pueden ser poderosas aliadas en el incentivo a la lectura, pero advierten que su uso pedagógico exige intencionalidad y estrategias para superar la dispersión. El objetivo es transformar el ambiente digital en puerta de entrada a la literatura, sin renunciar a la profundidad y continuidad que caracterizan la lectura formativa. Esta constatación es corroborada por Diniz y Santos (2019), quienes mostraron cómo las plataformas digitales acercan a los jóvenes a diferentes tipos de textos, haciendo la lectura más accesible, pero en formatos fragmentados y rápidos.
Al abordar la mediación de lectura literaria en redes sociales y la formación del lector, Silva (2023) demostró que, con mediación pedagógica intencional, las redes sociales pueden transformarse en espacios de incentivo a la lectura literaria, favoreciendo el desarrollo de competencias críticas y reflexivas. El estudio destacó que corresponde al educador crear estrategias que orienten a los estudiantes a superar la dispersión y a mantener el foco, equilibrando el entretenimiento digital con prácticas de lectura más consistentes. Esta perspectiva refuerza las reflexiones de Santos, Cerqueira y Pamponéti (2022) sobre la práctica de lectura y el uso de las redes sociales como recurso de enseñanza-aprendizaje en la Enseñanza Media.
Estos autores señalan que las plataformas digitales, cuando se utilizan pedagógicamente, pueden estimular prácticas de lectura entre los jóvenes, acercándolos a contenidos que antes parecían distantes. El estudio resaltó, sin embargo, que esta aproximación requiere acompañamiento docente para que la lectura no se restrinja a interacciones superficiales. De manera convergente, Porto (2016), al abordar las redes sociales como instrumento de formación de lectores literarios, advierte que estos entornos digitales pueden ser movilizados para la formación de lectores, siempre que haya intencionalidad pedagógica. Así, la investigación añadió que el uso de las redes sociales amplió el acceso a la literatura y creó formas de compromiso, pero también alertó sobre el riesgo de fragmentación y pérdida de profundidad, si no hay estrategias de mediación adecuadas.
También se preguntó a los encuestados sobre las estrategias para incentivar la lectura en el entorno familiar. Las prácticas más indicadas fueron regalar libros, con el 37,5% de las respuestas, seguido de establecer horarios para la lectura, con el 19,6%. Fomentar la lectura digital (e-books, blogs) fue mencionado por el 16,1% de los participantes, y realizar lecturas compartidas en familia por el 12,5%. Estos datos muestran una diversidad de enfoques familiares para fomentar el hábito lector, destacando las prácticas más tradicionales.
Específicamente sobre la preferencia de soportes de textos para la lectura en familia, el 68,5% de los encuestados informó preferir los materiales impresos. Los e-books y notebooks, sumados, representaron la preferencia del 31,5% de los participantes. Estos resultados, junto a las estrategias de incentivo, indican una fuerte valorización del libro físico en el ambiente familiar, incluso ante la creciente disponibilidad de formatos digitales. La preferencia por lo impreso sugiere una resistencia a la efemeridad digital y la valorización de la materialidad del libro en la formación lectora.
Los datos presentados, que indican que el 37,5% de los participantes incentivan la lectura a través del acto de regalar libros y que el 68,5% mantienen preferencia por el soporte impreso, corroboran el análisis de Menezes (2018). Este autor, al discutir sobre el niño de la era de los medios digitales y su relación con la lectura literaria, resalta que, incluso ante la expansión de las tecnologías digitales, el libro físico conserva relevancia simbólica y afectiva, funcionando como mediador cultural y formativo. En este contexto, el estudio de Paulo (2014) sobre el impacto de las redes sociales en el proceso de enseñanza-aprendizaje demuestra que, aunque las redes digitales amplían el acceso a la información y promueven nuevas formas de interacción, no sustituyen el valor pedagógico de la lectura tradicional.
Así, los datos obtenidos sugieren que prácticas como el acto de regalar libros y la preferencia por el material impreso constituyen estrategias de resistencia a la efemeridad digital, reafirmando la importancia de la materialidad del libro en la formación lectora y en la preservación de vínculos sociales y culturales. Por otro lado, también fue posible observar que, gradualmente, los medios digitales se están incorporando a los hábitos de lectura, pero presentando otros desafíos, como la concentración para la lectura de textos largos. La lectura fragmentada, caracterizada por la discontinuidad y la no linealidad, se configura como un desafío para los aprendizajes, pues el lector accede a fragmentos breves o aislados de información, lo que es común en los medios de comunicación y en muchas publicaciones digitales, a diferencia de la lectura de obras completas y organizadas de forma secuencial.
Predominante en el entorno digital contemporáneo, esta práctica se distingue por la celeridad, la superficialidad y la dinámica acelerada de consumo informacional. En el ámbito educativo, especialmente entre jóvenes estudiantes, este patrón de lectura tiene impactos significativos en los procesos de aprendizaje, dado que la exposición constante a contenidos cortos y dispersos, en general, dificulta el desarrollo de habilidades fundamentales, como la interpretación profunda, el análisis crítico y la elaboración de inferencias más complejas. Además, la limitación en el contacto con textos largos y estructurados puede comprometer la ampliación del repertorio lingüístico y cognitivo, elementos esenciales para el desempeño escolar.
De esta forma, esta interacción con la lectura puede influir en el propio interés de los estudiantes por prácticas lectoras más densas, que exigen mayor atención. La preferencia por contenidos rápidos y de fácil asimilación puede reducir la disposición a enfrentar textos que demandan tiempo de dedicación y esfuerzo interpretativo, lo que puede afectar negativamente el hábito y el gusto por la lectura. En este sentido, se vuelve fundamental que no solo el ambiente escolar, sino también el ambiente familiar, promueva estrategias de incentivo a la lectura continua, reflexiva y de calidad, contribuyendo al desarrollo de jóvenes lectores más críticos y autónomos.
En resumen, los resultados de la investigación revelaron que, a pesar del avance tecnológico y la facilidad de acceso a libros digitales, los responsables demostraron una marcada preferencia por el libro físico. Sin embargo, el uso frecuente de los medios de comunicación se percibió como un factor que dificulta la concentración en textos largos y contribuye a la lectura fragmentada. Estos hallazgos refuerzan que la lectura fragmentada representa un desafío creciente en el entorno escolar, y que los medios de comunicación, aunque influyen en los hábitos de lectura, pueden ser utilizados como soporte pedagógico, siempre que vayan acompañados de estrategias que estimulen la reflexión y la comprensión profunda de los textos.
4. Conclusión
El presente estudio tuvo como objetivo reflexionar sobre la práctica lectora, con especial atención a la lectura fragmentada, a partir de las percepciones de padres y responsables de estudiantes de Educación Básica. Se verificó que, a pesar del avance tecnológico y de la facilidad de acceso a contenidos digitales, los responsables demostraron una marcada preferencia por el libro físico. Sin embargo, se constató que el uso frecuente de los medios de comunicación se percibió como un factor que dificultó la concentración en textos largos y contribuyó a la lectura fragmentada. Se observó que la mayoría de las familias utiliza intensamente los medios de comunicación, y una parte significativa de los encuestados reconoció la influencia negativa de estas plataformas en los hábitos de lectura y en la capacidad de atención.
La investigación contribuye al debate académico al evidenciar la complejidad de la formación lectora en la era digital, resaltando la necesidad de que educadores e instituciones repiensen sus estrategias pedagógicas. Se sugiere que los medios de comunicación, aunque influyan en los hábitos de lectura, pueden ser utilizados como soporte pedagógico, siempre que vayan acompañados de estrategias intencionales que estimulen la reflexión y la comprensión profunda de los textos. Como limitación, el estudio empleó una muestra no probabilística y por conveniencia, lo que restringe la generalización de los resultados. Se recomienda, para estudios futuros, la realización de investigaciones más amplias y profundas que exploren la implementación y los impactos de prácticas pedagógicas híbridas.
Referencias Bibliográficas
Chartier, R. 2002. A aventura do livro: do leitor ao navegador. 1 ed. Editora UNESP. São Paulo, SP, Brasil.
Freire, P. 1989. A importância do ato de ler: em três artigos que se completam. 1ed. Editora Cortez. São Paulo, SP, Brasil
Kenski, V.M. 2012. Educação e tecnologias: o novo ritmo da informação. 6ed. Editora Papirus. Campinas, SP, Brasil.
Leonardo, P.A. 2021. Utilização das mídias sociais na educação: Facebook, Instagram e WhatsApp. Disponível em: <http://dspace.nead.ufsj.edu
Lévy, P. 1999. Cibercultura. 1ed. Editora 34. São Paulo, SP, Brasil.
Moran, J.M. 2014. A educação que desejamos: novos desafios e como chegar lá. 1ed. Editora Papirus. Campinas, SP, Brasil.
Mélo, A.P. 2024. Leitura e cognição na era digital. Revista Educação em Foco 24(2): 45-62.
Santiella, L. 2013. Leitura e tecnologias: o impacto das mídias no comportamento leitor. 1ed. Editora Papirus. São Paulo, SP, Brasil.
Artículo originado del Trabajo de Conclusión de Curso de Neurociencia y Aprendizaje en la Educación
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